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ANÁLISIS

Punto y seguido

La visita de Obama a Cuba será beneficiosa porque fortalecerá el dialogo y esperanzará a los cubanos

El Gobierno de Raúl Castro permitirá a Barack Obama reunirse con los disidentes, hablar en libertad y reclamarla para todos los cubanos, pero sus demandas de democracia no serán novedad, ni más exigentes que las planteadas por James Carter en su discurso del 12 mayo del 2002, en la Universidad de La Habana, publicado íntegramente por el diario Granma.El órgano oficial del Partido Comunista recogió en cinco de sus ocho páginas las palabras del expresidente demócrata (1977-81) y las respuestas de estudiantes y profesores afectos a la revolución.

Obama subrayará la legitimidad de las peticiones opositoras, de la misma manera que Carter apoyó el Proyecto Varela, presentado entonces ante la Asamblea Nacional por 11.020 ciudadanos que solicitaban un referéndum como primer paso hacia la democracia. Obama incidirá también en las reivindicaciones de su antecesor: todos los ciudadanos tienen derecho a elegir sus propios líderes, definir su propio destino, manifestarse libremente y organizar partidos y sindicatos.

El gobernante estadounidense escuchará de sus interlocutores, como escuchó Carter, que Cuba ya tiene su propia democracia representativa y que mientras EE UU pretenda destruir la obra del pueblo revolucionario y socavar sus estructuras constitucionales y legales, no queda otra que limitar el ejercicio de las libertades susceptibles de ser aprovechadas por los quintacolumnistas a sueldo de Washington. Punto y seguido.

Pero Carter fue un viajero ocasional, políticamente irrelevante entonces, y Obama un presidente en ejercicio, con margen de maniobra y casi un año para decisiones ejecutivas sobre el embargo a Cuba siempre que no perjudiquen las expectativas electorales de su partido. La visita de Obama reafirma la apuesta de diciembre de 2014, carbura la interlocución binacional, que prospera en todos los ámbitos (empresarial, social, cultural) y se adentra conceptualmente en las filas del Partido Comunista, obligadas a un acelerado reacomodo mental desde la tregua con el enemigo yanqui.

Salvo la percepción de la contumacia, varada en la creencia de que Obama ha resultado ser un comunista, cómplice de la dictadura castrista, cabe suponer que su visita a Cuba será beneficiosa, aunque no espectacularmente beneficiosa, porque fortalecerá el dialogo, romperá corsés y esperanzará a quienes necesitan ilusionarse con un futuro más promisorio después de décadas de desengaños y privaciones. El viaje presidencial trascenderá las fronteras insulares para alcanzar la geografía de la izquierda dogmática, que se hace cruces conforme progresa la normalización entre la metrópoli revolucionaria y el odiado imperio, fuente de todos los males de América Latina.