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El partido de Lula emprende un contraataque para protegerlo

Rousseff defiende al expresidente, acusado de estar vinculado al escándalo de corrupción Lava Jato

El Partio de los Trabajadores (PT) sale en defensa de su gran líder. Casi un mes después de que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva entrara en el ojo del huracán de la operación anticorrupción Lava Jato, por ser sospechoso de poseer un tríplex en la costa y una casa de campo en São Paulo, el PT y el Gobierno han decidido salir de la madriguera y defender públicamente a su principal líder. La contraofensiva coincide con la primera declaración como imputados de Lula y su mujer, prevista para hoy.

La presidenta Dilma Rousseff ha sido una de las primeras en pronunciarse. El pasado sábado, un día después de reunirse con Lula, dijo que el expresidente “está siendo objeto de una gran injusticia” y subrayó que “Brasil, América Latina y el mundo necesitan un líder con las características del presidente Lula”. El lunes, el PT se manifestó por medio de una reunión del consejo político, formado por 31 miembros. A puerta cerrada, Lula se había reunido con los líderes para tratar, básicamente, dos temas: cómo retomar el crecimiento económico y las “embestidas contra el Estado democrático de derecho”, según un comunicado enviado a la prensa.

Tras la reunión, que duró casi cuatro horas y tuvo lugar en un hotel de la zona sur de São Paulo, el presidente nacional del PT, Rui Falcão, evitó hablar directamente sobre Lula y orientó su discurso hacia las “amenazas de violación” que el Estado puede sufrir como consecuencia de las acusaciones contra el expresidente y que sugieren que hay una relación con las constructoras implicadas en la trama de corrupción de la petrolera estatal Petrobras. “Hay un riesgo efectivo de que se geste el embrión de un estado de excepción dentro de un Estado de derecho”, afirmó en una rueda de prensa que duró ocho minutos y que terminó después de tres preguntas de los periodistas.

El presidente del PT enumeró una serie de indicios que respaldan su tesis de que es el Estado, y no solo Lula, el que está siendo vulnerado: “Prisiones preventivas sin necesidad, anulación de habeas corpus, delaciones forzadas, criminales que tras delatar se transforman en héroes en los medios de comunicación”, afirmó. “Un conjunto de circunstancias que no solo están relacionadas con el PT, sino con la propia democracia del país”.

Son denuncias infundadas, ya que la casa de campo tiene escritura, con el nombre del propietario

Rui Falcão, presidente del PT

Horas antes de la reunión, Falcão había publicado un comunicado en su página de Facebook en el que afirmaba que los ataques a Lula serían uno de los “temas prioritarios” de la reunión. Sin embargo, en la rueda de prensa dijo que no se había discutido ese asunto, demostrando así la dificultad que tiene el partido para unificar el discurso sobre esta cuestión, que puede perjudicar las pretensiones electorales del PT en 2018. En los últimos días, algunas voces del partido han dicho que se deberían rebatir con más fuerza las acusaciones contra Lula.
Daños a Rousseff

Aun así, tras la reunión, los periodistas le preguntaron a Falcão sobre una casa de campo frecuentada por el expresidente, bajo investigación por haber sido supuestamente reformada por constructoras implicadas en la operación Lava Jato. Uno de los propietarios de la casa es socio de uno de los hijos de Lula, pero la Fiscalía investiga si el expresidente es el verdadero dueño de la propiedad. “Son denuncias infundadas, ya que la casa de campo tiene escritura, con el nombre del propietario”, afirmó Falcão. “Las personas tienen que demostrar que son inocentes. Aunque la casa se haya registrado en el notario a nombre de otra persona, el presidente Lula tiene que probar que esta casa no es suya”, comentó indignado.

A pesar de no querer defender institucionalmente al expresidente, el Gobierno de Rousseff, por medio de sus ministros y diputados, se ha manifestado contraatacando a los que acusan a Lula de cometer irregularidades. El principal ministro del PT, Jaques Wagner, de la Casa Civil, dijo el lunes por la mañana que el expresidente es víctima de una caza de brujas. El líder del Gobierno en la Cámara de los Diputados, José Guimarães (PT), fue más allá. Dijo que Lula es objeto de una “masacre mediática”. “Es una injusticia. Quieren saber incluso si compró la bebida A o la bebida B. Es una persecución del tamaño de un océano”, aseguró el lunes. En las últimas semanas, varios reportajes de revistas y periódicos brasileños informaron de que el expresidente visitó la casa de campo 111 veces en cuatro años, y envió parte de su mudanza (incluyendo 37 cajas de bebida) del palacio presidencial a la propiedad rural.

El contraataque del Partido de los Trabajadores y sus aliados también tiene como objetivo minimizar posibles daños a la ya debilitada gestión de Rousseff, ahijada política de Lula y en un momento de escasa popularidad política. El Gobierno teme que su imagen pueda resentirse todavía más y que ello dificulte que el Congreso apruebe puntos considerados clave para la Administración, como la creación del impuesto sobre transacciones bancarias y la reforma laboral y de las pensiones.

Se esperaba que el pasado lunes, en la reunión del consejo político (un órgano consultivo del PT), se debatiera la pauta económica, un tema que divide el partido. Falcão confirmó que el PT está elaborando un “Plan Nacional de Emergencia” para el crecimiento económico, pero no entró en detalles. “Lo llevaremos a la dirección [nacional del partido]”, dijo, refiriéndose a la reunión que tendrá lugar a finales de mes en Río de Janeiro.