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Los ultras iraníes elevan la recompensa por matar a Rushdie

El gesto parece destinado a dificultar la apertura al exterior del Gobierno de Rohaní

Los ultras iraníes no pierden la oportunidad de sabotear cualquier intento de apertura de los sectores moderados. En la última ocurrencia para manchar la imagen de Irán de cara al exterior, varios medios de comunicación asociados con el búnker han añadido 600.000 dólares (unos 550.000 euros) a la ominosa recompensa por matar al escritor británico Salman Rushdie, amparándose en la fetua que el ayatolá Jomeini pronunció contra él en 1989 por su novela Versos satánicos.

La noticia fue revelada este lunes por la noche por Fars, una agencia de noticias asociada con los Guardianes de la Revolución (los temidos Pasdarán). En ella informaba de que 40 medios iraníes habían comprometido ese fondo durante una reciente Exhibición de Medios Digitales, y que la agencia había contribuido con 30.000 dólares. La oferta de estos órganos de propaganda elevaría a casi 4 millones de dólares la cantidad ofrecida hasta ahora por una organización religiosa, la Fundación 15 de Jordad.

Dado el penoso estado de las cuentas de los medios iraníes, que consistentemente requieren de ayudas estatales para sobrevivir, el anuncio suena a bravuconada. De hecho, es habitual que cuando se acerca el 14 de febrero, aniversario del edicto religioso dictado por Jomeini, las organizaciones ultras hagan algún gesto simbólico para recordar aquella decisión que motivó la ruptura de relaciones diplomáticas del Reino Unido con Teherán y su rebaja a mínimos por parte de los principales países europeos durante varios años.

Sin embargo, en esta ocasión, y dado que ya ha pasado una semana de esa fecha, el anuncio tiene otras connotaciones. Con las elecciones parlamentarias y a la Asamblea de Expertos previstas el próximo viernes, los ultras están sacando todo su arsenal para reafirmarse en las palancas de poder que aún controlan, los órganos no electos, las fuerzas de seguridad, la judicatura y los medios de comunicación.

Por supuesto, el Gobierno del moderado Hasan Rohaní se ha distanciado de la inoportuna ocurrencia que constituye otra piedra en su esfuerzo por abrir el país a la inversión extranjera y que pueda dejar atrás su estatuto de paria mundial. La salida de tono de la recompensa, tras el esfuerzo diplomático que le costó cerrar la crisis al presidente reformista Mohamed Jatamí (1997-2005) reafirma la voluntad de los ultras de boicotear cualquier apertura, ya expresada en el veto a la mayoría de los candidatos reformistas y moderados a las elecciones.

El infame llamamiento de Jomeini a matar a Rushdie obligó al autor a esconderse durante una década; su traductor al japonés fue asesinado en 1991 y otras personas implicadas en la publicación sufrieron ataques. Pero aunque los ultras siempre han defendido que la fetua sólo la puede anular el ayatolá que la emite, algo imposible ya que el líder de la revolución iraní murió en 1989 cuatro meses después de pronunciarla, el Gobierno de Jatamí se comprometió a no alentarla y logró rebajar el entusiasmo propagandístico de los inquisidores islámicos. No obstante, en 2005, el actual líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, defendió que seguía vigente y en 2012, bajo el bombástico presidente Mahmud Ahmadineyad, los exaltados del 15 de Jordad elevaron su oferta de 2,7 millones de dólares a 3,3 millones.

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