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Los forenses argentinos descartan la versión oficial del caso Ayotzinapa

Como antes hiciera la CIDH, el prestigioso equipo de antropología forense dice que no hay indicios de la quema de los 43 estudiantes en el basurero de Cocula, ni tampoco de menos

“No hay evidencia de incendio en el sitio. Al menos de un incendio de las características necesarias para quemar a 43 personas”. Esta es la conclusión del Equipo Argentino de Antropología Forense, EAAF, respecto a su análisis del basurero del pueblo de Cocula, en Guerrero. De acuerdo a la versión oficial, divulgada hace algo más de un año, una célula delictiva del cartel de Guerreros Unidos asesinó y quemó allí a 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ubicada en Ayotzinapa. Previamente, policías municipales del cercano pueblo de Iguala habían secuestrado a los estudiantes. Arreglados con los policías, los delincuentes, según explicó entonces el fiscal general, Jesús Murillo Karam, habrían acabado allí con la vida de los estudiantes. Ahora el EAAF, igual que hiciera antes el grupo de expertos convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, concluye que no hay indicios que permitan concluir que esa hipótesis sea cierta.

El EAAF, que ha elaborado el informe a petición de los familiares de los 43, lo ha presentado esta mañana en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, en la Ciudad de México. Mercedes Doretti y Miguel Nieva, parte de equipo de forenses y peritos que han elaborado el informe, han destacado el carácter “multidisciplinar” del documento, elaborado a partir del cruce de peritajes en disciplinas como dinámica de fuego, botánica, balística u odontología forense.

Hay varios puntos clave en el informe. Uno atañe a los peritajes en sí, otro a las irregularidades en que, dicen, incurrió la fiscalía mexicana y el último a los restos humanos encontrados que no coinciden con los normalistas.

El equipo argentino, con reconocido prestigio internacional y experiencia en cantidad de países de todo el mundo, ha señalado primero que dividieron el basurero en dos áreas. En la segunda, la principal, la parte baja del basurero, delimitaron un área principal, la retícula, que dividieron en 132 cuadrículas. Doretti, Nieva y su equipo encontraron restos óseos en 58 de las 132 cuadrículas. Los expertos han explicado que la mayoría de fragmentos son diminutos y aparecieron muy deteriorados, por lo que ha sido imposible, en la mayoría de los casos, determinar si su origen es humano.

En todo caso, el equipo concluye que un fuego que pulveriza 43 cuerpos habría dejado un rastro distinto al que ellos encontraron. De acuerdo a la hipótesis inicial, existió un gran fuego en el basurero que pulverizó los restos de 43 personas. Una hoguera así es muy caliente en su núcleo y va enfríandose hacia la periferia. Eso implica que los fragmentos óseos encontrados en el núcleo del supuesto fuego deberían estar más quemados y los de la periferia menos. Sin embargo, los peritos comprobaron que había trozos de hueso muy quemados y menos quemados mezclados, indistintamente, en todas las cuadrículas de la retícula principal.

Esta y otras explicaciones han generado una primera batería de preguntas de índole parecida: si no quemaron a los 43, ¿pudieron quemar al menos a 25, a 19? La cuestión venía a cuento por las últimas informaciones publicadas del caso Ayotzinapa, que recogen las declaraciones de sicarios de Guerreros Unidos detenidos recientemente. Bernabé Sotelo Salinas, alias El Peluco, atrapado hace unas semanas, declaró ante la PGR –palabras que obtuvieron medios locales mediante filtraciones– que al menos 19 estudiantes llegaron a la parte baja del basurero, no 43 como se dijo. Doretti y Nieva han reiterado que el carácter multidisciplinar del informe apunta a que no hubo un gran fuego. Y que, en su opinión, no pudieron quemarse ni 43 ni 19.

El peritaje botánico, han continuado los expertos, arroja igualmente la misma conclusión. La vegetación circundante presentaba un desarrollo de tres a cinco meses. De haber habido una hoguera alimentada con decena de cuerpos, se habría visto afectada. Y no lo está. Nieva ha señalado concretamente que 19 de las 20 plantas recolectadas en la retícula principal no mostraban ninguna exposición al fuego. El experto ha comentado expresamente el caso del tocon número 12. Nieva ha contado que con tocones se refieren a las cuatro ramas peladas y cortadas a un palmo de suelo, que restan de una planta. Un arbusto marchito y pelón. En la retícula principal hay varios y el número doce aparece en una de las cuadrículas donde más trozos de hueso encontraron, es decir, donde habría yacido el núcleo del fuego. Y sin embargo el tocón apenas sufre daños por alteración térmica. “Ese tocón”, ha explicado Nieva, “debería haber sido arrasado con un fuego como el que decían”.

El peritaje de balística señala por otro lado inconsistencias entre las declaraciones de los sicarios de Guerreros Unidos detenidos y las evidencias encontradas. Los expertos de la EAAF ubicaron restos de casquillos y proyectiles de 39 armas, la mayoría armas largas. En sus declaraciones a la fiscalía, los sicarios refieren casi siempre el uso de armas cortas. “Sobre las 39 armas de fuego individualizadas en el análisis básico del EAAF”, han argumentado, “solo cuatro armas son consistentes con las declaraciones de los inculpados. Pero las restantes 35, la mayoría, no son consistentes con las armas de fuego que declararon que portaban los inculpados”. Este peritaje cuestiona el relato de los sicarios, parte importante de la reconsutrucción oficial.

La recogida de muestras en materia balística implica una de las críticas principales del EAAF a la fiscalía mexicana. Ambos equipos, EAAF y fiscalía, recogieron muestras conjuntamente del 27 de octubre de 2014 al 7 de noviembre del 2014. Luego, el 15 de noviembre, la fiscalía volvió sin avisar al otro equipo. Ese día sus peritos hallaron más de 40 casquillos en la zona alta del basurero, un área ya revisada los días anteriores. Se trata, concretamente, de un espacio que hay entre dos rocas, que ambos equipos empleaban en su estancia allí para cambiarse, calzarse y demás. Nieva y Doretti han señalado además que por esas fechas el basurero careció de vigilancia.

Por último, los peritos han indicado que durante el análisis de las muestras ubicaron un trozo de dentadura postiza y una corona dental. Después de entrevistarse con las familias de los 43 y del estudio del fragmento determinaron que la dentadura no pertenecía a ninguno de los estudiantes, sino a alguien distinto. Por los trozos de hueso y las piezas dentales halladas, el EAAF ha concluido que el número mínimo de personas cuyos cuerpos han acabado en el basurero a lo largo de los años es de 19. La dentadura y la corona pertenecen a una persona, distinta de los normalistas, asunto que les lleva a pensar en todas las denuncias de desapareciones en Iguala, al menos 300, todavía no aclaradas.