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Bruselas da un ultimátum a Grecia por "graves deficiencias" en fronteras

La Comisión propone suspender la libre circulación dos años si Atenas no cumple

Bruselas ha encontrado ya la justificación legal que permitirá generalizar las suspensiones temporales de la libre circulación de personas. La Comisión Europea ha detectado “graves deficiencias” en el control de las fronteras griegas y da al Gobierno tres meses para corregirlas. En caso contrario, se abrirá por primera vez la vía a que los países del área Schengen puedan controlar sus fronteras internas por dos años. La medida añade presión a Atenas para que contenga a los refugiados que recalan en su territorio y se dirigen al norte de Europa.

Apenas 48 horas después de que los ministros del Interior urgieran a la Comisión a presentar este informe, el colegio de comisarios dio este miércoles el visto bueno a la constatación de que Grecia no controla sus fronteras como exigen las normas de Schengen. Una misión comunitaria se desplazó en noviembre a tres puntos de la frontera griega y detectó varios incumplimientos: no existe identificación ni registro eficaz de migrantes irregulares, las huellas dactilares no se trasladan sistemáticamente a la base de datos correspondiente y los documentos que presentan los migrantes no siempre se cotejan con las bases policiales (para comprobar si son falsos o robados).

Esas son las tres pinceladas que da el Ejecutivo comunitario de un informe cuyo contenido es secreto. “Grecia ha hecho ya muchas cosas, pero presenta aún grandes carencias”, argumentó Valdis Dombrovskis, vicepresidente del Ejecutivo comunitario, al presentar la decisión. Fuentes griegas oponen que en noviembre la situación era más crítica y que desde entonces han aplicado muchas mejoras.

Aun así, los datos de este país revelan que la situación resulta difícilmente manejable, por muchas medidas extraordinarias que se habiliten. Grecia recibió, a través del Mediterráneo, un total de 851.319 personas en 2015, la mayoría a través de islas como Lesbos, donde los arribados representan casi seis veces la población. Abrir la veda a los controles fronterizos persigue aislar a Grecia, de forma que impida el éxodo hacia Alemania y Suecia, los destinos preferidos de los refugiados. El intento resulta discutible porque ninguno de los países que comparten frontera terrestre con Grecia forma parte de Schengen y aun así el flujo continúa. Más incidencia tendría un cierre de la frontera de Macedonia, que ya se está produciendo, según denunció este miércoles Médicos sin Fronteras.

“Grecia desatiende de manera grave sus obligaciones y existen deficiencias graves en los controles de fronteras exteriores”, reprendió la Comisión. Esa primera evaluación activa un proceso tras el cual las fuentes consultadas dan por seguro el establecimiento de chequeos interiores. A finales de enero, un comité que representa a los Estados en la Comisión deberá validar la iniciativa.

Tres meses para cumplir

A partir de ahí, Bruselas emitirá formalmente las recomendaciones a Grecia (que pueden incluir el despliegue de policías europeos en sus fronteras) y las trasladará a los Estados. Estos deberán respaldarlas por mayoría cualificada en febrero y en ese momento se activará el ultimátum de tres meses dado a Grecia para subsanar las deficiencias.

Transcurrido el plazo, se evaluará la situación y, si no es satisfactoria, se recurrirá al artículo 26 de Schengen, que permite al Consejo pedir controles internos, en uno o más países, durante un plazo de seis meses (prorrogables hasta dos años). Al contrario que ahora, cuando Europa convive con controles de varios países introducidos sin intervención de la Comisión, el Ejecutivo comunitario tendría que hacer un informe previo recomendando esa excepción a la libre circulación.

Si finalmente se produce, será la primera vez que Bruselas recurra a este mecanismo, vigente desde 2013. La UE lo aprobó a raíz de las primaveras árabes, con el temor de que estas revueltas pudieran disparar los tránsitos hacia el club comunitario. Entonces se pensaba más en problemas fronterizos en Italia, que, como Grecia, también deja marchar a sus extranjeros rumbo hacia el norte.