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¿Cómo es un ‘caucus’?

En poco menos de dos horas, un total de 188 personas participaron en un 'caucus' de Iowa

La idea de un caucus, al menos demócrata, es esa. ¿En qué esquina se decide el próximo presidente de Estados Unidos?

En el caso del colegio de secundaria Goodrell, la esquina era a la derecha del gimnasio entrando desde la calle y el próximo presidente no será un hombre sino una mujer.

En poco menos de dos horas, un total de 188 personas con derecho a voto (eran 194 pero 4 desertaron en ese tiempo) participaron en una democracia rudimentaria complicada de entender. Divertida, sí, mucho. Entretenida y curiosa para el ojo nuevo. Pero complicada matemáticamente.

El caucus debía comenzar a las 7 de la tarde hora local. Para todos. Demócratas y republicanos. En este último caso el proceso es mucho más sencillo. Se reúnen, se identifican, dan argumentos a favor de uno y otro candidato y votan de forma secreta con papeletas en una bolsa o lo que haga las veces de urna. Los republicanos se reunieron en el salón de actos. Todos sentados en filas de butacas mirando al escenario.

En casa de los demócratas el asunto ya era otro. En unas gradas del gimnasio se sentaron los seguidores de Hillary Clinton (mayoritarios); al lado, en otra bancada de gradas, los de Bernie Sanders (minoritarios); tras una mesa plegable de camping los partidarios de Martin O'Malley (cinco).

Era apasionante ver cómo un grupo diverso de personas, que jamás se tomarían un café juntos, iba pronunciando ordenadamente el número que hacía dentro del total de asistentes. Así comienza una larga ecuación matemática que llevará a multiplicar el total de partidarios de cada candidato por el número de delegados asignados a ese recinto y divididos entre 29 (la cifra necesaria para que un grupo sea viable).

O'Malley cayó enseguida -poco más tarde anunciaría que ponía fin a su carrera por la Casa Blanca-. Pero en este punto, seguidores de Clinton y Sanders se lanzaron como aves de rapiña a ganar para sí mismos a los desconsolados partidarios del exgobernador de Maryland. Unos de ellos, el joven padre de dos niñas Matt Sowden, se hizo querer.

“Tienen que trabajárselo, deben de darme argumentos muy convincentes para que deje de apoyar a quien es un buen irlandés”, explicaba Sowden respecto de O'Malley. Tras una discusión muy argumentada y más civilizada, Sowden se sentaba en la bancada de Sanders. Y así con el resto de los otros cuatro seguidores del político de Maryland.

Pasadas las ocho de la noche, había un resultado. Ganó la esquina de Clinton. 133 a favor de la ex secretaria de Estado; 55 para el socialista de Vermont. Aplicada la ecuación: 7 delegados para Clinton, 3 para Sanders. Vítores generales y hasta dentro de 4 años.

En el conjunto de Iowa, Clinton y Sanders empataron.

Para ser más sencillo el método, los republicanos seguían reunidos cuando ya los demócratas iniciaban camino a sus hogares. Una mujer contaba delicadamente las papeletas. Sobre la mesa de escuela descansaba un papel con el nombre de Jeb Bush, tan solo uno. No había ninguno para Carly Fiorina. Cuatro fueron para Rand Paul y otros cuatro para Marco Rubio. Donald Trump se quedaba a uno de la treintena. Ted Cruz arrasaba con 52. Sería para él una de las primeras victorias de la noche hasta convertirse en el ganador de los caucus de Iowa. La fiesta en el Sheraton de West Des Moines comenzaba a desinflarse para Donald Trump.

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