David Cameron llega confiado a su hora de la verdad en Bruselas

El británico espera superar los obstáculos para alcanzar un acuerdo que evite el 'Brexit'

El primer ministro británico, David Cameron. L. MACGREGOR (REUTERS)

La hora de la verdad ha llegado para David Cameron. Después de diez meses de negociación, que le han llevado por 20 países europeos, el primer ministro británico viaja a Bruselas para afrontar la que es quizá la reunión más importante de su carrera política. En su encuentro con el resto de líderes europeos tratará de cerrar un acuerdo sobre los nuevos términos de su relación con la Unión Europea, que le permita defender la permanencia de Reino Unido en el referéndum que se ha comprometido a celebrar. Si, tal como tiene previsto, se alcanza un acuerdo en estos dos días sobre el documento consensuado con Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, la consulta en Reino Unido podría celebrarse el próximo 23 de junio.

Fuentes del Gobierno británico aseguran que el primer ministro acude a Bruselas “concentrado y confiado” en alcanzar un acuerdo. Ayer por la noche habló por teléfono con Donald Tusk, y ambos se mostraron convencidos de que los progresos realizados en los últimos días lo facilitarán. Los líderes europeos “no tienen otra opción” que buscar el consenso, ha dicho Tusk en la BBC.

Pero nadie cree que será fácil. Las áreas en las que no hay acuerdo, marcadas entre corchetes en el texto de Tusk, se han reducido hasta un número pequeño, pero son de una elevada complejidad.

Los focos de las negociaciones para Reino Unido, explican fuentes del Gobierno, están en tres áreas. Por un lado, el cambio en los tratados. Londres insistirá en buscar un compromiso para que su exclusión del principio de "una unión cada vez más estrecha" y las garantías sobre gobernanza económica queden inscritos en los documentos constitutivos de la Unión. En segundo lugar, está pendiente la concreción del mecanismo para "proteger" los intereses de los miembros de fuera del euro frente a los avances en la integración de la Eurozona.

Por último, está el bloque de la inmigración. Sigue sin concretarse la duración del freno de emergencia para negar a los trabajadores de otros países europeos las ayudas en sus primeros años en Reino Unido. Y también está resultando conflictiva la propuesta de Londres de negar a los trabajadores europeos las ayudas por hijos cuando estos residan fuera del país. Algunos países del Este exigen que la medida se aplique solo a Reino Unido, lo cual no es fácil legalmente.

Se trata de asuntos de alta carga simbólica pero de escaso valor económico. El tema de las ayudas a los hijos, por ejemplo, según cálculos del Financial Times, supondría un ahorro de 25 millones de libras, lo mismo que Reino Unido dedica a la investigación sobre coches que conducen solos.

La envergadura real de las diferencias entre los países no se conocerá hasta que los 28 líderes se sienten juntos, asesorados por un escuadrón de abogados. Pero fuentes del Gobierno británico insisten en que consideran que “el detalle del documento que hay sobre la mesa es muy elevado”

David Cameron tiene previsto reunirse con Tusk a las tres de la tarde, dos horas antes de que empiece oficialmente el Consejo Europeo. A las 17.45 está programada la primera reunión de trabajo, de dos horas de duración. Durante la cena está previsto que se hable de inmigración, el otro de los temas de la cumbre. Y el asunto británico volverá a discutirse, de manera más informal, por la mañana del viernes.

Si se alcanza un acuerdo para la hora de la comida del viernes, David Cameron tiene previsto convocar esa misma tarde una reunión de su Gabinete para explicar su acuerdo, y probablemente anunciar que el referéndum se celebrará el 23 de junio. En ese momento se levantará el voto de silencio a los miembros del Gobierno y estos podrán defender libremente la salida de la UE o la permanencia.

El acuerdo que finalmente se alcance no cambiará dramáticamente la relación de Reino Unido con la Unión Europea. Consiga lo que consiga el primer ministro, no logrará convencer a los más euroescépticos de su país, y es poco probable que los detalles del acuerdo tengan un gran efecto en los votantes. Pero esos cambios menores afectan a principios fundamentales de la Unión Europea y para algunos de los otros 27 líderes, que tendrán que defender el acuerdo en sus países, constituyen concesiones dramáticas.

Más información