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Italia emerge como la voz más crítica con la política de Bruselas

Roma propone eurobonos para gestionar la crisis de refugiados

Italia emerge como la voz discordante más poderosa contra Bruselas y Berlín. Si hasta el momento las críticas eran solo verbales, el ministerio de Economía y Finanzas del Gobierno de Matteo Renzi ha elaborado un documento en el que carga con dureza contra la “insuficiente” respuesta de la Unión Europea a la sucesión de crisis que se cruzan por su camino, desde la económica y financiera hasta la migratoria. Y, ante el nuevo arreón de la Gran Recesión, pide en todos esos casos una receta parecida: flexibilidad en la aplicación de las reglas y mutualización de los riesgos. Berlín repudió los eurobonos para paliar la crisis financiera, pero ha mostrado un grado de apertura sospechosamente mayor con la crisis de refugiados, que está sintiendo en carne propia. Renzi advierte: “La UE no funciona. O Europa cambia o corremos el riesgo de desperdiciar el mayor proyecto de construcción de una institución política”.

Roma considera que es imprescindible una policía europea de fronteras —cuyo embrión ya está en marcha tras una propuesta de la Comisión Europea— y que el continente debe lidiar con la crisis de refugiados a través de la emisión de eurobonos. El suculento documento de nueve páginas, elaborado por el ministerio de Economía que dirige el ortodoxo Pier Carlo Padoan, explica que “la crisis de los refugiados es sistémica y necesita una respuesta europea”, y añade: “La policía europea y la gestión común de fronteras justifican el recurso a la mutualización de fondos, a través de un mecanismo como los eurobonos”. Matteo Renzi llamó también la atención el lunes sobre el posible rediseño de la programación presupuestaria de los próximos años. “Habrá que tener en cuenta que algunos países imaginan la solidaridad solo en una dirección”

Compartir riesgos

Pero Renzi va más allá e invita a la eurozona a compartir riesgos también en la gestión de la crisis económica. Italia lleva prácticamente 15 años estancada. Y está en medio de una batalla con Bruselas por las reglas fiscales: Roma quiere menos ortodoxia y más flexibilidad, ante una recuperación europea que considera “frágil y modesta”, y plagada de “riesgos a la baja”.

Renzi pone negro sobre blanco un torpedo en la línea de flotación de la política económica diseñada por la Comisión: apunta que Bruselas ha dado una respuesta “inadecuada” a la crisis. De hecho, asegura que el escaso crecimiento del PIB, apenas unas décimas, se debe “a la cura de caballo” que han supuesto los ajustes. Reclama inversiones y una política fiscal más favorable al crecimiento, en la línea de Mario Draghi, jefe del BCE. Carga contra los países que acumulan grandes superávits comerciales, como Alemania y Holanda, y reclama “más simetría en el ajuste”, a la vista de que hasta ahora es la periferia la que ha hecho un sobreesfuerzo.

Añade dos peticiones: flexibilidad en la aplicación de las reglas fiscales, y suavidad en la aplicación de la directiva de resolución bancaria, que obliga a imponer quitas (como las de los preferentistas de Bankia) si hay ayudas públicas al sistema financiero.

La banca italiana —junto al Deutsche Bank— ha sufrido un fuerte castigo en Bolsa en las últimas semanas. Los analistas auguran aún más jaleo. Italia prepara el terreno por si los riesgos acaban apareciendo: quiere que Bruselas aplique las reglas “evitando riesgos para la estabilidad financiera”. En plata: si hay que inyectar dinero público a la banca, Roma prefiere evitar las quitas a la manera de Bankia para sortear un nuevo capítulo de la crisis financiera en la eurozona. Las reglas permiten excepciones, siempre que haya “riesgos sistémicos”. Tanto los italianos como los alemanes llevan días sugiriendo que ese puede ser un escenario probable si la crisis sigue ahí durante mucho tiempo.

Berlusconi fue espiado por Estados Unidos

El Gobierno italiano convocó ayer al embajador de los Estados Unidos, John Phillips, para aclarar si, como ha publicado el portal Wikileaks, Silvio Berlusconi fue sometido a espionaje por la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) durante los días previos a la caída de su Gobierno, en noviembre de 2011.