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Clinton y Sanders empatan en Iowa

La ex secretaria de Estado cuenta con un 49,9% de respaldo frente al 49,5% de su rival, con el 99% del escrutinio completado

Hillary Clinton y Bernie Sanders cerraron con un empate técnico esta noche de lunes el caucus de Iowa. Sin saberse los resultados definitivos, ambos candidatos comparecieron ante sus seguidores para darles las gracias. Solo mencionó la palabra empate el senador de Vermont. La ex secretaria de Estado fue la primera en aparecer, marcando el terreno, dejando su huella y de paso pisando el discurso de victoria a Ted Cruz, al que las cadenas de televisión cortaron para dar paso a la ex primera dama.

Para Hillary Clinton, es 2008 una y otra vez. Pierda o gane, la noche del caucus de Iowa es su particular día de la marmota, que por cierto, se celebra este martes 2 de febrero. Si pierde, no habrá enterrado los demonios de hace ocho años, cuando un casi desconocido senador -negro- de Illinois la relegaba a un tercer puesto en el ranquin de votos. Pero también podría ser que la ex secretaria de Estado reinterpretase la escena que protagonizaron en 2012 Mitt Romney y Rick Santorum, cuando se declaró ganador por ocho votos al exgobernador de Massachusetts para arrebatarle la victoria 16 días después a favor del exsenador de Pensilvania.

Para Sanders, el 1% volvía a ser causa de su desgracia, se ironizaba en Twitter en referencia a sus habituales críticas al 1% más rico de la población. Aunque, sin duda, el viejo socialista era el ganador moral de la jornada. En junio, Sanders tenía poco más de un 10% de intención de voto en Iowa. Clinton se consideraba a sí misma la candidata inevitable, la favorita absoluta que esta vez sí, esta vez tenía al alcance de la mano la nominación demócrata a la Casa Blanca.

Se especulaba con que lo único que podría parar entonces a Clinton, si tal cosa era posible, sería un escándalo o un problema de salud. Pero resultó ser un senador de la costa Este, gruñón y autodefinido como socialista, el que echó freno al gran nombre y la poderosa marca que es Clinton.

Con el 99% del escrutinio completado, la ex secretaria de Estado ha logrado el 49,9% de respaldo frente al 49,5% de su rival. Esto implica que los dos principales candidatos demócratas se reparten los 44 delegados en juego.

La noche resultó extraña. Tras el revolcón que Ted Cruz daba a Donald Trump, se necesitaba un titular impactante del lado demócrata para cuadrar balance, para hacer leyenda de los vencedores y vencidos. Y sin embargo no sucedió.

La comparecencia de Clinton fue extraña, como parada en el tiempo de un día, una semana o incluso un mes antes. Sus palabras se vieron forzadas a ser las mismas que en campaña. “Soy una progresista que logra que las cosas se hagan”, dijo Clinton a sus seguidores, flanqueada por su hija Chelsea y su marido, Bill Clinton. Para después, disertar sobre sanidad, educación y derechos. Como en campaña.

Tras concluir Clinton, dando las gracias a Iowa, apareció Sanders. Exactamente el mismo guion. El discurso de campaña a falta de una victoria que cantar o una derrota que conceder. “Nunca es fácil perder”, dijo el senador, en referencia a la retirada de la carrera de Martin O'Malley. Desde luego, no hablaba de sí mismo. Pase lo que pase cuando se resuelva el empate, Bernie Sanders, el viejo socialista, ya ha ganado.

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