“De pequeña quería ser Batman para estar al lado de Robin”

La escritora chilena Carla Guelfenbein responde al carrusel de preguntas de este diario

La escritora chilena Carla Guelfenbein (Santiago de Chile, 1959) rehuye las etiquetas y una de las clasificaciones que no le gustan es la de “literatura femenina”. En su obra, siempre aclara, le habla tanto a los hombres como a las mujeres. Y a los lectores les gusta esa transversalidad, porque sus libros son siempre éxitos editoriales. La narradora, sin embargo, construye personajes femeninos memorables y esa característica fue, precisamente, una de las que destacó el jurado del último premio Alfaguara de novela, que la galardonó en 2015 por Contigo en la distancia.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?
Muy pocas veces un libro me ha hecho reír a carcajadas. El Lamento de Portnoy es uno. No sé si es por los libros que escojo o porque me falta el gen que hace reír con los libros. De la vida, en todo caso, me río muchísimo.

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?
Con Knausgard. Para poder pronunciar su nombre todas las veces que se me antoje: “Karl Ove”. Me parece un nombre magnífico. Además, como el resto de sus lectores compulsivos, tengo la impresión (falsa por supuesto, porque de eso se trata la literatura) de conocer su alma. Sí, Karl Ove Knausgard.

¿Qué libro le regalaría a un niño para introducirlo en la literatura?
El libro no importa. Lo que importa es lo que va asociado al libro. Si eres madre o padre asegúrate de leerlo con él o ella, ojalá en la cama, con una tarta de chocolate y muchos arrumacos. Es eso lo que quedará impreso en su memoria asociado al acto de leer.

¿Qué libro le hubiese gustado haber escrito?
Ancho mar de los Zargazos, de Jean Rhys.

Si pudiera coleccionar el trabajo de algún artista, ¿de quién sería?
Me haría con los dibujos de la Suite Vollard de Picasso completa. Sin titubear. Más de 100 grabados que según se dice están inspirados en un cuento de Balzac.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?
Mi madre murió cuando yo tenía 17 años. Una de las cosas que guardo de ella es un texto que escribió en el reverso de una fotografía mía que dice: “No tiene miedo ni a la bala, ni a la bomba, ni al infierno, canta muriendo”. Todavía intento saber qué quiso decirme. Sé que es algo importante.

¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?
Con esa otra mitad de cada uno de la que habla tan bien Platón. Y por supuesto con la esperanza de que los técnicos tarden en sacarnos el tiempo necesario para ponernos de acuerdo.

¿El mejor souvenir que ha llevado a casa?
Un souvenir de cuatro euros con la Torre Eiffel en miniatura que al sacudirlo en su medio acuoso se llena de brillitos de colores, como nieve de Las Vegas si es que en el desierto de Las Vegas nevara. Me llena de felicidad. Vive sobre mi escritorio y lo volteo cada vez que lo necesito. También es un arma estupenda para arrojársela a la cabeza a alguien.

¿En su nevera siempre hay...?
Mi nevera lleva rostro de vegetariana y corazón de azúcar. Debajo de las lechugas, las betarragas, los zapallos y las manzanas, está lleno de chocolates. Además, nunca falta una botella de champagne (o espumante, como le llaman ahora), para celebrar lo que venga.

¿El mejor regalo que ha recibido?
En un cuento de Bukowsky una mujer en un manicomio le pide a su marido que la próxima vez que la visite le traiga amor. No quiere chocolates, ni revistas, ni nada. Solo amor. Lo único que él no está dispuesto a darle. Ese es el mejor regalo que yo he recibido, mucho, mucho amor.

¿Primera borrachera?
Empecé a tomarle el gusto al asunto de beber después de los 40, así que, cual adolescente, aún estoy esperando mi primera borrachera.

¿De pequeña quería ser?
Batman, para estar siempre al lado de Robin.

En una fiesta, ¿de qué se disfrazaría?
Solo dos veces en mi vida he reunido las agallas para disfrazarme. Una vez de hombre y la otra de puta. ¡La verdad es que ambas se sentían muy bien!