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La UE estrecha lazos con Turquía pese al autoritarismo de Erdogan

Los Veintiocho celebran hoy una cumbre crucial con el primer ministro turco

Erdogan se prepara para soldar la última pieza de un nuevo puente en Estambul. Vídeo: Reuters Quality

La UE y Turquía tratarán hoy de cambiar el rumbo de la crisis de los refugiados. Los Veintiocho reciben en Bruselas al primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, un encuentro que Europa considera crucial para lidiar con la ola migratoria que provoca la guerra en Siria. La apuesta es arriesgada. Ante las dificultades del Viejo Continente para gestionar conjuntamente unos flujos muy inferiores a los que afronta el vecindario sirio, Bruselas lo fía todo a que Turquía contenga las salidas. Pero la deriva autoritaria de Ankara lo convierte en un socio imprevisible.

El agravamiento de la crisis de refugiados, con fronteras cerradas en Europa y planes de asistencia humanitaria para atender a quienes quedan bloqueados en Grecia, ha elevado las expectativas sobre la cumbre UE-Turquía. Los líderes comunitarios creen que constituye la última oportunidad de mostrar liderazgo en un asunto que está erosionando el proyecto europeo más aún que la crisis financiera iniciada en 2008. Y para ello harán acopio de todos los instrumentos disponibles.

El cambio debe aplicarse en dos direcciones: respecto a Turquía y también en el seno de la UE. Por eso la reunión se estructurará en dos partes, una primera con el primer ministro turco y otra solo de los Veintiocho, que tratarán por enésima vez de coordinar políticas. En el entendimiento con Ankara reina el mayor optimismo. “Hemos visto progresos, aunque por supuesto no podemos esperar que los flujos [de refugiados hacia la UE] se reduzcan a cero”, admite una alta fuente europea. “Ahora hay más confianza en el Gobierno turco, se ha producido un cambio de actitud”, conceden fuentes diplomáticas.

25 muertos en un nuevo naufragio en el Egeo

El drama de los fallecimientos en el mar Egeo está lejos de concluir, por mucho que se estreche el control sobre las salidas desde Turquía.

La guarda costera turca rescató ayer a 15 personas cuya embarcación naufragó, pero otros 25 migrantes fallecieron, según informaron las autoridades a la agencia AFP.

El barco había partido de la costa de Didim, en el suroeste turco, rumbo hacia Grecia. Se desconocen las nacionalidades de los fallecidos, cuyos cuerpos intentaba recuperar la guardia costera.

La UE avala ese giro con varios indicadores. La semana pasada Turquía aceptó, por primera vez, que Grecia le devolviera 308 migrantes económicos —es decir, sin derecho a asilo— dentro de un acuerdo entre ambos países que hasta ahora era papel mojado. Además, Turquía ha impuesto obligación de visado a 70 países de la región a requerimiento de la UE, que veía cómo ciudadanos de Marruecos, Pakistán u otros Estados aprovechaban la facilidad de desplazamiento a territorio turco para, desde allí, embarcarse hacia Europa. El visto bueno turco a que barcos de la OTAN patrullen sus aguas en busca de traficantes, la apertura del mercado laboral a los refugiados sirios y el compromiso de escolarizar a los niños huidos de la guerra completan la lista de gestos que Bruselas percibe en Ankara.

Las cifras de flujos son menos convincentes. La Comisión destaca que, mientras en octubre las salidas de Turquía a Grecia superaron las 200.000, en febrero apenas han excedido las 50.000. Aun así, la meteorología de octubre no es comparable a la de febrero y si se toma como referencia el arranque de 2015, las entradas detectadas este año son 38 veces superiores, según datos de Frontex. Durante todo el año pasado recalaron en la UE más de un millón de personas. Y Turquía acoge a más de 2,5 millones de refugiados.

Alejar el fin de Schengen

Aunque los Veintiocho logren salir airosos de su encuentro con Davutoglu, nada les garantiza el control de los flujos. En primer lugar, por la incierta evolución de la guerra en Siria, que entra en un impasse con el alto el fuego. Y también por la escasa fiabilidad que pueden ofrecer unas autoridades turcas caracterizadas por el puño de hierro de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, que en los días previos a la cumbre ha violado los usos democráticos al intervenir el principal periódico del país por criticar al régimen.

Más allá de la foto con el mandatario turco, los jefes de Estado y de Gobierno deberán ser capaces de alejar la amenaza del fin de Schengen, con el mosaico de suspensiones temporales que rigen en el área de libre circulación. “Tenemos una prueba en esta cumbre. ¿Decidirán los países seguir actuando individualmente? Porque eso es el fin de Schengen. Habrá una discusión difícil”, augura la alta fuente comunitaria.

Tras aprobar el programa de ayuda humanitaria a Grecia, la Comisión confía en que Atenas acceda a hacerse cargo de los migrantes que puedan quedar atrapados en su territorio a cambio de acelerar las devoluciones a Turquía y el reparto de refugiados entre países. Aunque evoluciona a velocidad exasperante, el programa para reubicar a 160.000 personas en dos años se ha acelerado en la última semana hasta sumar 660. Y las acogidas directas desde los países vecinos a Siria suman 3.407. Un avance mínimo, aunque en las próximas horas puede haber más anuncios esperanzadores por ese flanco.

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