Las elecciones de hoy en Irán son clave para las nuevas generaciones

Muchos jóvenes iraníes sólo ven una salida en la emigración

Joven iraní introduciendo su voto en una urna. Imagen: Tima / Vídeo: Luis Manuel Rivas

Participación. Esa es la consigna ante las elecciones legislativas que Irán celebra este viernes. Con ella, el sistema islámico busca legitimarse; los reformistas, frenar el avance ultra. Por ello a última hora del miércoles, día de cierre de campaña, decenas de jóvenes repartían por las calles de Teherán propaganda de la Lista de la Esperanza, la alianza de reformistas y moderados que apoya al Gobierno de Hasan Rohaní. El resultado es clave para las expectativas de las nuevas generaciones, muchos de cuyos integrantes solo ven salida en la emigración. Tres millones de ellos votan por primera vez en estos comicios. Sin embargo, las autoridades iraníes no parecen dispuestas a que haya testigos de ese momento histórico. A diferencia de todas las elecciones anteriores, desde el advenimiento de la República islámica en 1979, los periodistas tienen vetado el acceso al interior de los colegios electorales. A consultas de este diario, los responsables se han enzarzado en confusas explicaciones sobre una falta de coordinación entre el Ministerio de Guía islámica (responsable de la prensa) y el Ministerio del Interior.

“Irán no es un lugar adecuado para vivir, es tercermundista, no ofrece posibilidades de progreso y solo nos queda emigrar”, declara Said Soltani, un estudiante de arquitectura de 22 años. “No podemos hacer planes a cinco, 10 o 20 años porque nuestro país no es estable y hay muchos factores fuera de nuestro control”, concurre su amigo Omid Niah, estudiante de psicología de 19. “No tenemos diversiones ni forma de desahogo lo que causa muchos comportamientos anómalos”, añade.

Ambos pasan la tarde del jueves en el parque Saei, en un barrio de clase media de Teherán. Soltani admite que ha pensado en emigrar a Estados Unidos, el sueño de muchos iraníes, aunque primero quiere acabar sus estudios y entonces decidirá. Niah no considera que el único remedio sea irse del país, aunque le gustaría hacer su máster en el extranjero. Para el aspirante a arquitecto, “la mayoría de los jóvenes que deciden quedarse son chicos religiosos que consideran que Irán es el centro del islam y que deben ayudar a su desarrollo”.

“No creo que el islam sea la mejor religión o la mejor ideología del mundo, ni siento el nacionalismo exacerbado de mis compañeros religiosos; no soy un fanático de Irán”, confía.

Campaña electoral a la iraní

Á. ESPINOSA

Los reformistas iraníes tienen a sus principales dirigentes, Mir-Hosein Musaví y Mehdi Karrubí, bajo arresto domiciliario. Del único que permanece en libertad, el expresidente Mohamed Jatamí, está prohibido utilizar su imagen, que los periódicos tampoco pueden publicar. Pero la imaginación de sus seguidores ha encontrado la forma de soslayar tan paranoica restricción: han realizado una fotografía de sus manos con la que han acudido a los mítines electorales y han dejado constancia de su lealtad.

El propio Jatamí ha combatido su obligada invisibilidad difundiendo un vídeo a través de Telegram, una popular aplicación de mensajería que el búnker iraní aún no ha bloqueado. “Quienes piensan en el interés del país, las reformas y el desarrollo, así como la eliminación de las amenazas  y restricciones, deberían votar por los candidatos de las dos listas –repito todos los candidatos de las dos listas- para avanzar en la mejora del honor del país y reforzar su seguridad y estabilidad”, pide el ex presidente.

Las dos listas a que se refiere son la del Parlamento y la de la Asamblea de Expertos elaboradas por el bloque de reformistas y moderados que respalda al Gobierno de Hasan Rohani. Los iraníes no disponen de papeletas con cada lista sino que tienen que escribir los nombres de los candidatos a los que quieren votar. En el caso de Teherán, hasta 30 para el Parlamento y 16 para la Asamblea. Pero no están obligados a escribir todos. Al pedirles que voten a todos los incluidos en cada una de las enumeraciones, busca reforzar las posibilidades de candidatos afines pero menos conocidos y frenar así el ascenso de los principalistas, cuyos votantes son muy disciplinados.

Pero el peculiar sistema iraní no pone las cosas fáciles. Como las listas no corresponden a partidos políticos sino que se elaboran tras pasar la criba del Consejo de Guardianes, se da la curiosa circunstancia de que algunos candidatos aparecen en varias de ellas. Con o sin su consentimiento.

Así se ha dado el caso del conservador moderado Ali Motahari, un verso libre en el actual Parlamento principalista, que además de encabezar la lista La Voz del Pueblo en Teherán, una amalgama de moderados y conservadores, también ha sido incluido en la Lista de la Esperanza, del bloque de reformistas y moderados que apoyan al Gobierno. Debido a las descalificaciones del Consejo de Guardianes, estos no disponían de suficientes afines para cubrir los 30 puestos en liza en la capital. Motahari, que no se muerde la lengua, ya ha dejado claro que él no ha pedido ir en esa lista.

No obstante, los dos dicen que van a votar este viernes, en unos comicios cuyo horario se va a extender dos horas más, según ha ordenado el Gobierno, por la alta afluencia. Niah, uno de los tres millones de iraníes que participa por primera vez en unas elecciones, lo considera “una responsabilidad”. “Hay que ejercer ese derecho porque la historia reciente demuestra que si no lo haces, entran en el Parlamento diputados que no representan a la mayoría y que toman decisiones que nos perjudican”, explica.

Soltani comparte el argumento. En 2013 votó a Rohaní en las presidenciales porque su predecesor, Mahmud Ahmadineyad, había rebajado la edad electoral a 16 años. “Nunca creí que fuera a hacer un cambio muy drástico, pero mi generación ya ha perdido ocho años con Ahmadineyad. La elección es entre la difícil situación actual o perderlo todo”, admite sin ocultar su frustración.

Nafisé Sadeguí, una estudiante de Informática de 18 años, también asegura que acudirá a las urnas. “Es importante porque se determina nuestro futuro; el Parlamento elabora las leyes y si elegimos a gente próxima a nuestra ideas, estas nos ayudaran”, defiende. De momento a ella le preocupa la falta de expectativas laborales para quienes terminan la universidad. “Muchos se ven obligados a trabajar en áreas alejadas de su carrera”, señala. Aun así no contempla la posibilidad de emigrar.

“Creo que en Irán tendré más éxito porque no conozco la cultura de otros países y aquí mi cultura y mi identidad pueden ayudarme”, argumenta antes de abandonar el parque con sus amigas.

Shahrzad Roshannahad y Romina Esmaili discrepan. Ambas estudian el bachillerato en la rama de diseño gráfico. “No tenemos la libertad que debiéramos; además al haber elegido una carrera artística, afrontamos más limitaciones”, explican. Cuentan, por ejemplo, que no pueden mostrar el cabello de las mujeres en sus ilustraciones y cuando hacen fotos para un trabajo, como el que esta tarde preparan en el parque Saei, tienen que extremar las precauciones para no haya nada que pueda interpretarse como político. Solo tienen 16 años, pero se sienten limitadas y ya intuyen que tendrán que buscarse su futuro fuera de Irán.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional citado a menudo por las autoridades iraníes, la República Islámica encabezaba en 2009 la lista de países que estaban perdiendo a su élite académica con una salida anual de entre 150.000 y 180.000 especialistas. Ese año, la represión de las protestas por la reelección de Ahmadineyad aceleró el número de jóvenes que se vio compelido a abandonar su país.

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