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Aumentan las agresiones contra refugiados gais en Holanda

Una asociación denuncia una veintena de casos y pide el traslado a alojamientos seguros

Las amenazas de muerte contra refugiados homosexuales sirios e iraquíes alojados temporalmente en centros en Holanda se han multiplicado en las últimas semanas, según ha denunciado la asociación holandesa de lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero (COC), que ha pedido al Gobierno que los traslade a lugares más seguros. La línea política oficial rechaza cualquier tipo de discriminación y rechaza separar a los afectados del resto porque considera que sería una forma de premiar a los agresores. Varones homosexuales y transexuales han recibido en algún caso anónimos amenazantes en inglés y un refugiado ha encontrado un cuchillo clavado en su cama.

“El resultado es que los perjudicados viven en peligro en un país que presume de tolerante y acabará habiendo desgracias”, según Philip Tijsma, portavoz de COC. El problema no se limita a Holanda. Alemania piensa abrir en marzo en Berlín un inmueble para 120 refugiados homosexuales. Por su parte, a finales de 2015, el Gobierno británico confirmó que “los miembros de este colectivo en su sentido amplio, llegados de Siria, encajan en la definición de refugiados vulnerables establecida por Naciones Unidas, y las autoridades locales deben realojarlos por su seguridad”.

En Holanda, las denuncias proceden de todos los centros, y en Nimega, al sur del país, los gais no se atreven a pernoctar en los dormitorios comunes por miedo a sus congéneres. En la asociación COC tienen noticia de que al menos uno ha dormido durante una semana en el bosque por miedo a ser agredido. El Ayuntamiento prefiere no segregar a nadie y alega que ello llevaría un aumento de las peticiones.

En Ámsterdam, sin embargo, la alcaldía ha dispuesto ya sendas casas para gais y transexuales que han sido amedrentados por otros refugiados. La decisión sentó mal en círculos gubernamentales, extremo sobre el que Tijsma ironiza así: “Es curioso. El Ejecutivo mantiene la negativa a sacarlos de los centros de refugiados, pero presenta a la capital como un posible ejemplo para otros municipios. ¿Quién tiene entonces la autoridad?”.

En su opinión, la veintena de casos de acoso documentados hasta la fecha son solo la punta del iceberg. “Piense que muchos demandantes de asilo no hablan nuestro idioma, y a veces ni siquiera inglés. A pesar de sus dificultades, y del miedo a significarse entre su propia comunidad, nos llegan quejas múltiples que reflejan una situación cada vez más tensa”.

Las denuncias conocidas por la asociación hablan de camas manchadas con heces, ropa quemada a los afectados, insultos y hasta violencia física. Tijsma subraya que los culpables deben ser castigados, pero considera que la seguridad de las víctimas es prioritaria. El Ministerio de Cultura y Educación, que también ha intervenido, ilustrará a todos los refugiados acerca de las normas y valores holandeses con material didáctico similar al utilizado normalmente en las escuelas.