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“Tarde o temprano México deberá adaptar sus políticas de drogas al futuro”

El exlíder de los liberales visita el país norteamericano en medio del debate por la regulación de la marihuana

Nick Clegg, en la Ciudad de México.

Nick Clegg, el ex viceprimer ministro del Reino Unido y exlíder de los Liberales Demócratas, visitó México este miércoles con una certeza: “Estamos perdiendo la guerra contra las drogas”, afirmó en entrevista con EL PAÍS. El político británico reconoció que detrás de esta aseveración hay un matiz importante, que algunos países están perdiendo más que otros. “En Europa es un tema difícil de entender”, señala. “Reconocemos los problemas de salud pública, el tratamiento, los consumidores… Pero no compartimos esta crisis de violencia, donde los criminales ponen en riesgo la existencia del Estado, como hizo Pablo Escobar en Colombia en los años 90”.

La más reciente declaración de intereses de Clegg (Buckinghamshire, 1967) reveló que ha recibido 20.000 libras de Richard Branson. El magnate inglés, dueño de Virgin, lleva años invirtiendo fuertes sumas para acabar con el prohibicionismo que imponen las políticas de drogas actuales. Branson decidió respaldar a Open Reason, una organización sin fines de lucro que Clegg creó tras el fracaso electoral de mayo pasado, donde su organización perdió 49 escaños en el Parlamento y lo forzó a dejar el Gobierno.

Clegg fue condecorado por el presidente Enrique Peña Nieto en la residencia de Los Pinos por fortalecer los lazos entre México y el Reino Unido justo cuando el país norteamericano discute la regulación de la marihuana. Antes de visitar al mandatario, se reunió con los presidentes de las cámaras de diputados y senadores. “Me han dicho que no hay consenso, que la gente tiene opiniones diferentes. Eso es normal, pero al menos están entrando al debate. Tengo la impresión de que saben que en cierto punto, más pronto que tarde, México deberá adaptar las políticas de drogas al futuro”.

El miembro del Parlamento británico también visitó esta semana a Juan Manuel Santos en Colombia. Los encuentros con dos líderes cuyas naciones han sido afectadas por la guerra contra las drogas no son fortuitos. Son parte de la preparación rumbo a la cumbre especial sobre drogas que la ONU celebrará del 19 al 21 de abril en Nueva York.

“El consumo no ha bajado, el precio de las drogas no ha subido, el daño que hacen sigue ahí. Y los criminales están ganando todavía mucho dinero”, afirma Clegg en un excelente español. El político, integrante de la Comisión Global de Política de Drogas, admite que existen un cierto acuerdo del fracaso del prohibicionismo en algunos países de América Latina, Estados Unidos —al menos en los Estados que están legalizando la marihuana—, naciones europeas y Canadá, que se convertirá en el primer país del G8 que regula la marihuana.

Clegg, sin embargo, tiene pocas expectativas del encuentro de la Asamblea General. “No es realista pensar que tendremos grandes progresos”, afirma. La sesión de abril, conocida como UNGASS por sus siglas en inglés, enfrentará las visiones progresistas con los estilos represivos que predominan en países asiáticos y africanos y con la conservadora visión de China y Rusia. “En Rusia simplemente quieren matar a la gente que tiene contacto con las drogas, es una perspectiva completamente diferente”. A pesar de esto, se darán algunos pasos pequeños pero positivos. “Es posible reconocer que las políticas del pasado no han funcionado y que los Gobiernos nacionales tendrán bastante más flexibilidad y libertad para innovar en el tema”, dice Clegg.

Para impedir que triunfen las visiones conservadoras en la reunión de Nueva York, Clegg desea enfocarse en motivar al liderazgo europeo, que combate crisis en varios frentes: la inmigración, la economía, el terrorismo y el Brexit, la salida del Reino Unido y la Unión Europea. “Me preocupa que haya una cierta complacencia en Europa, no queremos hablar mucho del tema. El continente ha perdido su capacidad y su voluntad de impulsar cambios positivos”. Clegg sabe de lo que habla porque lo ha vivido. Sus intentos para avanzar en el tema en el Reino Unido fracasaron cuando se estrellaron contra los conservadores, sus aliados en el Gobierno. “El problema es que no fui primer ministro”, dice entre risas.

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