Mucho que perder y poco que ganar

Las razones puramente económicas no apoyarían la salida de Reino Unido de la Unión Europea, especialmente para la City

Si uno atendiera exclusivamente a los números, habría pocos argumentos para votar a favor de la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Y casi con seguridad, prácticamente ninguno en la City.

Daniel Vernazza, de Unicredit, ha hecho cálculos y estima que la salida de la UE le costaría a Reino Unido el 6% del PIB, el comercio con los países europeos se reduciría aproximadamente un 25% y más de un 12% en su cómputo total; buena parte de la inversión extranjera directa que recibe Reino Unido de sus socios europeos, el 20% del total, optaría por otro destino y el país quedaría fuera, como así ha sugerido el representante comercial de Estados Unidos, del acuerdo de asociación e inversión que se negocia entre ambas orillas del Atlántico.

Es difícil pensar que Londres fuera capaz de mantener su estatus como principal centro financiero europeo fuera del marco de la UE. Los partidarios de la salida defienden que Reino Unido mantendría el pleno acceso al mercado único europeo, que tantos beneficios ha reportado a la economía británica, pero libre de las cargas y rigideces de la legislación comunitaria. El mejor de los mundos. “Eso es simplemente un delirio”, admite un banquero de la City.

Londres quiere evitar que los avances en la integración financiera europea cuestionen su modelo y, en particular, que los intereses comunes de la zona euro se acaben imponiendo, pero en el pasado los Tratados se han mostrado muy flexibles a la hora de salvaguardar los intereses de Reino Unido. Baste como ejemplo lo que sucedió el año pasado con las cámaras de compensación, las entidades que se encargan de registrar, compensar y liquidar las operaciones bursátiles. La mayor parte del negocio que afecta a entidades y compañías que operan en euros se controla desde la City y cuando el Banco Central Europeo (BCE) intentó cambiar esa situación en aras de la estabilidad financiera los tribunales comunitarios dieron la razón a Londres atendiendo al principio de no discriminación que rige dentro de la Unión Europea.

Francia rechaza que las futuras salvaguardas que reclama Reino Unido le puedan otorgar en la práctica un derecho de veto a Londres y eso impida avances en la integración o la frenen. Incluso aunque muchos de los elementos de una mayor integración, como la unión de mercados de capitales, ofrezcan nuevas oportunidades para la City. Los analistas coinciden en que, incluso con un acuerdo que satisfaga las demandas del primer ministro David Cameron, el referéndum se presenta muy ajustado y las tensiones entre Reino Unido y el resto de los socios no desaparecerán.

En un momento en el que Europa está sometida a serias presiones políticas como consecuencia de la crisis de refugiados, la perspectiva de un verano marcado por la votación británica sobre el Brexit y nuevas tensiones por la llegada de migrantes a las costas europeas se perfila bastante preocupante.

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