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Reino Unido y Suecia rechazan la petición de la ONU de liberar a Assange

El grupo cree que la detención del fundador de WikiLeaks es arbitraria en una decisión no vinculante

Manifestantes a favor de Assange AFP REUTERS-LIVE!

La causa de Julian Assange obtuvo este viernes un gran impacto mediático, pero escasas consecuencias institucionales allí donde más las necesita. El dictamen del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU que reclama que el australiano sea liberado fue rechazado tanto por Reino Unido como por Suecia, los dos actores que pueden cambiar la situación. El titular de Exteriores británico, Philip Hammond, llegó a decir incluso que la decisión del grupo resulta “francamente ridícula”.

Ecuador exige que “se corrija el error”

SORAYA CONSTANTE

El titular de Exteriores ecuatoriano, Ricardo Patiño, instó este viernes a Suecia y Reino Unido a aceptar la resolución del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU y desbloquear la salida de Julian Assange de la Embajada de Ecuador en Londres, donde está refugiado desde 2012. “Es hora de que ambos Gobiernos corrijan su error y den la libertad a Assange”, dijo.

Patiño afirmó que si Reino Unido finalmente otorga el salvoconducto al fundador de Wikileaks o si Suecia retira la orden de detención que pesa sobre él, el Gobierno ecuatoriano hará todo lo posible para traerlo a Ecuador a disfrutar del asilo que le concedió en agosto de 2012. Recordó que Assange sufre una dolencia en el hombro derecho y que en octubre pasado pidieron permiso a Reino Unido para sacarlo de la Embajada y hacerle un estudio más profundo, pero no obtuvieron respuesta.

Por otro lado, Ecuador y Suecia mantienen el acuerdo de asistencia penal, negociado desde junio de 2015— para interrogar a Julian Assange en la Embajada ecuatoriana por su supuesto delito de violación. La fiscalía del país escandinavo, sin embargo, hasta ahora no ha enviado una nueva petición después de que su par ecuatoriano rechazara la primera solicitud por “motivos formales”, en enero pasado.

Assange salió este viernes al balcón de la Embajada de Ecuador y habló de una “dulce victoria”. Saludó a sus seguidores, a la multitud de medios allí congregados, se acordó de su familia, de sus hijos. Pero al poco, volvió a enfrentar una noche más entre las paredes de la legación diplomática, el lugar en el que ya lleva recluido más de tres años y medio. Allí se refugió en junio de 2012 para evitar su extradición a Suecia, donde se le reclamaba para interrogarlo por tres acusaciones de acoso sexual y una de violación vertidas por dos mujeres en Suecia (de las cuales solo esta última pervive). Su causa judicial vivió una jornada de gran eco y atención mediática, pero no está claro que su situación vaya a cambiar sustancialmente. Las autoridades suecas no parecen decididas a mover ficha. Las británicas, tampoco.

El Gobierno del país escandinavo aseguró que "rechaza la opinión del grupo de trabajo" y anunció que ya está preparando una respuesta formal ante este panel de expertos en Derechos Humanos de la ONU. El titular de Exteriores británico, Philip Hammond, fue un poco más lejos: “Julian Assange es un fugitivo de la Justicia, se está escondiendo de la Justicia en la Embajada ecuatoriana”, declaró. “Esta es una decisión francamente ridícula por parte del Grupo de Trabajo, y la rechazamos”.

Las reacciones de ambos Gobiernos llegaban poco después de conocerse públicamente el contenido del dictamen elaborado por este organismo de la ONU radicado en Ginebra. En él, el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias dictamina que el australiano debe ser puesto en libertad puesto que ha sido arbitrariamente detenido. Y pide a Suecia y Reino Unido que evalúen la situación de Assange “para garantizar su seguridad e integridad física” y “facilitar el ejercicio de su derecho a la libertad de movimientos”. Además, reclama una compensación. La decisión de este órgano internacional no resulta vinculante.

Maltrato psicológico

Este es uno de los argumentos que Assange intentó desmontar este viernes en una multitudinaria rueda de prensa en el Frontline Club de Londres. Para ello contó con la ayuda del exjuez español Baltasar Garzón, su asesor legal, el hombre que decidió plantear el caso ante en panel de expertos de la ONU en septiembre de 2014. Garzón estuvo incisivo. Se mostró indignado ante la pasividad de la fiscalía sueca en estos años para intentar desbloquear el caso. Calificó la decisión del Grupo de Trabajo de la ONU de “contundente”. Y, en declaraciones a EL PAÍS, declaró: “Mantener la situación de detención es pasar al maltrato psicológico y la tortura. Salvando las distancias, este es un caso como el de Guantánamo”, dijo. “Es una cuestión de derechos humanos, es difícil que el tribunal sueco no tome todo esto en cuenta”.

Assange, satisfecho, incidió en que el dictamen de la ONU debe ser vinculante en su comparecencia vía Skype. “Es una victoria significativa que ha devuelto la sonrisa a mi cara”, dijo el editor australiano, que considera la decisión como una “vindicación”.

Horas después, en el balcón de la Embajada ecuatoriana, Assange exhibió su faceta más humana. “Mis hijos son inocentes, ellos no están en política, no están exigiendo a los Gobiernos que respondan. Ya es hora de que vuelvan a ver a su padre”.

Baltasar Garzón comentó a EL PAÍS que ve al australiano contento y esperanzado. Pero si no se atiende a las demandas de la ONU, dijo, “esto puede incidir psicológicamente en él”.

La resolución del caso no parece fácil, como nada lo ha sido en este largo culebrón que dura ya más de cinco años. Si Suecia y Reino Unido no mueven ficha, quedará un nuevo recurso, esta vez, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, tal y como confirmó a EL PAÍS la abogada Jennifer Robinson, que ha acompañado a Assange a lo largo de estos años de interminables batallas legales. “La decisión de hoy ha sido un alivio para Julian Assange”, dijo. “Se ha sentido vindicado”.