Rusia alerta de que el mundo se aproxima a una nueva guerra fría

Kerry reclama a Moscú que cese los bombardeos en Sira contra civiles y opositores a El Asad

Rusia escenificó este sábado en Múnich las crecientes diferencias que le separan de Occidente y que impiden la resolución de conflictos como el de Siria o Ucrania. El primer ministro Dmitri Medvédev destacó la importancia de colaborar con EE UU para acabar con el nuevo enemigo común, el terrorismo. Pero en lugar de cooperación, el jefe del Gobierno ruso detecta una actitud poco amistosa hacia su país, lo que le llevó a hablar de una nueva guerra fría. Las potencias occidentales reprocharon al Kremlin su política siria. Y denunciaron que si no pone fin a los bombardeos, el plan de paz pactado el viernes fracasará.

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, saluda a su homólogo francés, Manuel Valls, en la cumbre de seguridad de Múnich. Lennart Preiss (Getty Images) | VÍDEO : REUTERS-QUALITY

Medvédev llegó a la Conferencia de Seguridad con un mensaje de dureza. Quería reivindicar a su país como potencia de primer orden imprescindible para resolver un buen número de conflictos. Nada más comenzar su discurso mencionó la conversación que había mantenido con el presidente Vladímir Putin justo antes de viajar a Múnich. Dejaba así claro que sus palabras venían dictadas directamente por el verdadero hombre fuerte del régimen. “La política de la OTAN hacia Rusia es poco amistosa y terca. Para ser sinceros, nos estamos desplazando rápidamente a un periodo de una nueva guerra fría”, dijo el primer ministro, que aseguró sentirse confundido porque a veces no sabía si vive “en el año 2016 o en 1962”.

En un alto entre la infinidad de debates que estos días se suceden en el hotel Bayerischer Hof, el analista Ian Bremmer interpretaba estas palabras en clave de política interna. La idea de revivir el conflicto que dividió al mundo durante la segunda mitad del siglo XX es, según Bremmer, “profundamente atractiva” para Rusia, que puede usarla ante su opinión pública para señalar al enemigo. “El discurso de Medvédev ha sido muy importante porque muestra el deseo del Kremlin de jugar las bazas del populismo y del nacionalismo. Pero no creo que se cumpla esa nueva guerra fría, porque EE UU no tiene ningún interés”, añade el presidente de Eurasia Group.

Medvédev ya había calentado el ambiente antes de llegar a Múnich. En plenas negociaciones de paz de Siria —que en la madrugada del viernes alumbraron un frágil alto el fuego para la próxima semana—, el primer ministro ruso había alertado de que sin una solución rápida al conflicto, este corría el riesgo de convertirse en una “guerra permanente” o incluso mundial.

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Pero los líderes occidentales responsabilizan a Moscú de esta situación. El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, se sumó ayer a las peticiones de franceses y británicos para que Rusia ponga fin a sus operaciones en Siria. “La inmensa mayoría de bombardeos rusos van dirigidos contra grupos de la oposición legítimos. Esto debe cambiar”, dijo Kerry. El primer ministro francés, Manuel Valls, apuntó en la misma dirección. “Todos sabemos que para regresar al camino de la paz, los bombardeos rusos contra civiles deben terminar”, dijo. Medvédev, que participaba en el mismo debate que Valls, negó la mayor. “Pese a que todo el mundo nos acuse de ello, no hay ninguna evidencia de que bombardeemos civiles. Simplemente es falso”, dijo Medvédev, un comentario que sorprendió a varios de los presentes.

Precario alto el fuego

Dos días después de cerrar un acuerdo para llevar la paz a Siria, el pacto parece aún más precario. Un ejemplo de ello lo dio el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. Cuando le preguntaron por las posibilidades de éxito, se negó a dar un porcentaje, y en cambio criticó a EE UU por la escasa voluntad de cooperar militarmente para atacar objetivos terroristas. “No estoy muy seguro de si el alto el fuego va funcionar”, añadió.

Las relaciones de Rusia con Europa y EE UU, así como su papel en Siria y Ucrania, protagonizaron la conferencia que este fin de semana reúne en Múnich a un centenar de jefes de Estado, de Gobierno y de ministros. Diversos líderes del Este de Europa insistieron en que la rivalidad con Moscú no obedece solo a intereses contrapuestos, sino que responde a un conflicto de valores. En este contexto, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, recordó la financiación rusa de la que han disfrutado partidos populistas, como el Frente Nacional francés. “¿Guerra fría? Ya tenemos una caliente, en Ucrania” añadió la presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite.

Para Javier Solana esta es su 15ª Conferencia de Seguridad de Múnich. El antiguo jefe de la OTAN y de la diplomacia europea cree exagerado hablar de guerra fría, pero sí constata unas relaciones deterioradas. “El problema es que hemos abandonado un mundo multipolar. Y las grandes potencias compiten ahora entre sí”, aseguró a este periódico. Solana, pese a todo, se niega a dejarse llevar por el pesimismo y recuerda, por ejemplo, el acuerdo nuclear iraní, que hace solo un año parecía casi imposible

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