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Gurriel no verá a los Rolling

El pelotero fugado llega a Miami. Su huida plasma el desfase entre el ritmo de cambio del Gobierno cubano y las urgencias del pueblo

Yulieski Gourriel en el aeropuerto de Miami.

Yulieski Gurriel no verá al viejo Mick Jagger sacar la lengua en La Habana el próximo viernes 25 de marzo. La estrella del béisbol cubano, que se fugó el 8 de febrero del hotel de su selección nacional en Santo Domingo, aterrizó este miércoles en el destino que se le suponía desde que se esfumó: el aeropuerto de Miami. En una foto difundida por redes sociales, Gurriel posa delante de una multinacional del café, con una discreta sonrisa, haciendo el signo de la victoria.

Gurriel negociará su contrato con el equipo de las Grandes Ligas que le ofrezca más dinero

Ahora negociará su contrato con el equipo de las Grandes Ligas que le ofrezca más dinero. Se calcula que ganará entre 15 y 20 millones de dólares por temporada. A sus 31 años le quedan unos cinco de nivel competitivo alto. Su huida de Cuba significa que consideró que no podía esperar más para dar el salto a Estados Unidos, la cima del béisbol, una fortuna asegurada para él mientras a su cuerpo no se le pase la hora. En una entrevista en Santo Domingo días antes de escaparse, dejó dicho con claridad cuál era su objetivo: “Quisiera volver a jugar profesionalmente. Esa es mi esperanza. Es lo que quiero. Jugar donde se juegue al mejor nivel posible”. Se preveía que eso ocurriese cuando la Federación Cubana de Béisbol y la Major League Baseball llegasen a un acuerdo para que los peloteros cubanos pudiesen firmar contratos temporales con clubes de Estados Unidos, y que Gurriel sería el primero, el estandarte de un pacto que rubricaría en el juego de pelota la nueva relación entre los dos países en el juego político. Lo que no se sabía es cuánto tiempo podría pasar. Gurriel no quiso saberlo.

Su huida plasma, en una órbita de élite, el decalaje entre el ritmo de cambio del Gobierno de Raúl Castro y las urgencias de muchos cubanos de a pie a los que la perspectiva de una Cuba próspera se les hace larga, como indica el aumento de las migraciones. Por México, su principal puerta de entrada a Estados Unidos, llegaron desde el 1 de octubre de 2014 hasta el 31 de agosto de 2015 unos 27.500 cubanos, cinco veces más que en 2011. Uno de los factores del pico es el temor popular de que por la mejora de las relaciones, Washington decida retirar la Ley de Ajuste Cubano, que con argumentos humanitarios privilegia la regularización de los cubanos que llegan a Estados Unidos. Igual que Gurriel quiere su contrato, miles de sus paisanos quieren sus papeles.

Gurriel sería el estandarte de un pacto que rubricaría en el juego de pelota la nueva relación entre Cuba y EE UU

El desfase de ritmos crea paradojas. Mientras el mejor pelotero que quedaba en Cuba pasea su talento por Florida, en La Habana se repinta el Estadio Latinoamericano para recibir el 22 de marzo al presidente de Estados Unidos, que en su visita a Cuba asistirá al partido entre la selección cubana y los Tampa Bay Rays, el primero equipo profesional estadounidense que juega en la isla desde que lo hicieron los Orioles de Baltimores en 1999. En aquella ocasión Fidel Castro bajó al campo a saludar a los peloteros visitantes entre gritos de “¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!”. Los tiempos han cambiado. Esta vez se espera que el sonriente Barack Obama haga el saque de honor.

Tres días después le tocará el turno de los cada vez más habituales momentos históricos en Cuba (reapertura de la embajada en agosto, visita del Papa en septiembre) a los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva de La Habana. Estarán Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts. También estarán decenas de miles de cubanos que podrán entrar gratis, y una buena cantidad del caudal de turistas extranjeros que no deja de crecer desde el deshielo. No estarán los cubanos que siguen migrando. Ni tampoco el pelotero del bate de oro.

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