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La bandera confederada aún divide al sur de Estados Unidos

A los ocho meses de la matanza de Charleston, se mantiene como símbolo polémico

Una bandera confederada ondea, la semana pasada, en Carolina del Sur AFP

Chris Meserve, un blanco de 28 años, está contento de que la bandera confederada ya no ondee frente al Capitolio de Columbia. Carolina del Sur la retiró en julio tras la matanza racista en una iglesia de Charleston. El fundamentalista blanco que mató a nueve negros lucía en fotografías la enseña de los Estados esclavistas de la Confederación en el siglo XIX. “La bandera confederada no representa lo que somos ahora”, dice Meserve en el parque en que ondeaba en la capital de Carolina del Sur. “No vivimos en tiempos de guerra y esclavitud”.

Sin embargo, explica Meserve, persiste el debate. Pone de ejemplo la tensión vivida en el encuentro en Columbia en julio, tras la retirada de la enseña, de dos manifestaciones del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan y el grupo radical negro Black Panthers.

La confederada —un aspa azul con estrellas blancas sobre un fondo rojo— es un símbolo del sur de Estados Unidos. El tiroteo de Charleston en junio forzó a la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, a rectificar y pedir su retirada. El debate se extendió a todo el sur del país —varios Estados se plantearon reconsiderar su iconografía relacionada con la Guerra Civil—y llevó a varios gigantes comerciales a dejar de vender banderas confederadas.

Ocho meses después, ha habido pocos cambios. El sur es una región clave en la campaña de las elecciones presidenciales de noviembre. De los 12 Estados que celebran el martes elecciones primarias o caucus (asambleas electivas) para escoger al candidato demócrata y republicano, siete son sureños. Es la primera vez que el sur tiene tanto peso en el proceso de selección de los aspirantes. El republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton encabezan las encuestas. En el sur y en el resto del país.

Trump y Clinton, favoritos en el sur

El sur es un feudo del Partido Republicano. En los años sesenta, el Partido Demócrata, que hasta entonces había sido el partido segregacionista, impulsó las leyes que acabaron con la segregación racial y, en consecuencia, perdieron su hegemonía en el sur.

Un 13% de la población estadounidense es negra. En el sur, es el 20%. El 57% de los afroamericanos que hay en EE UU viven en el sur. El voto negro suele ser demócrata, lo que beneficia a Clinton, muy popular entre ese electorado.

El llamado Supermartes ha sido bautizado también como Primaria SEC en alusión al acrónimo de la conferencia de competiciones deportivas universitarias del sureste de EE UU. Los siete Estados que votan el martes son Alabama, Arkansas, Georgia, Oklahoma, Tennessee, Texas y Virginia.

Seis de ellos integraron la Confederación que perdió ante la Unión en la Guerra Civil. Cuatro mantienen alguna referencia a la Confederación en sus banderas oficiales.

La confederada es un símbolo divisivo. Los detractores la identifican con el fundamentalismo blanco y el trauma racial del sur: la esclavitud, abolida en 1865 tras el fin de la Guerra Civil, y la segregación de los negros que era legal hasta hace cincuenta años. Para los partidarios, es una seña identitaria y un legado histórico que es independiente de su connotación racial.

La Cámara de Representantes de Tennessee, de mayoría republicana, aprobó en febrero una ley que dificulta la retirada de monumentos históricos. Uno de esos monumentos es el busto que hay en el Capitolio estatal de Nathan Bedford Forrest, que fue general de la Confederación, comerciante de esclavos y uno de los fundadores del Ku Klux Klan. Tras el tiroteo de Charleston, el gobernador de Tennessee, el republicano Bill Haslam, pidió la retirada del busto. Tennessee es uno de los siete Estados sureños que vota el martes.

“No estamos tratando de preservar el racismo, estamos preservando la historia en la que crecimos”, esgrimió uno de los impulsores de la ley, el republicano Jeremy Faison, en el debate legislativo. “¿Qué es más importante a veces: preservar la historia para recordar a la gente lo que hemos hecho mal o hacer la difícil tarea de retirar algo para demostrar que hemos avanzado?”, le contestó el demócrata Harold Love, según recoge la prensa local.

En Mississippi, los líderes del Congreso anunciaron la semana pasada que carecen de apoyos suficientes para tratar de impulsar este año un cambio de diseño de la bandera estatal, que incluye en una esquina una reproducción de la confederada. Y el gobernador estatal, el republicano Phil Bryant, firmó una proclamación que declara el próximo abril “mes de la herencia confederada”.

Tras la matanza de Charleston, el líder del Congreso de Mississippi abogó por cambiar la bandera. El debate no es nuevo: la ciudadanía aprobó en referéndum en 2001 mantener la enseña actual, instaurada hace 122 años.

Algunos Estados sureños sí han hecho cambios. A la semana del ataque en la iglesia negra, el gobernador republicano de Alabama ordenó la retirada de cuatro banderas confederadas que ondeaban en un memorial frente al Capitolio estatal. Y Virginia ha prohibido a los descendientes de soldados confederados lucir la bandera en las matrículas de coche.

Jerry, un hombre negro nacido en Columbia hace 54 años, está convencido de que “nunca” se hubiera arriado la bandera confederada frente al Capitolio de Carolina del Sur si no hubiera tenido lugar la matanza racista de Charleston y si una de las víctimas no hubiera sido un senador estatal. “El debate antes era demasiado pequeño”, dice junto al hoyo en que se levantaba la enseña. “Históricamente, la bandera representa el mantenimiento de la esclavitud”.

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