ANÁLISIS

Esta dependencia de Turquía es arriesgada

Los países sí están obligados a permitir que los refugiados busquen asilo

Migrantes reciben alimentos este martes en el puerto de El Pireo (Grecia). EFE

La cumbre entre la Unión Europea y Turquía indica un cambio en la estrategia migratoria europea. Tras el fracaso de la UE para alcanzar un acuerdo interno, ahora centra sus esfuerzos en lograr un pacto externo. Una vez cerrado un acuerdo, Turquía probablemente acepte la readmisión de migrantes irregulares e introduzca controles de movilidad más estrictos. A cambio, la UE entregará a Turquía miles de millones de euros y se compromete a acelerar las conversaciones de adhesión del país a la UE. Turquía también está exigiendo que por cada persona devuelta, al menos un refugiado sirio sea reasentado en Europa.

Esta “estrategia de contención turca” se ha convertido en el plan A de Europa, y no hay plan B. Tras los atentados de París y las agresiones en Colonia, y ante el aumento de la xenofobia, cerrar la ruta de los Balcanes se ha convertido en el objetivo principal de los Gobiernos europeos. Sin embargo, este cierre ha dejado aislada a una Grecia ya asediada, cuyas islas son escenario de la tragedia y el caos. La cumbre del 7 de marzo contemplaba dos mecanismos de apoyo al país heleno: el acuerdo con Turquía y la creación de un programa centralizado de reasentamiento por toda Europa para las personas reconocidas como refugiados en Grecia o reasentadas desde Turquía. Sin embargo, esto último ha resultado políticamente inviable hasta el momento, y ahora la UE parece depender completamente de la cooperación turca.

Esta gran dependencia de Turquía para que funcione el acuerdo entraña enormes riesgos.

En primer lugar, a efectos prácticos, el compromiso de Turquía solo es posible merced a la particular dinámica de la política turca. La distribución de la base de votantes de Erdogan, la religión compartida por la mayoría de los turcos y los sirios, la población alauí en el sureste del país y el deseo de Erdogan de satisfacer a la comunidad internacional son los factores que permiten a Turquía acoger a tantos refugiados sirios. Pero eso podría cambiar. Hasta ahora, el Gobierno turco se ha apresurado a culpar a los kurdos de todos los atentados terroristas en suelo turco. ¿Pero qué ocurriría si estallase una bomba en Estambul? Si esa percepción cambiara, ¿seguiría el electorado turco acogiendo de buena gana a los sirios?

En segundo lugar, existen desafíos para los derechos humanos. La semana pasada Turquía cerró Zaman, uno de los principales periódicos de la oposición. Erdogan tiene un historial nefasto en materia de derechos humanos, muestra muy poco respeto por la democracia y ha atacado a sus propios ciudadanos. Europa ya ha tenido experiencias negativas colaborando con regímenes autoritarios, como la Libia de Gadafi, en cuestiones migratorias. Emparejarse con Erdogan y ofrecerle unos incentivos tan suculentos con tan pocas condiciones amenaza con socavar aún más los valores liberales esenciales de la Unión Europea.

En tercer lugar, el acuerdo con Turquía podría ser incompatible con nuestras obligaciones conforme al derecho internacional de los refugiados. Los Estados miembros de la UE, a diferencia de Turquía, han ratificado todas las convenciones internacionales relevantes sobre refugiados. Aunque no están obligados a ofrecer asilo a todo el que llegue, sí tienen la obligación de permitir que los refugiados, como mínimo, busquen asilo. Recurrir al despliegue naval de la OTAN para desmantelar las redes de los traficantes amenaza con impedir el acceso a poblaciones vulnerables, y solo conseguiría desviar las rutas del tráfico de personas.

Sigue sin quedar claro el tipo de personas que la UE devolverá a Turquía y el trato que recibirán; en caso de expulsar a todos los ciudadanos no sirios, se correría indirectamente el riesgo de volver a someter a la persecución a personas que podrían tener buenos motivos para buscar asilo en Europa. Es más, el acuerdo no hace absolutamente nada para desincentivar los peligrosos viajes a través del Egeo; si acaso, refuerza el tráfico de personas como la única ruta viable hacia Europa.

¿Qué deberíamos hacer? Europa necesita una política de refugiados con una dimensión tanto interna como externa. Por supuesto, es fundamental cooperar con los principales países de acogida de ciudadanos sirios: Turquía, Líbano y Jordania. Deberíamos fomentar el acceso a trabajos, educación y oportunidades sostenibles para los refugiados en esos países. Pero también tenemos que preservar el asilo en Europa y trabajar para reconstruir el fallido Sistema Europeo Común de Asilo de la UE. Es indispensable que siga ofreciéndose un acceso seguro al asilo en la UE, un reasentamiento directo desde los países vecinos de Siria y un reparto equitativo de la responsabilidad entre los 28 Estados miembros.

Alexander Betts es director del Centro de Estudios sobre Refugiados de la Universidad de Oxford. Se le puede seguir en Twitter en @alexander_betts.

Traducción de News Clips.

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