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La doble condena de las sirias en Líbano: refugiadas y acosadas

Amnistía alerta de los riesgos de explotación de las mujeres, al frente del 20% de hogares

Una mujer siria, en el campo de Kab Elias, en el este de Líbano.
Una mujer siria, en el campo de Kab Elias, en el este de Líbano. AP

Las restricciones y una insuficiente ayuda internacional ponen en riesgo a las mujeres refugiadas sirias en Líbano, donde 1,6 millones de personas han huido de la guerra, denuncia hoy Amnistía Internacional. El informe se hace público al tiempo que los líderes mundiales se daban cita en Londres en su compromiso con la crisis siria. Tras cinco años de guerra, el objetivo es recaudar 9.000 millones de euros para asistir a los 4,6 millones de refugiados sirios que han huido a Líbano, Egipto, Irak, Jordania y Turquía, y a los 11 millones de desplazados internos. “La mayoría de refugiados sirios en Líbano luchan por sobrevivir en unas condiciones generalmente desesperadas. Han de hacer frente a la discriminación y numerosos obstáculos para obtener comida, alojamiento o trabajo”, dice Kathry Ramsay, especialista en género de Amnistía Internacional.

En 2015, la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) dejó de registrar la entrada de los sirios a petición del Gobierno libanés que imponía nuevas y restrictivas medidas. Desbordado por el peso de los refugiados, que tras cinco años de guerra cuentan por el 25% de la población total, las ya insuficientes infraestructuras del país se han visto colapsadas. Sin documentación válida, los refugiados se exponen a las extorsiones y abusos de tanto policía como ciudadanos.

“Para las mujeres a cargo de la familia, sobrevivir es más difícil, con muchas de ellas expuestas a riesgos de acoso, explotación y abusos tanto en las calles como en el trabajo”, apostilla Ramsay. Las mujeres cuentan por 26% de los refugiados sirios en Líbano. Con miles de hombres muertos, desaparecidos o huidos durante el conflicto, las mujeres quedan al frente del 20% de los hogares de refugiados sirios en este país– una de cada tres en el caso de las palestinas sirias.

En las calles libanesas aumentan las tensiones sociales así como la competición en un magro mercado laboral. La llamada del Ministro de Desarrollo alemán, Gerd Müller, a crear medio millón de puestos de trabajo en Jordania, Turquía y Líbano, provocó la inmediata reacción del Ministro de Trabajo libanés Sejaan Azzi: “La ayuda debería llegar a Líbano sin condiciones”.

El pasado año, los donantes internacionales tan solo desembolsaron el 40% de los 8.400 millones de euros prometidos, llevando al Programa Mundial de Alimentos a reducir en un 50% las ayudas económicas, cruciales para los refugiados más vulnerables. Según la ONU, el 70% de los refugiados sirios viven por debajo del umbral de la pobreza en Líbano. “Antes recibíamos 30 euros por persona por mes. Ahora 15”, se lamenta al teléfono Um Haytham. Viuda y madre de cinco, Um Haytham paga 100 euros mensuales por el alquiler de un cuarto en una destartalada casa en el sur del Líbano. “Sobrevivimos gracias a las ayudas de las mezquitas y de la comida que nos dan los vecinos”, dice una madre cuyo orgullo le impide admitir que en ocasiones se ha visto obligada a mendigar.

El deterioro de la ayuda también pone en riesgo a otro colectivo vulnerable, el de los refugiados menores que representa el 53% en Líbano. Bautizada como la generación perdida, el 75% de ellos no tiene acceso a la educación. En las calles de Beirut, presas de las mafias, centenares de menores se han visto obligados a trabajar o mendigar. El joven A. A., de 16 años, está a cargo de un grupo de menores sirios que venden rosas en una céntrica calle. “Pagamos una parte a los jefes y nos sacamos entre 15.000 a 25.000 libras diarias (entre 10 y 17 euros)”, dice el adolescente. Entre ellos, niñas de hasta seis años mendigan hasta altas horas de la madrugada, expuestas a los acosos sexuales.

La reunión de donantes de Londres se simultanea con las negociaciones en Ginebra, donde, mediados por la comunidad internacional, opositores y gobierno sirio buscan una salida política de la guerra.

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