Seúl y EE UU abren negociaciones sobre el escudo antimisiles THAAD

Corea del Sur asegura que "no tiene más opción" tras el lanzamiento del cohete norcoreano

El lanzamiento del cohete norcoreano de largo alcance ya ha empezado a arrojar consecuencias. Seúl y Washington han anunciado el inicio de conversaciones formales para el despliegue en la península coreana del escudo antimisiles conocido como THAAD, al que Pekín se opone tajantemente.

“Se ha decidido empezar formalmente las conversaciones sobre la posibilidad de desplegar el sistema THAAD en Corea del Sur, como parte de los pasos para reforzar la defensa antimisiles de la alianza surcoreano-estadounidense”, indicó en una rueda de prensa el viceministro surcoreano de Defensa Yoo Jeh-seung.

Estados Unidos, el gran aliado militar surcoreano, ha tratado de convencer durante años a Seúl de la necesidad de incorporar este sistema para hacer frente a posibles amenazas del norte. Pero hasta ahora el Gobierno que encabeza la presidenta Park Geun-hye había evitado pronunciarse de una manera definitiva, ante la reticencia de China al escudo y para no perjudicar posibles aproximaciones al vecino del norte. El lanzamiento del cohete norcoreano, que se produce apenas un mes después de la cuarta prueba nuclear de ese país, parece haber neutralizado esas precauciones.

“La Alianza EE UU-Corea del Sur no tiene más opción que tomar esa medida defensiva porque Corea del Norte ha llevado a cabo una provocación estratégica y rechaza acometer un diálogo genuino sobre desnuclearización”, declaró Yoo, que compareció ante los medios junto al teniente general Thomas Vandal, comandante de la fuerza estadounidense destacada en el sur de la península.

China, y Rusia, objetan que el THAAD -acrónimo en inglés de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud- puede desencadenar una carrera de armamento en la región. Pekín, que considera que el giro de EE UU hacia Asia-Pacífico busca contener la pujanza china, también ve con suspicacia la presencia de radares e interceptores estadounidense en sus alrededores. Esos radares tienen un alcance de 18.000 kilómetros, con lo que podrían detectar movimientos muy en el interior de la República Popular.

El viceministro surcoreano intentó atajar este domingo esas preocupaciones de Pekín. Si el escudo se llegara a desplegar, “operaría solo hacia Corea del Norte”, insistió.

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