Xenofobia en Estados Unidos

México evita azuzar la hoguera xenófoba de Trump

El Gobierno mexicano se muerde la lengua ante los ataques del multimillonario para no hacerle el juego político, pero las voces de protesta crecen día a día

El candidato republicano Donald Trump se dirige a sus seguidores en Warren (Michigan). REUTERS

Morderse la lengua y esperar a que el fuego se apague. La postura oficial del Gobierno mexicano ante las invectivas de Donald Trump es evitar a toda costa azuzar las llamas. “Nosotros no estamos en campaña”, señalan altos cargos del entorno presidencial. El miedo a que una intervención desafortunada desde México pueda favorecer las expectativas electorales del multimillonario republicano hace extremar las cautelas. Pocos, muy pocos, son los encargados de dar contestación. Y cuando lo hacen, es evitando el cuerpo a cuerpo.

El primero en responder fue en junio pasado el secretario de Gobernación, Osorio Chong, uno de los políticos con más peso en el Ejecutivo y el mejor valorado dentro del PRI para disputar la presidencia. Al día siguiente de que Trump detonase su idea de construir un muro pagado por México para evitar la entrada de “drogas y violadores”, Chong tachó sus palabras de “prejuiciosas y absurdas” y recordó el valor de la inmigración en la construcción de los Estados Unidos. Fue posiblemente la contestación más directa y dura ofrecida desde México. No hubo segunda parte. Pronto llegó la llamada a la calma. La pauta la estableció el propio presidente Enrique Peña Nieto. “Condenaremos cualquier expresión descalificatoria y discriminatoria contra México, pero no quiero hacerle el juego político a alguien que está en campaña electoral”, afirmó el mandatario.

Este dique de contención se mantenido a rajatabla por parte del Ejecutivo. Pero fuera bulle la indignación. Las voces contra Trump abarcan todo el espectro político, incluidos antiguos dignatarios. El expresidente Vicente Fox (2000-2006) fue de los primeros en disparar: “Trump es un fanfarrón, presumido, ignorante que no tiene ni idea de lo que es sentarse en la silla presidencial”, dijo. En la andanada le siguió el exmandatario Felipe Calderón (2006-2012), quien acusó al multimillonario de ser un racista y utilizar un discurso similar al de Adolf Hitler. “Está convirtiendo a Estados Unidos en un vecino que todos van a terminar odiando y repudiando”, afirmó.

La palabras de ambos ex presidentes reflejan un sentir muy extendido. Pero también la profunda sorpresa que está causando en México el avance del candidato republicano, al que en un principio no se consideraba más que un estrambote electoral. “Trump nos usa para cosificar ese enemigo que una parte de la sociedad de Estados Unidos busca para volcar sus miedos e inseguridades. El Gobierno de México está cometiendo un error muy grave por dejar escapar una oportunidad de explicar a los estadounidenses quiénes somos. Es el momento de que sepan los problemas que nos ocasiona su comercio de armas, es el momento de que descubran que no somos sólo meseros, jardineros y narcos”, comenta el profesor-investigador del Colegio de México Sergio Aguayo.

Aunque desde un ángulo bien distinto, en el Ejecutivo también se lamenta que los insultos de Trump hayan empañado la visión que se tiene en Estados Unidos de México, enterrando los avances logrados en los últimos años. Citan la creación de una agenda común, más allá de los temas de seguridad, y sobre todo, la intensidad de una balanza comercial que supera el medio billón de dólares. “La ubicación de México en las elecciones no es la adecuada, la discusión no refleja la profunda y positiva relación bilateral; seis millones de empleos dependen en Estados Unidos del comercio con México, cada minuto se comercia un millón de dólares”, indican desde Los Pinos.

Para sortear este escollo, el Ejecutivo mexicano va a dirigirse a los candidatos para darles información pormenorizada sobre estos vínculos. Pero más allá de este tímido intento, que seguramente quedará acallado por el estruendo de Trump, las esperanzas en la cúpula gubernamental están puestas en que las tornas cambien para el multimillonario. “ La propia dinámica electoral hará que se diluya su discurso. Los más preocupados son ahora mismo los propios republicanos”, destaca un alto cargo del entorno presidencial. Un deseo que se troca en hielo cuando se les recuerda la posibilidad de que el próximo presidente de Estados Unidos se llame Donald Trump: “México dará la bienvenida a quien decida el pueblo estadounidense”. Esa es la contestación oficial. Pero detrás late una profunda inquietud. La que México siente ante la xenofobia desatada por el republicano.