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Cascos azules al rescate de la cultura

Italia lanza con 60 miembros el cuerpo de la Unesco que protegerá el patrimonio en zonas en crisis

Una nación está viva cuando su cultura está viva. A partir de esa premisa, el Gobierno italiano presentó este martes los cascos azules de la cultura, una fuerza especial que nace de un acuerdo de la Unesco y se encargará de proteger el patrimonio artístico en situaciones de conflictos civiles.

Formarán el grupo 30 agentes expertos en patrimonio cultural de los Carabinieri, la policía militarizada italiana, y otros tantos especialistas en arte, entre ellos historiadores, investigadores y restauradores. El objetivo de la conocida como Operación Unite4Heritage (unidos por el patrimonio) es que estos cascos azules se desplieguen sobre el terreno cuando lo solicite un Estado miembro de la ONU que sufra un conflicto que pueda afectar a su patrimonio histórico y cultural. La fuerza especial trabajará para proteger esas obras y restaurar las que hayan sido dañadas. Además, contarán con un centro de formación en Turín, participarán en la formación de restauradores locales y tratarán de impedir el tráfico ilegal de piezas artísticas.

La Unesco aprobó el pasado 17 de octubre la puesta en marcha de la iniciativa, una propuesta italiana tras la destrucción de vestigios arqueológicos por el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) en distintos lugares de Irak y Siria, incluyendo las ruinas de Palmira. Un total de 53 países aprobaron entonces la idea, que la 38ª Conferencia General de la Unesco del mes siguiente respaldó por unanimidad. Cuatro ministros italianos —los titulares de Cultura, Defensa, Educación y Asuntos Exteriores— firmaron este martes en Roma el acuerdo correspondiente con la directora general de la Unesco, Irina Bokova. Las termas de Diocleciano, levantadas a comienzos del siglo IV, sirvieron de marco para el acto.

“Italia es el primer país que pone a disposición internacional una fuerza especial dedicada al patrimonio”, recalcó su ministro de Cultura, Dario Franceschini, quien desea que otros muchos países sigan el camino iniciado. “Naciones Unidas debe afrontar el componente cultural de las misiones internacionales. El patrimonio es de todos y todos tenemos una responsabilidad”, añadió.

La titular de Defensa, Roberta Pinotti, precisó que estos cascos azules “no intervendrán, por ejemplo, en Palmira, para proteger lo que destruye el Estado Islámico. Actuarán a petición de la ONU en graves crisis civiles”. Lo harán en casos de desastres naturales o de conflictividad social, pero no en zonas calientes de conflicto armado.

“Cuando se ataca un templo religioso, una biblioteca o un área arqueológica, se quiere dañar la cultura”, enfatizó el ministro de Exteriores, Paolo Gentiloni, quien incidió en que la destrucción de símbolos culturales y religiosos busca reducir la diversidad y el pluralismo. Su colega de Educación, Stefania Giannini, consideró que la destrucción de un monumento es un crimen de guerra, pues busca atacar los valores de la civilización.

“La protección cultural es parte de nuestra respuesta a los terroristas”, sentenció Bokova, para quien este “nuevo comienzo” que lidera Italia envía “un mensaje muy fuerte sobre la importancia de trabajar juntos”.

Además de la prevención de nuevas tragedias como la de Palmira, el proyecto busca poner fin a la financiación que grupos yihadistas y otros terroristas obtienen gracias al tráfico ilegal de bienes culturales. El Departamento de Estado de EE UU cifró en septiembre pasado en unos 100 millones de dólares (89,8 millones de euros) los ingresos anuales que solo el ISIS obtiene por este concepto. Cerca de 5.000 yacimientos arqueológicos se encuentran en las zonas dominadas por el Estado Islámico, según la misma fuente.

“El patrimonio cultural no es solo belleza intrínseca. Es también diversidad, identidad. Por eso la destruyen los terroristas y extremistas”, concluyó la directora general de la Unesco.

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