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“Cuanta más gente, menos errores”

El experto piensa que Wikipedia, la ciencia ciudadana o los presupuestos participativos son solo el inicio de una revolución

Hombres y mujeres han trabajado en grupo desde el inicio de los tiempos, pero lo de ahora es distinto. Nunca antes en la historia tanta gente había sido capaz de tomar decisiones y trabajar desde distintos puntos del planeta gracias a los ordenadores. Esta nueva manera de funcionar ha transformado nuestros hábitos de trabajo, pero también la forma en la que pensamos y organizamos nuestras sociedades. De esos cambios y de los que vendrán se ocupa Mark Klein, investigador del Centro para la Inteligencia Colectiva del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Klein piensa que Wikipedia, la ciencia ciudadana o los presupuestos participativos son solo el inicio de una revolución que no ha hecho más que empezar. Sostiene que universidades, empresas y Gobiernos deberán adaptarse forzosamente al empuje de unas masas de ciudadanos capaces de aprender por su cuenta y de pensar colectivamente y al margen de las instituciones. Estas son algunas de las reflexiones que Klein comparte con este diario en los márgenes de un reciente encuentro internacional sobre participación digital y democracia deliberativa organizado por el Ayuntamiento de Madrid.

Pregunta. ¿Qué ventajas tiene la inteligencia colectiva frente al razonamiento individual?

Respuesta. La inteligencia colectiva te permite disponer de un abanico más amplio de herramientas cognitivas para resolver un determinado problema. Es el impacto de la sinergia de ideas. Imagine que yo tengo dos ideas y usted otras dos. Si no hablamos, tenemos dos cada uno. Si las intercambiamos podemos tener cuatro o veinte. Nosotros diseñamos espacios en los que grandes grupos puedan resolver problemas de forma colectiva y no jerárquica, que los individuos solos no podrían.

P. Ese espacio es la Red y ya existe. Pero usted cree que podría ser mucho más eficiente, que ahora cuando muchas personas participan a la vez asistimos a un griterío digital en el que es difícil escucharse.

Se trata de organizar las ideas, pero sobre todo de que se pueda desarrollar una nueva idea sobre la idea de otro”

R. En grupos de hasta 10 personas todas pueden hablar porque el volumen de contenidos es pequeño y todos pueden escuchar lo que los demás dicen. Pero cuando tienes decenas de miles de personas hablando a la vez y dando ideas, se trata de un fenómeno de otra naturaleza.

P. ¿Cómo podría organizarse mejor?

R. En los sistemas actuales, en los foros de la Red cada persona escribe su comentario y queda ahí colgado. Es como si tuvieras miles de trozos de papel uno encima de otro, muchos de ellos repetidos. Así es imposible encontrar ninguna idea. Lo primero que hay que hacer es ordenar las contribuciones según el tema y sintetizar las respuestas que pueden conducir a nuevas preguntas. Se trata de organizar las ideas en la Red como si fueran libros en una biblioteca, pero sobre todo de que se pueda desarrollar una nueva idea sobre la idea de otro.

P. ¿Puede poner algún ejemplo?

R. El proceso de toma de decisiones y participación no jerárquica ha tenido mucho éxito por ejemplo con Wikipedia, que ya es 100 veces mayor que la Enciclopedia británica. En general, la inteligencia colectiva es ideal para problemas complejos en los que tienes muchos expertos, muchos actores implicados y muchas posibles soluciones. Puede ser un proyecto de infraestructura grande o una ley que tenga impactos muy diferentes en mucha gente. La idea es evaluar el impacto y proponer soluciones.

P. ¿Dónde está funcionando?

R. La gran farmacéutica Eli Lilly hace tiempo que se dio cuenta de que había problemas científicos que eran incapaz de resolver. Así que decidió compartirlos a través de Internet para que gente de todo el mundo los resolviera a cambio de una recompensa en metálico. Jubilados, aficionados a la química o quien fuera podían aportar soluciones. Funcionó tan bien que fundaron InnoCentive, una empresa que se dedica solo a eso y en la que ahora participan muchas otras como Procter & Gamble. Dicen que logran resolver un 30% de los problemas que publican. Otro ejemplo es la ciencia ciudadana. Los científicos que tratan de mapear las galaxias, antes tenían a doctorandos observando, hasta que se dieron cuenta de que la participación de la gente era más rápida y más barata. Más de 100.000 voluntarios fueron capaces de clasificar más de un millón de galaxias en pocos meses. Otro ejemplo son los Ayuntamientos que tienen mecanismos para que la gente advierta de problemas con las carreteras o las basuras.

P. Se habla a menudo de la participación política como otra de las posibles aplicaciones de la inteligencia colectiva. Se dice que puede ser la democracia del futuro, en la que mucha más gente podrá participar.

R. En nuestro sistema actual hay muy poca gente que tenga capacidad de modular las decisiones de los responsables políticos. A menudo, las leyes que acaban en el Parlamento son fruto de una síntesis de la obra de los legisladores y los lobistas, en la que el ciudadano común no tiene cabida y solo le queda votar. Cada vez más gente se siente poco representada y la inteligencia colectiva puede ser un complemento perfecto para los políticos. Un ejemplo son los presupuestos participativos donde los ciudadanos deciden en qué gastar el dinero de los impuestos. Hay experimentos en Reikiavik o en nueva York que están funcionando. La gente que sienta que no le escuchan acabará organizándose por su cuenta gracias a la inteligencia colectiva.

P. ¿Qué hace que un grupo sea más inteligente que otro? ¿Existe la estupidez colectiva?

R. Hemos observado que los grupos diversos son más inteligentes, porque son capaces de neutralizar los errores. De nuestros experimentos se desprende también que en los grupos en los que hay más mujeres se resuelven más problemas. No es porque sean mujeres, sino porque suelen tener más inteligencia social y eso ayuda a propiciar la creatividad y a diseñar soluciones. En general, cuanta más gente haya, más posibilidades hay de llegar a una decisión correcta.

P. ¿Qué futuro le depara al pensamiento colectivo canalizado a través de los ordenadores?

R. Creo que no va a haber una sola institución que vaya a quedar al margen de la inteligencia colectiva. El impacto va a ser enorme porque nuestras economías se basan cada vez más en el conocimiento. Muchas empresas serán reemplazadas por la comunicación entre ciudadanos. Si miramos a la educación, vemos por ejemplo cómo los tutoriales de YouTube van ganando terreno frente a las instituciones educativas. Los artistas se comunican cada vez más con el público directamente sin pasar por las empresas para hacer sus promociones. El crowdfunding es otro ejemplo. En la política, la primavera árabe o las grietas que abren los opositores en China a pesar de su Gobierno son solo el inicio.

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