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Francia e Italia toman la delantera a España en América Latina

Hollande y Renzi serán los primeros mandatarios europeos recibidos en Buenos Aires por Macri

Madrid / Buenos Aires

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, se convertirá el próximo día 15 en el primer mandatario europeo que visita Buenos Aires tras la llegada a la Casa Rosada del nuevo presidente, Mauricio Macri. Será por pocos días, ya que el 24 aterrizará en Argentina el presidente francés, François Hollande, al término de una gira que le llevará también a Perú y Uruguay. Sea o no intencionado, los rivales europeos de España en América Latina parecen tomar ventaja de la parálisis diplomática a la que le condena la actual incertidumbre política.

Francia no se plantea “ni suplantar ni sustituir” la influencia de España en Cuba, aseguró ayer el embajador francés en España, Yves Saint-Geours, en una suerte de excusatio non petita.

El activismo de Francia en la isla caribeña, al calor del deshielo entre el régimen castrista y Washington, haría pensar lo contrario. París se convirtió, el pasado 1 de febrero, en la primera capital europea a la que viajaba Raúl Castro desde que, hace ya ocho años, sustituyó a su hermano Fidel al frente del país. No hizo más que devolver la visita sin precedentes de Hollande a La Habana en mayo del año pasado.

Pero el italiano Matteo Renzi tampoco le ha ido a la zaga. En mayo de 2015 recibió en Roma a Castro, aprovechando la visita del mandatario cubano al papa Francisco, y en octubre viajó a La Habana al frente de una delegación empresarial.

España y Cuba negocian convertir deuda en inversión

M.G.

El vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba, Ricardo Cabrisas, y el ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, acordaron ayer “sentar las bases” para una “condonación adicional” de la deuda cubana con España mediante la firma “de un Programa de Conversión de Deuda en un futuro cercano”, según una nota de este último departamento. El objetivo es “crear un fondo de contravalor para financiar proyectos en Cuba acordados por ambas partes”.

La nota, cauta como corresponde a un Gobierno en funciones que no puede adquirir compromisos de futuro, recuerda que en diciembre pasado Cuba llegó a un acuerdo con 14 países acreedores en el marco del Club de París por un total de 11.083 millones de dólares, de los que el 22,3% (2.471,5) corresponden a España. El acuerdo incluía una condonación de los intereses de demora y el reembolso del principal y los intereses en 18 años.

La idea de convertir parte de la deuda en inversión no es original. Castro y Hollande acordaron, durante la visita del primero a París, crear un fondo de inversión con 200 millones procedentes de la deuda con Francia.

Se trata de una cantidad relativamente modesta, pero notable si se compara con las exportaciones francesas a Cuba, que en 2014 ascendieron a solo 180 millones. Más importante es la relación con España, tercer socio comercial de Cuba (tras Venezuela y China, con unos 800 millones en exportaciones) y primer inversor europeo en la isla, con más de 200 empresas.

Para impulsar este comercio, España, que ya acordó en noviembre reestructurar la deuda cubana a corto plazo (negociada al margen del Club de París), por valor de 201,5 millones, reanudará ahora la cobertura del seguro de crédito a la exportación. Cabrisas, que ayer se reunió también con Margallo, ya visitó Madrid en julio pasado.

La presencia de ambos líderes europeos en Buenos Aires, con apenas 10 días de diferencia, no parece casual. Aunque el crecimiento económico que experimentó América Latina en los últimos años se ha frenado en seco —lastrado por la caída del precio de las materias primas, la desaceleración de China y las crisis de Brasil y Venezuela—, Cuba y Argentina son dos de los países que mayores oportunidades ofrecen. No tanto por su boyante situación económica, advierten los expertos, sino porque ambos, necesitados de inversión extranjera, están apostando, salvadas las diferencias, por la apertura económica.

En el caso de Cuba, el Gobierno del PP ha sido preso del enfoque fuertemente ideologizado con que abordó las relaciones con la isla cuando estaba en la oposición. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, tuvo que vencer fuertes resistencias en el seno de su propio partido para viajar a La Habana en noviembre de 2014. El viaje —cuyo balance empañó el hecho de que no le recibiera Raúl Castro— tuvo continuidad en el intercambio de visitas de responsables del área económica: la última, ayer mismo, del vicepresidente cubano, Ricardo Cabrisas, a Madrid.

Pero nunca se llegó a planear un viaje de Mariano Rajoy a La Habana ni de Raúl Castro a Madrid; y el Gobierno rehusó el ofrecimiento del rey Juan Carlos I para acudir en visita privada a la isla. Temeroso a las críticas, Rajoy prefirió no correr riesgos que aprovechar oportunidades.

En el caso de Argentina, el calendario ha jugado en contra. Tras no haber visitado Argentina en cuatro años por su mala relación con Cristina Kirchner —Rajoy solo pisó Buenos Aires en 2013 con motivo de la frustrada candidatura olímpica de Madrid—, su amistad personal con Macri le situaba en una posición privilegiada ante la nueva etapa.

Margallo se reunió con Macri en Buenos Aires a finales de noviembre, cuando ya era presidente electo pero no había tomado posesión, y la canciller argentina, Susana Malcorra, ha sido una de las pocas ministras que ha visitado Madrid en enero.

Pero, atado de pies y manos por las limitaciones de un Gobierno en funciones, Rajoy no puede invitar a Macri a Madrid ni tampoco viajar él mismo a Argentina y debe contentarse con contemplar cómo Hollande y Renzi le toman la delantera. “Es evidente que algo falla”, aseguran fuentes diplomáticas próximas al PSOE. “No sé si será coincidencia. Ni si [Francia e Italia] piensan tanto en nosotros. Pero España ha dejado huecos en su relación con América Latina que otros aprovechan para ganar terreno. Y eso no viene solo de hace dos meses”.

Mientras España sigue ensimismada, la próxima cita con Iberoamérica, el Congreso de la Lengua, el 15 de marzo en Puerto Rico, llama ya a la puerta.

 

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