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El recuento de los votos apunta a la victoria del ‘no’ en el referéndum en Bolivia

El presidente asegura que acatarán el resultado: "Siempre hemos respetado la democracia"

Una mujer boliviana vota en la localidad de Patamanta. EFE MARTIN ALIPAZ

El referéndum para modificar la Constitución boliviana y permitir la reelección de Evo Morales en 2019 ha terminado por dividir al país por completo. Con un 75% de los votos escrutados, el no gana por un 54,9% al sí, que obtendría un 45,1% en la consulta, según datos del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia. Esta derrota sería inusual para el presidente, tras 10 años de victorias rotundas. Este lunes, el mandatario ha instado a la ciudadanía a esperar "con mucha serenidad" los resultados "finales" y se ha mostrado confiado en poder dar la vuelta a los datos gracias a las zonas rurales, que ha definido como "antiimperialistas". Ha asegurado que "gane lo que gane, se respeta". "Siempre hemos respetado la democracia", ha añadido en una comparecencia ante los medios de comunicación.

Este lunes por la mañana, la página web del Tribunal Electoral aseguraba que con 8281 actas de 30367 el no vencía con un 63,51% por el 36,49% del sí. Sin embargo, según informa la oficialista Agencia Boliviana de Información, la presidenta del Tribunal, Katia Uriona, habría asegurado cerca de la media noche del domingo que con los resultados preliminares al 72,5%, el sí obtendría un 43,2% y el no un 56,5%.

Los sondeos a pie de urna de dos encuestadoras auguran, por contra, una victoria estrecha del no. Según la empresa Ipsos, obtendría un 52,3% de los votos frente al 47,7% del sí, mientras que el sondeo de Mori es aún más ajustado: un 51% para el no por el 49% del sí. Mientras la oposición salió a celebrar la victoria, el Gobierno, a través del vicepresidente, Álvaro García Linera, aseguró ayer domingo que se trata de un “empate técnico”. “Es altamente probable que esas cifras se modifiquen de una forma drástica, nadie ha ganado ni ha perdido”, advirtió.

"Aún no tenemos resultados oficiales del Tribunal Electoral. Habrá que esperar horas o días, puede ser mañana [por este lunes] o pasado, no creo que una semana. Estamos hablando de una diferencia de 110.000 votos", insistió ayer García Linera. En los días previos, el Tribunal Electoral advirtió de que el recuento total le podría llevar hasta 48 horas.

El vicepresidente boliviano aseguró que los sondeos a pie de urna "se acercan a la verdad pero siempre hay diferencias". "Son empresas serias que hacen un recuento rápido, pero no de la totalidad de las actas, no incluyen el voto exterior, ni el de los barrios y zonas alejadas", donde, defendió, el Movimiento al Socialismo podría revertir el resultado. García Linera se refirió a las presidenciales de 2014, cuando los sondeos aventuraban una victoria del oficialismo con el 59% de los votos y finalmente fue del 61%. “Es altamente probable que algo similar suceda y las cifras se modifiquen de una forma drástica”, insistió García Linera.

Con su intervención, García Linera trató de atajar a los principales líderes opositores, que para entonces ya celebran lo que consideraban la primera victoria en 10 años. Nada más conocerse los sondeos extraoficiales los adversarios de Evo reclamaron al Gobierno que reconociese los resultados e insinuaron que, si finalmente vence el sí, Morales habría cometido irregularidades. Tan solo el alcalde de La Paz, el exaliado del presidente Luis Revilla aseguró que había que gestionar los sondeos “con inteligencia”. El vicepresidente cargó contra ellos y aseguró que “hablar de fraude electoral es una actitud chicanera”, lo que evidencia la polarización que vive el país tras al referéndum.

El referéndum se ha convertido en la gran oportunidad para la oposición boliviana, que ha aglutinado el descontento del último año y medio con el presidente pese a que la única característica que les une es el no a la reelección de Evo. Ni el tres veces excandidato Samuel Doria Medina, ni el expresidente Tuto Quiroga ni el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, han podido encabezar un bloque homogéneo con un liderazgo visible.

Morales confiaba en que su década al frente del Gobierno, durante la cual Bolivia ha celebrado el mayor cambio social y económico del país en la historia reciente, le sirviese para lograr otro aplastante triunfo. Llegó al poder en 2006 con el 54% de los votos; dos años después, superó un referéndum revocatorio con el 67% del apoyo; en 2009, tras reformar la Constitución, volvió a ser elegido presidente con el 64% de los sufragios y cinco años después, en octubre de 2014, con el 61%.

Sin embargo, su buena gestión no ha sido suficiente para paliar el cambio de ánimo de un gran sector de la población, que veía con cierta inquietud las denuncias de corrupción que han asolado últimamente al oficialismo. Otro motivo de malestar es el enfriamiento de la economía, que, pese a seguir creciendo, esta comenzando a sentir los efectos de la caída del precio internacional del petróleo, ya que Bolivia vive de la exportación de gas a los países vecinos.

Su fallida apuesta recuerda a la de Hugo Chávez en 2007, cuando en pleno auge económico de Venezuela, con el barril de petróleo por encima de los 100 dólares, perdió el referéndum para modificar la Constitución por un escaso margen. Después de la victoria de Mauricio Macri en Argentina, la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre y la decisión de Rafael Correa de no concurrir a las presidenciales de Ecuador en 2017, Morales se ha convertido en el último bastión de la izquierda latinoamericana, un título que pretende luchar hasta el último voto.

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