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Muere Conchita Picciotto, la española que acampó 30 años en la Casa Blanca

Concepción Martín comenzó su protesta pacífica en 1981 a causa de un problema familiar

Con las máquinas quitanieves trabajando alrededor, la carpa de Concepción Martín Picciotto, la española que acampa en la Casa Blanca, parecía esta mañana más frágil que nunca. También más triste. Cerrada, un grupo de turistas se fotografiaba, como es norma habitual, junto a ella. Lo que no sabía este grupo era la mala nueva, que Connie había muerto el día anterior, el lunes 25, en un hogar para indigentes de la capital de Estados Unidos. Se estima que Concepción, Conchita, Connie… tenía unos 80 años, porque como ella misma dijo a este periódico hace poco más de uno, “no sé, he perdido la cuenta”.

Concepción Martín en su campamento frente a la Casa Blanca, en 2010. PAUL J. RICHARDS (AFP) / EL PAÍS VÍDEO

La de esta mujer gallega está considerada la protesta política más larga de la historia de Estados Unidos. Aunque los motivos por los que empezó esa lucha están más ligados a una derrota personal y una tragedia familiar. Nacionalizada estadounidense, Concepción Piccioto llegó a Nueva York en 1960 y trabajó como recepcionista en la oficina comercial española en esa ciudad. En 1969 se casaba con un italiano -de quien tomó el apellido- y juntos adoptaron una niña, origen de su cruzada durante más de 30 años.

La primera vez que Piccioto se plantó frente a la Casa Blanca fue en 1979, para denunciar una supuesta conspiración de su esposo para separarla de su hija. Diminuta ya entonces aunque no con el rostro quemado por el sol y el frío que le dejarían las décadas de vigilia, Piccioto se consideraba el objetivo de una gran conspiración para arrebatarle la custodia de su hija, que incluía desde médicos a abogados e incluso la Administración.

"Yo quería irme a España y criar allí a mi hijita, pero mi marido y su familia se opusieron y montaron toda una campaña de acoso hasta que acabaron quitándome la potestad de la niña. Dijeron que no era una madre adecuada", declaró a EL PAÍS en una entrevista en 1991, cuando llevaba 10 años de vigilia.

Nacida en Vigo, Connie (como ella se hacía llamar) nunca volvió a ver a su hija. Abandonada ya su lucha cuando conoció en 1981 a William Thomas, activista por la paz al que se sumó, Piccioto declaró entonces que si no podía ayudar y recuperar a su propia hija enfocaría su protesta en un frito a favor de todos los niños del mundo y contra la trata de menores.

En aquel ya lejano 1981, cuando Ronald Reagan llegaba a la Casa Blanca, Piccioto y Thomas establecieron su humilde campamento en la plaza de Lafayette, frente a la residencia presidencial en el 1600 de la Avenida de Pensilvania. A ellos se unió Ellen Benjamin, quien se casó con Thomas en 1984. Cinco presidentes han podido ver desde entonces cada día desde la Casa Blanca la protesta contra el desarme nuclear que el trío llevó a cabo durante tres décadas. William Thomas moría en 2009 y Piccioto aseguró que continuaría la protesta en su honor.

Cuando en 2012 Conchita fue atropellada por un coche cuando conducía su bicicleta, un grupo de jóvenes activistas se vieron obligados a tomar el testigo, ya que si la tienda de campaña quedaba desocupada, según la normativa del servicio de Parques Nacionales, podría ser desmontada. En 2013, Ellen Benjamin, viuda Thomas Benjamin, compañero de cruzada de Connie, puso en duda el estado mental de la gallega en una entrevista con el diario The Washington Post.

Cuando en 2014 un hombre saltaba la verja de la Casa Blanca y se colaba en el interior, entrando por la puerta principal, se temió que la permanencia de Conchita en Lafayette estuviera amenazada. El Departamento de Seguridad barajó la posibilidad de retirar la carpa, aunque finalmente no sucedió. Conchita vivía de las limosnas que intercambiaba por piedras de la paz pintadas por ella misma y de donaciones que le hacían particulares. Calor asfixiante o frio polar, Concepción Martín Piccioto te recibía siempre con el mismo casco, aquel que llevaba para protegerse de "los rayos electromagnéticos" que le lanzaban desde la Casa Blanca. 

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