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EE UU se adentra en un largo pulso político entre pragmatismo e ideología

Tras los igualados 'caucus' de Iowa, los candidatos viajan a New Hampshire

Hillary Clinton tras conocer los resultados ATLAS

La campaña para elegir al sucesor del demócrata Barack Obama en la Casa Blanca será larga y reñida. Después de la elección en Iowa, en la noche del lunes, candidatos, estrategas y periodistas se trasladan este martes a otro Estado pequeño pero influyente: New Hampshire, en el noreste de EE UU, que el 9 de febrero votará en una elección primaria. El fenómeno Trump desata todo tipo de especulaciones, desde la posibilidad de llegar a la convención del Partido Republicano, en julio, sin un ganador claro, a la emergencia de una tercera candidatura para las presidenciales de noviembre.

Aunque el proceso de elecciones primarias y caucus (asambleas electivas, como las de Iowa) se prolonga por los 50 Estados hasta junio, lo habitual es que el nombre del ganador en cada partido se conozca antes. A veces, como ocurrió en el año 2000 con el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore, se conoce en marzo, después del llamado supermartes, cuando una decena de Estados vota a la vez y clarifican quién es el favorito.

Pero cuando las elecciones son más reñidas, la batalla se alarga. Ocurrió en 2012, cuando Mitt Romney, pese a ser el favorito del Partido Republicano, se enfrentó a rivales bien financiados y no pudo declararse vencedor hasta mayo. O en 2008, cuando el senador por Illinois Barack Obama tuvo que esperar hasta junio para que su rival, la ex primera dama Hillary Clinton, abandonase y le concediese la victoria.

Esta vez, nada es seguro. “Es difícil que pueda terminar antes de, como mínimo, finales de abril o mayo”, dijo, en un correo electrónico antes de la votación de Iowa, Larry Sabato, director del Centro para la Política de la Universidad de Virginia y uno de los pitonisos electorales más afinados de EE UU. “Esta [temporada de primarias] es única, no ha habido otra igual”, añade Sabato.

Tanto en el campo demócrata como en el republicano, la batalla enfrenta a candidatos críticos con el establishment con representantes de este establishment; candidatos que beben de la insatisfacción con el statu quo con candidatos que lo encarnan.

La próxima cita clave es New Hampshire, un Estado donde, según los sondeos, los dos candidatos heterodoxos —el magnate neoyorquino Donald Trump, gran derrotado en los caucus de Iowa, y el socialdemócrata de Vermont Bernie Sanders, empatado con la ex secretaria de Estado Hillary Clinton en Iowa— disfrutan de una ventaja clara en los sondeos. Iowa y New Hampshire sirven para aclarar la contienda, indicar a los votantes y a los donantes qué candidatos son más sólidos, cuáles tienen más posibilidades de llegar lejos, en quién merece la pena depositar la confianza y el dinero.

Después de New Hampshire, llegará la primera incursión en el sur y oeste, donde la favorita demócrata, Clinton, confía en el que el voto negro (en Carolina del Sur) y latino (en Nevada) frenen el impulso del senador Sanders. Y después llega la gran fecha, el 1 de marzo, el supermartes, o la primaria SEC, las iniciales de la Conferencia del Sur y el Este de fútbol americano, que se utilizan por coincidir aproximadamente con esta región.

A partir de entonces, todo debería aclararse y quedarían los pesos pesados, los candidatos con suficiente dinero y apoyos para aguantar unos meses más. Quizá hasta la convención que oficialmente proclama a los candidatos.

La anomalía de esta campaña —provocada sobre todo por la irrupción de Trump— ha llevado a contemplar que el Partido Republicano llegue a la convención de Cleveland, del 18 al 21 de julio, sin que nadie haya obtenido más de la mitad de delegados que le designen como candidato en noviembre. Y que, además, en esa convención sea necesaria más de una ronda de votaciones para elegir al candidato. Esto es inusual: la última vez que ocurrió fue en 1948.

Esto obligaría a una convención pactada, es decir, una convención que debería arreglarse con pactos entre bambalinas y repetidas rondas de votaciones. Se ha llegado a especular que un candidato de consenso, alguien que ahora no figure entre los aspirantes, acabe siendo el nominado. La antipatía que Trump —y el vencedor en Iowa, el senador Ted Cruz, un conservador ortodoxo e intransigente— despierta entre las elites republicanas alimenta estas hipótesis.

“¿Es esto posible? ¿Quién va a descartar nada en este año loco?”, dice Sabato. “Pero es muy muy improbable. ¿Por qué los candidatos que han hecho todo el trabajo duro entregarían sus delegados a alguien que se lo ha mirado todo desde la barrera?”.

En las semanas previas a los caucus de Iowa algunos conservadores jugaron con la idea de presentar un tercer candidato y un tercer partido —además del demócrata y el republicano— si Trump es el nominado. Incluso, medio en serio, se barajan nombres, como el Partido Conservador, al estilo británico. Michael Bloomberg, exalcalde de Nueva York y centrista pragmático, coquetea por su cuenta con una candidatura independiente.

“Me imagino a uno o varios independientes [si Trump es el nominado]”, dice el profesor Sabato. “No ganarán pero posiblemente influyan en el resultado”.

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