“Voté al general. Me inspiraba confianza”

El análisis de argentinos que votaron en la primera elección que ganó Perón hace 70 años

El Partido Justicialista (PJ, peronista) ha quedado en la oposición tras las elecciones de 2015, después de 14 años en el poder, y este miércoles se reunirá en un congreso nacional para elegir sus autoridades y reorganizarse para recuperar el Gobierno argentino en 2019. El encuentro no se celebra en un día cualquiera sino cuando se cumplen 70 años de la primera victoria electoral de Juan Domingo Perón, en las presidenciales de 1946. Aquí, dos argentinos que votaron aquel 24 de febrero, uno a favor del general Perón y otro que anuló su sufragio, recuerdan aquel pasado y analizan el presente. En el medio han pasado 70 años en que el peronismo se ha ido reconvirtiendo y aglutinando dirigentes y militantes diversos, desde fascistas hasta progresistas, primero con Perón, después con el Gobierno del neoliberal Carlos Menem (1989-1999) y en los últimos 12 años con la izquierda de los Kirchner (2003-2015).

Humberto Martín es un pensionista de 89 años que en 1946 votó por primera vez. Entonces comenzaba a trabajar como operario de la fábrica de productos eléctricos de Philips en Buenos Aires. “Voté al general. Me inspiraba confianza. A pesar de mi juventud, entendí que estaba haciendo las cosas bien”, recuerda Humberto. Antes de llegar a la presidencia por las urnas, Perón había sido secretario de Trabajo, ministro de Guerra y después vicepresidente del régimen militar que en 1943 había depuesto a un gobierno conservador elegido con fraude. “Veníamos de sufrir muchos desencantos con gobernantes que no habían sido honestos en la función pública y que habían hecho cosas incorrectas contra los trabajadores. En cambio, Perón dio el derecho a los trabajadores a organizarse. Se abrían muchas fuentes de trabajo. Yo ganaba 12 pesos por día y con la mitad de eso me compraba un mocasín de primera línea. Hoy ya no es así”, cuenta este jubilado que trabajó como técnico electromecánico en el transporte de energía eléctrica en alta tensión.

Martín votó aquel 24 de febrero de 1946 en una isla del Delta del Paraná, cerca de Buenos Aires. Aquella campaña se polarizó entre Perón y el radical (centrista) José Pascual Tamborini, que reunió el apoyo desde los conservadores hasta los comunistas en la llamada Unión Democrática. Los opositores consideraban a Perón un remanente del fascismo derrotado un año antes en la Segunda Guerra Mundial. El peronismo planteó la votación como el dilema entre “Braden o Perón”: Spruille Braden era el embajador de EE UU. “Yo no me vi presionado por votar a Perón”, aclara Martín. “Yo pensaba que Argentina necesitaba un gobierno serio. Aquella vez Perón ganó holgadamente (con el 52,8%). Él volcó su liderazgo en beneficio del país, no de un sector. Fue populista, nacionalista, no quería que Argentina fuera solo una potencia agrícola sino industrial y tecnológica. Yo siempre lo voté (también en 1952 y 1973), pero no soy peronista. Indudablemente Perón fue progresando: cuando volvió del exilio (en el que estuvo entre tras el golpe de Estado de 1955 y hasta 1973), dejó de ser impulsivo y se abrió a todas las posturas políticas. Siempre hubo desacuerdos dentro del peronismo, pero quedó un remanente. El peronismo debe adaptarse a los tiempos”, opina el pensionista.

Perón murió en 1974 y su esposa Isabel lo sucedió en el Gobierno hasta el golpe dos años más tarde. “En el 89 vino el Gobierno de Menem, que tuvo sus aspectos positivos y negativos. Él consideraba que el Estado no era suficientemente capaz para dirigir la economia sino que debían estar las empresas. Y después, con los Kirchner, el propio peronismo deshizo la política de Menem, impuso una disciplina, no fue pluralista”, critica Martín.

Otro pensionista pero que sigue trabajando como periodista, Guillermo Almeyra, de 87 años, también votó en 1946. Pero este columnista del periódico mexicano ‘La Jornada’ no apoyó a Perón ni a Tamborini sino que fue de los pocos que votaron nulo. Quien ahora se define como trotskista, entonces era militante del Partido Socialista pero estaba en desacuerdo con que esa fuerza integrara la coalición con los conservadores. “No voté a Perón porque era él era clerical y quería controlar al movimiento obrero. Él había comprado a sindicalistas socialistas, comunistas y anarquistas con cargos en el Gobierno y cediendo a sus reivindicaciones, pero a mí no me gustaba su control estatal a los movimientos sociales, que reprimiera las huelgas y que la Iglesia controlara las universidades”, recuerda Almeyra. Aquel 24 de febrero metió en el sobre del voto un papel que él escribió con la leyenda “contra la oligarquía y el imperialismo, por el socialismo”. Recuerda que en el recuento electoral los antiperonistas decían: “Cuando lleguen los votos del asfalto (las calles céntricas), el resultado va a cambiar (a favor de Tamborini)”. “Pero ahí había sirvientas y porteros que votaron por Perón. Un dirigente socialista dijo entonces que la elección había sido un censo de analfabetos. Yo al año siguiente me fui del socialismo: las masas tenían razón de querer un cambio social porque la derecha y las clases cultas despreciaban a los hijos de inmigrantes españoles e italianos y a los que venían del interior (las provincias), los llamados cabecitas negras (los de cabello moreno). Ganó Perón, era el menos malo de los dos candidatos, pero yo estaba lejos de él”, analiza el periodista.

“El peronismo siempre tuvo sectores fascistas y progresistas”, recuerda Almeyra. “El peronismo no era un partido ni tenía un programa. Nunca funcionó como un partido sino como un sentimiento popular en torno a un caudillo. Busca mejoras para los obreros, pero dentro del sistema capitalista. Era antiimperialista y por eso lo apoyaban empresarios nacionales que lograban apoyo del Estado. Hoy peronismo no hay. (Mauricio) Macri (el actual presidente argentino, que pertenece al partido Propuesta Republicana, PRO), inauguró un monumento a Perón, pero hace lo que quiere EE UU y las multinacionales. Se formó con Menem. Cristina Kirchner tiene tanto de peronismo como yo de Marilyn Monroe: quiso desarrollar el capitalismo nacional con aspectos distributivos y asistencialistas que atenuaban la política capitalista. Lo pudo hacer mientras duraron los altos precios de las materias primas, pero después la situación cambió”, explica este columnista de ‘La Jornada’.

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