La ONU alerta de que el cerco de Alepo amenaza a 300.000 personas

El avance del Ejército de El Asad ha enviado a decenas de miles de personas hacia la frontera turca

La ONU alertó este martes de que cientos de miles de civiles que aún habitan en Alepo pueden quedar sitiados y sin acceso a comida si el avance de las tropas leales al presidente Bachar el Asad —apoyadas por los bombardeos rusos— completa el cerco a la que antes de la guerra era la ciudad más poblada del país. “Podría dejar a 300.000 residentes sin acceso a ayuda humanitaria a menos que se negocie el paso a través de las líneas del frente”, aseguró la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. Decenas de miles han huido ya hacia Turquía.

Esta abultada cifra se une al más de un millón de personas que dos ONG —la holandesa Pax y la estadounidense The Syria Institute— estiman que viven ya bajo asedio en unas 50 localidades de Siria, cercadas principalmente por el régimen, pero también por el Estado Islámico o grupos rebeldes de distinto signo.

El avance sobre Alepo del Ejército sirio ha enviado a decenas de miles de personas hacia la frontera turca y las organizaciones humanitarias ven cada vez más difícil su trabajo. La conquista de la carretera norte, que unía la ciudad con Turquía, ha sido “un duro golpe”, lamenta Christy Delafield, representante de la ONG Mercy Corps, de cuyo reparto de alimentos dependen 500.000 personas en la provincia alepina. “Todavía estamos llevando ayuda a través de carreteras del oeste de Alepo, pero son caminos muy peligrosos, hay continuos combates, bombardeos y francotiradores. Afortunadamente, aún no hemos sufrido bajas, pero a veces nos vemos obligados a tomar decisiones difíciles y retrasar el envío de camiones”, añade.

En el horno de la fundación de ayuda humanitaria IHH, apenas a dos kilómetros de la frontera siria, media docena de barbudos trabajaba a destajo. Cada día salen de aquí 100.000 tortas de pan con destino a los desplazados que se hacinan junto al paso de Öncüpinar-Bab al Salam. Esta organización caritativa —de marcado carácter islamista— había creado 12 hornos similares en las provincias del norte de Siria controladas por los rebeldes, pero los bombardeos rusos y del régimen de El Asad los han dejado casi todos inutilizables. Y ahora que varias decenas de miles de personas han huido de Alepo hacia la frontera turca, el trabajo se acumula.

“Sólo en los últimos cuatro días hemos entregado 500 tiendas de campaña, 14.600 mantas y 140.000 raciones de comida”, asegura Zafer Ersoy, portavoz de la organización en la provincia turca de Kilis. Esto se une a las 2.000 tiendas de campaña, 10.000 mantas, 20.000 litros de agua mineral y 450 sets de cocina enviados durante el fin de semana por la Media Luna Roja y a similares cantidades que transportan otras organizaciones para tratar de paliar el sufrimiento de los refugiados. “Estamos ampliando los ocho campos que ya existían junto a la frontera, y hemos construido un noveno. Son campamentos que se encuentran a menos de seis kilómetros de la frontera”, explica Ersoy.

Repartir ayuda

De producirse un ataque en esta franja, Turquía respondería, pues la considera parte de su perímetro de protección. A media tarde de este martes, cazas rusos sobrevolaron las cercanías del paso, en el que varios refugiados sirios, en contacto telefónico con sus familiares al otro lado de la frontera, certificaban que se habían producido bombardeos a una veintena de kilómetros. “Los ataques rusos hacen imposible que muchas veces nos acerquemos a repartir ayuda a los desplazados que se encuentran fuera de los campos”, denuncia el representante de IHH.

La batalla de Alepo parece destinada a cambiar el curso de la guerra y amenaza con hacer descarrilar las conversaciones de paz de Ginebra, ya aplazadas hasta el día 25, ante la negativa de la oposición a negociar mientras no se detenga la ofensiva de El Asad. El entorno del presidente sirio reconocía este martes a Reuters que el objetivo es reconquistar Alepo y llegar hasta la frontera turca.

Los grupos islamistas en el bando rebelde, los más poderosos sobre el terreno y que ya veían con suspicacia los diálogos de Ginebra, tachan ya el proceso de pantomima. “Es pura propaganda estadounidense. Washington está jugando a varias bandas, si quisiese parar este ataque lo haría”, sostuvo a este diario Abu Yaffar, representante de una división de Tal Rifat, que es parte del grupo salafista Ahrar al Sham. “Nos hemos reunido con los saudíes y les hemos dicho que abandonen la idea de mandar tropas. Lo que de verdad necesitamos son armas antiaéreas. Pero de momento no responden”, se quejaba en el paso de Öncüpinar.

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