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La defensa de Lula debilita al Gobierno de Rousseff

Arrinconado por las investigaciones en Petrobras, el expresidente ha recurrido a la estrategia de defenderse atacando. En menos de seis meses han caído tres ministros esenciales para Rousseff

Lula da Silva, durante un acto en São Paulo en mayo pasado AP

Luiz Inácio Lula da Silva ha dejado atrás el lema "Lulinha, paz y amor" que adoptó durante las elecciones de 2002, cuando fue elegido presidente de Brasil después de tres tentativas. Arrinconado por la Operación Lava Jato, que investiga tramas corruptas en la petrolera estatal Petrobras, ha recurrido a la estrategia de defenderse atacando. Y su víctima colateral es, curiosamente, su heredera, la presidenta Dilma Rousseff.

En menos de seis meses, y con un gran coste político para la mandataria, el partido ha movido tres piezas fundamentales del tablero de ajedrez de Rousseff: tres ministros que ella consideraba esenciales han sido sustituidos por aliados de Lula.

La primera víctima fue Aloizio Mercadante, que dejó la Casa Civil (un cargo comparable al de jefe de Gabinete) por la cartera de Educación. El segundo en caer fue Joaquim Levy, que dimitió como ministro de Hacienda después de ser atacado por el Partido de los Trabajadores (PT). El tercero, y, de momento el último, es José Eduardo Cardozo, que el lunes dejó Justicia por un cargo en la Abogacía General de la Unión. Levy fue sustituido por Nelson Barbosa, más popular en la base del PT. Los otros dos tuvieron como sustitutos personas de confianza de Lula. A la Casa Civil llegó Jaques Wagner, exgobernador de Bahia, muy unido al expresidente Lula, precisamente quien le presionó para aceptar el puesto. En el lugar de José Eduardo Cardozo, el exministro de Justicia, entra uno de los hombres de confianza de Wagner: el fiscal Wellington César de Lima y Silva.

La oposición ve el cambio del ministro de Justicia como un claro intento del partido de interferir en la Operación Lava Jato

La oposición ve el cambio del ministro de Justicia como un claro intento del partido de interferir en la Operación Lava Jato. Había sectores del PT que presionaban insistentemente para que Cardozo frenase el ansia de la Policía Federal por detener a Lula. “Ha dejado el cargo por sus cualidades, por no aceptar que los deseos criminales de Lula interfieran en la política. Es un honor salir así”, afirmó un diputado de la oposición, José Carlos Aleluia, del Partido Demócratas (DEM).

Era la tercera vez que Cardozo, fiel aliado de Rousseff, intentaba alejarse del Ejecutivo, pero esta vez la presidenta aceptó su solicitud. Y dejó claro algo que todo Brasil siempre supo o sospechó: quien manda de verdad en este Gobierno es Lula.

Mientras tanto, la presión crece sobre el expresidente. El sábado pasado, en la fiesta del 36º aniversario del PT, en Río de Janeiro, Lula dio señales de que esperaba que la Policía Federal lo llamase a declarar por sospechas de corrupción relacionadas con el caso Lava Jato. Lula expresó su temor de que la Justicia levante su secreto bancario y revele informaciones fiscales y registros telefónicos. “Si ese es el precio que tengo que pagar para probar mi inocencia, lo hago. Solo quiero que después me den un certificado de idoneidad”, dijo en tono irónico, para deleite de la audiencia. El expresidente insinuó también que las investigaciones en su contra son más mediáticas que correctas porque algunos fiscales están muy pendientes de los medios de comunicación.

Lula, cuyo discurso inflamado del sábado recordó a sus primeros tiempos en la política, cuando era mucho más agresivo, también se pronunció por primera vez sobre un tríplex en la costa y una casa de campo en São Paulo que le han puesto en la mira de las últimas investigaciones anticorrupción. “Yo digo que no poseo el apartamento (...) la empresa dice que no es mío. Y un ciudadano del Ministerio Público, obedeciendo tal cual al periódico O Globo y la Rede Globo, acostumbra a decir que sí lo es”.

Mientras el expresidente intenta librarse de las acusaciones y mantener alguna oportunidad de ser candidato en las elecciones de 2018, crece el caos en el Gobierno. El PT lanza últimamente severas críticas al Gobierno y algunos sectores del partido hablan, incluso, de la necesidad de separarse del Ejecutivo.

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