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Un corazón en el aire

Una madre recolecta 93.000 dólares para enviar en aeroambulancia a su hijo a España

Sergi Forés, que se encontraba crítico en un hospital mexicano, necesita un trasplante

"Mi corazón es un desecho. Cuando nací me lo arreglaron, pero ahora se ha vuelto a averiar y ya no sirve para nada más”, decía anoche Sergi Forés, 26 años, tendido en la cama de un hospital de la Ciudad de México mientras se aireaba con el abanico de su madre.

“No hables mi niño, no te canses”, le pedía Juana Martínez, 60 años, viuda desde 2005 por la fulminante muerte de cáncer de su marido. “Con él no pude hacer nada. Se me murió en un mes. Pero mi hijo puede seguir viviendo con un trasplante y yo me embarcaré en lo que sea para poder conseguirlo”.

A Juana Martínez le dijeron que su hijo estaba grave. Una prima le prestó para el billete y llegó a México el sábado 30 de enero desde Barcelona. Un cardiólogo del Hospital Español, privado, le explicó que su hijo estaba crítico y que la única solución sería un trasplante, pero no sobreviviría a los dos años de lista de espera que hay en México. La madre decidió que había que trasladarlo a Barcelona, y se necesitaba un costoso servicio de aeroambulancia. En el consulado de España le explicaron que no estaba en su mano asumirlo. Una empresa suiza le pidió a su hijo mayor, Joan Manuel Forés, que desde Barcelona también buscaba solución, unos 250.000 euros. Ni él, portero de una empresa que fabrica estanterías metálicas, ni su madre, con pensión de viudedad e ingresos extra dando clases de cocina casera, podrían llegar a eso. Con el reloj de arena del corazón de Sergi Forés dado la vuelta, pidieron auxilio a familiares y a amigos.

Hace dos días le llegó al hermano una oferta más asequible de una compañía de Florida: 93,885 dólares. La colecta había crecido y ya tenían suficiente para costear ese servicio. La madre había expuesto su situación en su concurrida página de recetas en Facebook, La Cocina de Juani. La conmovió que una discípula de pucheros de la que no sabía nada desde hace tres años la llamara para decirle que contase con 13.000 dólares de su parte. “He recibido más ayuda de una persona que mi madre no ve hace no sé cuánto que del consulado de mi país”, se quejaba el paciente con voz débil, el cuerpo inflamado por los líquidos que se le acumulan por falta de movimiento cardiaco.

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Página de recetas de Juana Martínez.

“Mi madre me ha dicho que no es un latido lo que tiene. Que es como un murmullo”, dice Joan Manuel Forés desde Barcelona. A 9.500 kilómetros, Juana Martínez mira a su hijo y dice: “A ver si aún tenemos tiempo”.

Este viernes por la mañana empezó el traslado. Sergi Forés fue recogido por una ambulancia de la empresa americana y transportado al aeropuerto de Toluca para volar desde allí a Tampa (Florida), última escala para emprender en una aeroambulancia Lear Jet de largo alcance el viaje a Barcelona, donde ya le tienen reservada una habitación en el Hospital San Pau, un centro público en el que se prevé que tenga que esperar como máximo tres meses para recibir el trasplante. El viaje de Sergi Forés también es un viaje entre la desigual sanidad mexicana, que oscila entre lo bueno y caro y lo asequible y plagado de carencias, y el modelo de atención universal con garantías que trata de mantener España pese a la crisis económica y política de su Estado de Bienestar. “México es un país para estar sano”, resumía Forés encamado.

La madre planea hipotecar la casa que le dejó su marido, un fotomecánico del periódico La Vanguardia, para devolverle el dinero pronto al grupo de diez personas que le ayudó a alquilar el servicio aéreo, y se pregunta si será posible que la Seguridad Social española le reembolse parte del traslado.

Sin más estudios que la Secundaria, el joven llegó a México a finales de 2011 para conocer en persona a una chica con la que llevaba meses escribiéndose por Internet. Sus vidas se habían cruzado a inicios de aquel año en una página de aficionados a los ovnis. La pareja cuajó, se casaron y, después de pasar unos meses en Barcelona sin encontrar trabajo, acabaron estableciéndose en México en casa de los padres de ella, Juana María Barrera, 30 años, hija de una familia humilde. La salud de Sergi Forés se mantenía bien. Nació con una cardiopatía compleja conocida como Tetralogía de Fallot, le hicieron un by pass cuando aún era un bebé y con dos años lo sometieron a microcirugía. Los médicos avisaron a sus padres de que de mayor podría volver a tener problemas.

En efecto, a mediados de enero pasado una fuerte tos empezó a aquejar a Forés y ahí arrancó su periplo sanitario. Según el relato de su esposa, primero un médico generalista les dijo que padecía un “broncoespasmo pulmonar”. Como la tos empeoraba, fueron a un centro público especializado en enfermedades respiratorias, donde le hicieron estudios y de inmediato los alertaron de que el corazón se había inflamado tanto que estaba a punto de colapsar. Debían ir aprisa al Hospital de Cardiología, otro centro público. Juana María Barrera asegura que allí un doctor le dijo: “Calma, no le pasa nada. ¿No ves que viene de pie?”. Siempre según su testimonio, el cardiólogo lo revisó y concluyó que el corazón del paciente estaba “perfectamente bien”.

La esposa de Forés conserva la radiografía que les dieron en el centro de enfermedades pulmonares y que le entregaron al médico del Hospital de Cardiología. En la imagen se observa un corazón de tamaño desmesurado.

Radiografía tomada a Sergi Forés a mediados de enero, cedida por su esposa.

El estado de su marido iba a peor. Consultaron a otro médico que le diagnosticó una “neumonía atípica” y le recetó antibióticos. Pero Forés se encontraba cada vez más enfermo. Barrera relata que aún fueron a otro hospital público más y que al llegar les dijeron que tendría que esperar un par de días a tener una cama libre. Finalmente, el 27 de enero, decidió llevar a su marido al Hospital Español. Dice que consiguió ingresarlo firmando un pagaré de 100.000 pesos mexicanos, unos 5.500 dólares. “Cuando me revisaron”, intervino Forés pese a los intentos de su madre de que no se esforzase en hablar, “me dijeron que si hubiese llegado unas horas más tarde no habrían podido hacer nada”.

Por la semana que ha pasado en este hospital, y que lo salvó de una situación de emergencia, han contraído una deuda de más de 300.000 pesos, unos 16.000 dólares. Mientras su marido vuela hacia España, Juana María Barrera se ha quedado en México rebuscando la manera de afrontar esos gastos. De todos modos, no podría haberlo acompañado. Con él irá su madre, que quiso que fuera ella la que viajara en la aeroambulancia, hasta que le explicaron que por ser mexicana no podría obtener los papeles para hacer escala en Estados Unidos.

Sergi Forés trabajaba haciendo pasteles con su esposa en casa de sus suegros y vendiéndolos en rebanadas en un mercado, caminando entre los clientes con una cesta. Ella dice que no solían ganar más de 5.000 pesos al mes, unos 275 dólares. En sus planes estaba alquilar un local en el mercado para tratar de crecer. Acababan de comprarse una Thermomix a plazos de la que aún deben 10.000 pesos, el doble de lo que ganaban en un mes, y habían abierto una página de Facebook a la que le pusieron de nombre Le Sublime. “Pero tenemos sólo 52 seguidores”, se lamentaba Sergi Forés en vísperas de cruzar el Atlántico en un jet privado con equipo médico para que le intentasen salvar la vida. “Así empecé yo, hijo mío”, lo consolaba su madre, “y ya tengo 124.000 me gusta”.