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Créditos y ahorro, un buen negocio para campesinos de América Latina

El acceso a servicios financieros es una de las mejores armas contra la pobreza en las zonas rurales de la región

Cuatro amigos viajan desde Estados Unidos a una zona rural de Guatemala con un objetivo muy concreto: vivir con un dólar al día. Las dificultades que pasaron y las soluciones que descubrieron siguiendo el ejemplo de remotas comunidades campesinas, están recogidas en el documental “Viviendo con un dólar” (Living on one dollar, 2013).

En el filme se muestra cómo los cuatro amigos descubren que el poder de las cooperativas y el acceso a instrumentos financieros –por ejemplo, un préstamo para cultivar vegetales- son los primeros pasos para comenzar a salir de la pobreza.

Esta premisa no solo está demostrada en el filme, es también la experiencia de muchas comunidades campesinas en distintos lugares del globo. A pesar de ello, solo la mitad de los agricultores del mundo están bancarizados y en América Latina y el Caribe solo el 46% de la población rural mayor de 15 años tiene una cuenta bancaria.

Esta cifra está aún muy lejos de la meta del Banco Mundial de alcanzar la universalidad en el acceso financiero para 2020, y del 96% de personas dentro del sistema bancario que ya ostentan los países de ingresos más altos, agrupados en la OCDE. En América Latina, además, hay enormes disparidades según dónde nos encontremos.

Organismos internacionales coinciden en que el acceso a los servicios financieros es irregular dentro de la región y de cada país, y que los municipios más pobres y rurales siguen estando desatendidos. Por ejemplo, en Bolivia, Colombia, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú, los niveles de acceso a servicios financieros en áreas rurales están por debajo del 40%.

No más dinero bajo el colchón

Para los agricultores, estar bancarizado no solo significa dejar de guardar el dinero “debajo del colchón”.

En Paraguay – donde un 30% de los adultos no tiene acceso a servicios financieros - un estudio reveló que más de la mitad de los agricultores no registra sus ventas, muchos venden sus productos a precios bajos, debido al débil acceso a los mercados y la necesidad urgente de dinero en efectivo. Otros, incorporados en las cadenas de valor, por lo general venden a crédito, pero necesitan liquidez.

Todos estos problemas podrían solucionarse con el acceso a entidades bancarias, aseguran los expertos.

En una región donde más del 20% de la población vive de la agricultura y millones de campesinos dependen de sus cultivos para proveer de alimentos a sus familias y para generar ingresos, la bancarización implica la posibilidad de crear activos y suavizar el consumo.

Además, permite gestionar riesgos como los relacionados con shocks climáticos y de mercado que hacen fluctuar los precios de las materias primas, desestabilizan la producción y consumo de los campesinos más pobres.

Acortar las distancias y simplificar las palabras

Muchas veces el primer obstáculo tiene que ver con las distancias. Los agricultores de América Latina residen en zonas alejadas donde la institución bancaria más cercana puede estar a varias horas de viaje.

“El acceso a servicios financieros, es decir, que haya puntos de entrada, a través de corresponsales, ATMs (cajeros automáticos) o puntos de servicio es uno de los factores más importantes para la bancarización”, explica Soledad Martínez, gerente de investigación del departamento de desarrollo del sector financiero y privado del Banco Mundial.

Existen diversos ejemplos en la región donde la distancia ya no es un problema.

Uno de ellos es el de Caja Yanga, donde un funcionario de esta sociedad cooperativa de ahorro y préstamo, se desplaza en moto hasta Yanga – al sudoeste de México - para atender a las personas de esa comunidad que necesiten “ir al banco”.

Un dispositivo móvil registra una a una las transacciones -pagos de préstamos, depósitos en efectivo y otras operaciones. Los datos se transmiten en línea hasta la ciudad más cercana; el dispositivo imprime un comprobante de la transacción para cada usuario.

Este banco móvil es parte de un programa que apoya a las cooperativas financieras para expandir el acceso al sistema bancario de los mexicanos más vulnerables, especialmente mujeres (que administran el dinero del 54% de los hogares) y poblaciones indígenas.

“El papel de los gobiernos es llegar adonde las instituciones privadas no llegan. Es asegurarnos que tener una cuenta de ahorro formal o tener acceso al crédito es un derecho de todos” dice Fernanda Trigo, directora general en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México.

Otro factor para mejorar es la compresión de los servicios ofrecidos.

En el mundo de los bancos donde muchas veces reina un lenguaje propio y ajeno a las personas comunes y corrientes, generar un entorno de confianza es la clave. “Es necesario hablar simple para que las personas puedan comprender lo que se les está ofreciendo”, dice Mariela Zaldívar de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP en Perú.

* Victoria Ojea es productora online del Banco Mundial / Con colaboración de Julio César Casma.