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Rusia y EE UU acuerdan un frágil alto el fuego en Siria en una semana

Kerry reconoce que la prueba real llegará cuando se vea los próximos días si los implicados lo respetan

Kerry desciende del avión, ayer en Múnich. CHRISTOF STACHE (AFP)

El hotel Hilton de Múnich acogió el jueves el pulso que los principales actores internacionales de la guerra siria echan para lograr una salida del conflicto lo más cercana a sus intereses. Tras unas negociaciones que se alargaron más allá de la medianoche, las potencias cerraron un acuerdo para iniciar un alto el fuego dentro de una semana. El propio secretario de Estado de EE UU, John Kerry, reconoció la fragilidad de un acuerdo que por ahora está solo “sobre el papel”, pero que su prueba definitiva llegará en los próximos días, cuando se vea si las partes implicadas “honran y ponen en marcha” el pacto.

Según el comunicado final, a lo largo de la próxima semana se elaborarán “las modalidades para un cese de las hostilidades en todo el país”. Este alto el fuego, que se presenta muy complicado antes de nacer, no afectará a las batallas contra grupos yihadistas como Estado Islámico (ISIS), el Frente al Nusra (la rama local de Al Qaeda en Siria) “u otros grupos considerados terroristas por el Consejo General de la ONU”.

Pese a la fragilidad de lo pactado, es un paso adelante. Durante todo el día las diferencias entre las posiciones de las distintas partes parecían insalvables. Los jefes de las diplomacias de EE UU y Rusia representaban a los dos bandos enfrentados: el primero exigía un alto el fuego inmediato y el segundo, dejarlo para el 1 de marzo. Son solo dos semanas y media de diferencia, pero un tiempo precioso para que el presidente Bachar el Asad, que tiene en Moscú a su gran valedor, consolidara sus avances militares y pudiera sentarse en una futura mesa negociadora con una posición de fuerza. Al final, el acuerdo ha sido salomónico entre Washington y Moscú.

Kerry anunció el “ambicioso” objetivo del cese de la violencia en una semana junto a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, que dijo que el cese de hostilidades sería “difícil”, y el enviado de la ONU para Siria, Staffan de Mistura. “Si estamos ante un verdadero cambio, lo vamos a comprobar en los próximos días”, admitió el ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier. Además del alto el fuego congelado una semana, los reunidos en Múnich acordaron facilitar la ayuda humanitaria para que llegue a siete zonas sitiadas por los combates. La distribución de ayuda se hará también a través de aviones donde no haya otra alternativa.

Tras los dos grandes gigantes diplomáticos, discutían los representantes de organismos internacionales (la UE, la Liga Árabe y la ONU), países europeos (Francia, Alemania y Reino Unido), actores regionales (Irán, Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Omán, Qatar y Emiratos Árabes) y China.

Una muestra de cómo se ha deteriorado la situación en los últimos meses es que, cuando las potencias extranjeras se reunieron el pasado octubre en Viena, el gran punto conflictivo era el papel que El Asad debía desempeñar en una hipotética futura Siria en paz. Ahora, cinco años después de que comenzara la guerra, parecía imposible siquiera que se pusieran de acuerdo en cómo y cuándo habría que dejar de tirar bombas.

“Estamos en las fases iniciales del diálogo. Y lo mejor que puede salir de Múnich es un compromiso muy vago en el que se fijen algunas condiciones para rebajar las hostilidades. Nada parecido a una tregua completa y duradera”, decía por la tarde Julien Barnes-Dacey, experto del centro de estudios ECFR.

Guerra permanente

Todo se complicó aún más la semana pasada, cuando se interrumpieron las conversaciones de paz de Ginebra a los pocos días de empezar. La escalada verbal ha continuado desde entonces. El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, que participará en la Conferencia de Seguridad que comienza hoy en Múnich, alertó sobre la posibilidad de una guerra permanente o incluso una guerra mundial si las potencias no eran capaces de negociar una salida negociada.

“Los americanos y nuestros socios árabes deberían pensar bien: ¿desean una guerra permanente? Sería imposible de ganar, especialmente en el mundo árabe, en el que todos luchan contra todos”, dijo Medvédev en una entrevista al diario económico alemán Handelsblatt.

La tensión diplomática se solapa con el agravamiento del sufrimiento de los civiles. Según la Cruz Roja, unas 50.000 personas han tenido que abandonar sus hogares, sobre todo al norte de la provincia de Alepo, por la última ofensiva del régimen de El Asad apoyada por bombardeos rusos. Algunas rutas para el envío de ayuda humanitaria han sido cortadas. Además, una nueva estimación de los fallecidos en un lustro de conflicto eleva la cifra considerablemente. Según el Centro Sirio de Investigación Política, los muertos causados directa o indirectamente por la guerra son 470.000, casi el doble de los 250.000 que calcula la ONU, que dejó de contarlos hace 18 meses.

La improbable “salida del infierno” sirio

La reunión de John Kerry con su homólogo saudí, Adel al Jubeir, es la cuarta en cinco días. Kerry se involucra cada vez más en la resolución del conflicto sirio. En octubre, cuando viajó a Viena para reactivar las conversaciones de paz, dijo que esa era “la oportunidad más prometedora” hasta entonces de encontrar una salida al conflicto. “El reto al que nos enfrentamos es nada menos que trazar una salida del infierno”, dijo. Cuatro meses más tarde, la situación parece aún peor: “Obviamente, lo que queremos es hacer en algún momento progresos en asuntos humanitarios y en un alto el fuego”, se limitó a decir ayer.

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