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Los campos de migrantes proliferan en la costa oeste de Francia tras el desmantelamiento de Calais

Hoy se pone en marcha el primer campamento de refugiados de normativa internacional en el país

Un niño ofrece flores a la policía este lunes en una manifestación contra el desmantelamiento de la Jungla de Calais. EFE

De Turquía a la costa oeste francesa. La franja entre Calais y la frontera belga se ha convertido en la penúltima estación para muchos inmigrantes y refugiados que aspiran a establecerse en el Reino Unido. Mientras las excavadoras terminan en la Jungla de Calais su trabajo de desmantelamiento, otras pequeñas junglas proliferan en la zona: Angres, Norrent-Fontes, Steenvoorde y Grande-Synthe. En esta última ciudad, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha realizado un trabajo inédito: la construcción de un campamento de refugiados de normas internacionales en suelo francés.

La crisis migratoria europea toca muy de cerca a Francia, un país que está incumpliendo su compromiso de acoger a 30.000 refugiados en dos años como cuota europea. Solo ha aceptado a entre 500 y 1.000. A ello se une la resistencia de los que llegan a ser fichados en este país para no tener que pedir asilo en Francia. Así es como en Calais se han llegado a establecer en condiciones insalubres más de 5.000 refugiados de distintas nacionalidades. Muchos logran cada semana pasar al Reino Unido.

El Gobierno de François Hollande, dispuesto a encarar el problema, ha realojado en Calais a una parte de los refugiados en 125 contenedores con capacidad para 12 personas cada uno y ha repartido a cientos de ellos en otros centros de acogida del país mientras desmantela las tiendas de plástico y maderas. El efecto secundario es la proliferación de pequeñas junglas hacia el norte con el objetivo de quedarse cerca del Canal de la Mancha para cruzar el mar.

La jungla de Grande-Synthe es la más amplia de estos nuevos asentamientos. Cerca de esta pequeña población de 20.000 habitantes viven en condiciones insalubres otros 3.000 inmigrantes y por primera vez se ha construido en suelo francés un campamento humanitario al que han empezado a llegar esta mañana los primeros moradores. Este campamento de Grande-Synthe cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de la ciudad, regido por Damien Carême, de Europa Ecología-Los Verdes.

MSF ha construido 200 cabañas de madera con calefacción, aseos y tomas eléctricas con capacidad para cuatro personas cada una de ellas. El asentamiento está ya disponible para unas 800 personas, pero pronto podrá acoger a más de 2.000 en condiciones medianamente dignas con las normas internacionales que rigen para campos similares en zonas de conflicto. El coste para MSF ha sido de 2,6 millones de euros y de 500.000 para el Ayuntamiento, que considera que el mantenimiento, en el que colaboran varias organizaciones humanitarias, será de 2,5 millones anuales. La ONG Utopia 56 se encargará de la gestión. Son cifras muy alejadas de las que manejan las autoridades francesas en Calais: 16 millones anuales sufragados por el Estado francés y la Unión Europea solo para su funcionamiento. Al nuevo campo de MSF irán a parar fundamentalmente kurdos provenientes del campamento ya existente de Grande-Synthe y de Calais. Todos ellos lo hacen voluntariamente, según MSF.

Ni el nuevo campamento humanitario ni el de Calais tienen capacidad suficiente para alojar a los más de 7.000 inmigrantes que malviven en esta pequeña franja de la costa francesa, que limita al norte con la frontera de Bélgica, que ha restablecido los controles para frenar el flujo de personas hacia Ostende.

Cientos de comerciantes y ciudadanos de Calais, mientras tanto, han desembarcado hoy en París para protestar ante el Gobierno por la difícil situación económica y social que sufren debido justamente a la Jungla. El jueves pasado, Londres se comprometió a aumentar su contribución a Francia hasta los 82 millones de euros para reforzar el control del puerto de Calais y el túnel bajo el Canal de la Mancha. Ese dinero ayuda también a mantener los centros de acogida en el continente.

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