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Una matanza atiza el descontento en Honduras tras el crimen de Berta Cáceres

Tres días después del homicidio de la ambientalista, un grupo disfrazado de policías mató a tiros a 12 personas en un billar en Tegucigalpa

La policía nacional permanece afuera del billar tras el ataque armado. AFP

Honduras, país que sigue estremecido por el asesinato el pasado jueves de una prestigiosa líder indígena, activista de derechos humanos y defensora ambientalista, es ahora conmocionado por la matanza de 12 hombres en un ataque a tiros a un salón de billar perpetrado por pistoleros disfrazados de policías. El homicidio ocurrido la madrugada del pasado jueves de la activista Berta Cáceres -de 45 años y con cuatro hijos- en su casa en el suroccidente de Honduras, y la matanza el sábado por la tarde en un barrio del suroeste de Tegucigalpa en un aparente ajuste de cuentas entre organizaciones criminales, volvieron a hincar en la violencia al país más pobre de Centroamérica.

El grupo criminal que atacó el billar ya está identificada, dijo el comisionado Héctor Iván Mejía, jefe de operaciones de la Policía de Honduras, aunque se abstuvo de revelar los entretelones del caso. “Los vamos a identificar, los vamos a encontrar, los vamos a enjuiciar”, garantizó.

En declaraciones a medios hondureños de prensa, Mejía confirmó que cinco hombres ataviados de policías ingresaron al salón y anunciaron que harían una inspección o registro de rutina, pero sorpresiva e indiscriminadamente empezaron a atacar con sus armas automáticas. En el sitio perecieron siete personas, cuatro fallecieron en centros de salud y una murió al ser alcanzada por los atacantes cuando estaba a bordo de una motocicleta en las afueras del salón; el ataque dejó varios heridos.

Pese al escenario de convulsión social que sacude a un país que está entre los más violentos e inseguros del mundo, el gobernante y derechista Partido Nacional (PN) aseguró en una multitudinaria convención efectuada este fin de semana en Tegucigalpa que Honduras avanza por una senda de cambios, con generación de empleo, fortalecimiento de la educación, protección de las mujeres, combate a las maras o pandillas extorsionistas, programas de salud y lucha contra la pobreza.

“Queremos seguir disfrutando del gobierno de cambios que solo (el presidente) Juan Orlando Hernández le puede dar a Honduras”, proclamó la diputada Gladis Aurora López, presidenta del PN.

En un país con 22% de analfabetismo en el área rural y 7% en la urbana, datos oficiales muestran que dos terceras partes de sus 8,7 millones de habitantes viven en pobreza y 42% en extrema pobreza, mientras el 10% que recibe los ingresos más altos acapara el 42% del ingreso nacional y el 10% más bajo solo recibe el 0.17%. 

Aunque la administración de Hernández ya cruzó la mitad de sus cuatro años de una gestión que inició en enero de 2014, el panorama de malestar nacional se intensificó con el asesinato de Cáceres, un hecho que ha sido profundamente repudiado dentro y fuera de Honduras por organizaciones indigenistas, ambientalistas y de derechos humanos de la sociedad civil que lo atribuyen a una venganza por su intenso trabajo en defensa de las mujeres, los indígenas, los derechos humanos y el medio ambiente.

A pesar de que la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes bajó de 68 en 2014 a 62 en 2015, según datos del Observatorio de la Violencia de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el Gobierno de Estados Unidos aseguró en un informe emitido la semana anterior que “sigue siendo muy alta”.

El caso de Cáceres “conmociona mucho y puede tener mucho impacto en la gobernabilidad del país”, advirtió la hondureña Julieta Castellanos, rectora de la UNAH, a una consulta de EL PAÍS. “Si pasan muchos días y el caso no se resuelve, se va a afectar la gobernabilidad”, adujo.

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