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Los migrantes detenidos en Costa Rica: “Preferimos seguir presos que volver a Cuba”

Unos 50 cubanos buscaban el 'sueño americano', pero acabaron presos en Costa Rica. Iban a ser deportados a la isla, pero el Tribunal los salvó de su pesadilla

Desde afuera parece una casa cualquiera en uno de los distritos populares del sur de la capital, pero dentro hay medio centenar de cubanos con una historia aún peor que la de los 8.000 que protagonizaron la crisis migratoria de los últimos meses en Costa Rica.

Este es el Centro de Aprehensión de Extranjeros de la Policía de Migración costarricense y por su puerta sale Yohandrys Serrano Varona, el joven corpulento y ojeroso que aceptó hablar en nombre de los cubanos detenidos y que acaban de ser deportados a la isla.

“Preferimos seguir presos que volver a Cuba; que nos peguen un tiro antes”, dice Serrano después de contar por qué han acabado aquí encarcelados y no en las listas de los viajeros que poco a poco, sin faltar las peripecias, retoman su ruta hacia Estados Unidos para beneficiarse de la Ley de Ajuste Cubano. “Muchos vendieron todo al salir. Imagínate volver sin nada y enfrentarse a ser perseguido por haberte ido. Todo sería peor”.

Estos no están en la lista de los que se encaminan al “sueño americano” en el programa acordado por Centroamérica para los migrantes que quedaron varados en su ruta terrestre por el istmo, sino en el registro de deportación en espera de que un tercer país los reciba. La solución llegó después de que el Tribunal Constitucional de Costa Rica acogiera un habeas corpus y frenara la opción que más temían: volver a la isla. El alivio llegó para 35 de ellos, pero acá hay otros 16 en espera.

La tensa espera por el vuelo hacia su “sueño americano”

La Dirección de Migración de Costa Rica prevé que para mayo habrá solucionado el atasco de casi 8.000 cubanos, mediante un programa de dos vuelos semanales hacia El Salvador, de donde parten por tierra hasta Estados Unidos. Tras catalogar como exitoso el primer viaje de un grupo de 180 cubanos, quienes ya están en Estados Unidos, han programado para el 4 de febrero el segundo vuelo, por la misma ruta segura que han acordado los países de la región excepto Nicaragua, que les cierra sus fronteras desde finales de noviembre.

Las autoridades ordenan a los migrantes según orden de llegada a Costa  Rica, condiciones personales de edad o hijos y disponibilidad de los 550 dólares que cuesta el transporte. Hay, sin embargo, tensión e incertidumbre. “Ha habido disgustos por la confección de las listas para viajar. Muchos estaban esperando por tres meses y a otros con solo un mes los ponen adelante. Eso hace que muchos se lancen con los coyotes por Nicaragua. Y para peor, son solo dos vuelos por semana. Se hace lento.”, se quejaba Carlos Contreras desde el colegio nocturno de La Cruz, el pueblo fronterizo donde se ha instalado la mayoría de los migrantes en espera de retomar la senda al norte. 

Yohandrys, quien dice ser licenciado en educación física, formaba parte del flujo de migrantes que viajaba por Centroamérica desde Ecuador rumbo a Estados Unidos, que otorga beneficios a los cubanos que lleguen por vía terrestre. Estuvo también entre los miles que quedaron atascados en noviembre en Costa Rica, con la mala suerte de que por descoordinación quedó entre el grupo de unos 50 que no obtuvieron el visado de tránsito y pasaron a ser migrantes irregulares. Fueron detenidos y enlistados para deportación, a diferencia del resto, que eran atendidos en albergues con apoyo del Gobierno.

“Algunos estábamos en esa incertidumbre en diciembre y nos fuimos por Nicaragua (país que cerró sus puertas a los migrantes cubanos). Allá nos detuvo el Ejército y nos devolvió (unos 600 han sido devueltos desde Nicaragua a Costa Rica). Nos dijeron que fuera a Migración por el visado y más bien caímos presos. Fue como una trampa. Y aquí estamos desde el 23 de diciembre”, contó Serrano este martes. El Tribunal Constitucional frenó la deportación a Cuba al reconocer peligro para estos migrantes, pero no el encarcelamiento mientras las autoridades migratorias buscan el tercer país que los acoja, explicó la viceministra de Gobernación, Carmen Muñoz.

“No somos asesinos ni traficantes. Solo queremos buscar un mejor lugar para vivir y mira cómo estamos, presos. Es cierto que solicitamos refugio aquí en Costa Rica, pero fue solo para evitar la deportación a Cuba; no queremos quedarnos en Costa Rica, tenemos el dinero para seguir para Estados Unidos, pero nos tienen acá”, lamentó este joven de 31 años, cuya hija de tres se quedó en Camagüey. Tienen lo básico, pero no libertad ni forma de eludir el hacinamiento.

Para las autoridades, este es un grupo de extranjeros que intentó saltarse la ley y ni siquiera aprovechó los visados temporales otorgados finalmente a 7.802 cubanos. Para Yohandrys, están siendo usados como chivos expiatorios, para inhibir a otros migrantes que podrían seguir llegando por tierra desde Panamá. “¿Por qué a los otros 8.000 sí los ayudan a cumplir el sueño y a nosotros nos meten presos? ¿Es tan cierto que este Gobierno defiende los derechos humanos de los migrantes?”, se preguntaba Yohandrys

En la mano este joven tenía papeles de otro cubano que sí fue deportado, Pedro Triana, y documentos legales. En la cara, dos bolsas bajo los ojos llorosos. “Imagínate cómo estamos emocionalmente. Estamos rotos”, acotó antes de despedirse y volver. Era la hora de la comida, aunque Yohandrys ha perdido el apetito. Sus compañeros posan cinco segundos para una foto y gritan “libertad, libertad, libertad”.

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