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ANÁLISIS

Francia, economía en estado de emergencia

Los problemas de la segunda economía de la eurozona responden a una debilidad que viene de lejos

Un nutrido grupo de jóvenes protestaba este miércoles en París contra la reforma laboral de Hollande. Getty Images

El presidente de Francia, François Hollande, declaró el pasado mes de enero el “estado de emergencia económica” e insistió en la necesidad de adoptar medidas “de forma que el crecimiento sea más robusto y la creación de empleo, más abundante”. En contra del tono utilizado por Hollande, que recordaba deliberadamente al estado de excepción decretado tras los atentados de París del pasado mes de noviembre, los problemas de la economía francesa no responden a un episodio puntual de crisis sino que vienen de lejos.

Ni siquiera el abaratamiento del precio del petróleo, el tipo de cambio favorable del euro o las propicias condiciones financieras han sido capaces de sacar a la segunda economía de la eurozona del estancamiento en el que está inmersa desde hace años. En 2015, Francia registró un incremento del PIB del 1,1%, el mayor ritmo desde 2011 pero insuficiente para que reducir el desempleo de forma sostenida, como reconoce el propio Ejecutivo. La tasa de paro apenas se redujo una décima y se situó a finales del año pasado en el 10,3% de la población activa, el doble que la alemana. La mayor parte del empleo creado en los últimos doce meses se produjo en el ámbito del sector público.

“Más que de un estado de emergencia temporal estamos hablando de un estado permanente de debilidad”, explican Roger Bootle y Jonathan Loynes, de Capital Economics en Londres.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha venido advirtiendo en diversos informes de los problemas estructurales y de competitividad que arrastra la economía francesa, relacionados con los bajos niveles de inversión, una profunda rigidez del mercado laboral y escasa productividad.

En Francia, recuerda Thibault Mercier de BNP Paribas, el incremento de la productividad se viene frenando desde los años 70, cuando crecía a ritmos anuales superiores al 3% frente al 0,7% registrado desde el año 2000 y apenas el 0,3% desde la crisis financiera de 2008. En el caso de la inversión, el principal problema está más relacionado con la calidad que con la cantidad. “En Francia, por ejemplo, el uso de robots en la industria es mucho menor que el de Alemania o Italia”, apunta Mercier.

Cuando la productividad se estanca, el crecimiento potencial —la tasa que la economía podría alcanzar si no dejara ningún recurso sin utilizar— se reduce y esa es claramente una mala señal. El crecimiento potencial de Francia se sitúa en apenas el 1%, una tasa que no se puede más que calificar de crecimiento a cámara lenta.

Los analistas consideran que la economía seguirá este año una senda no muy distinta de la de 2015 y que las medidas anunciadas por Hollande hasta la fecha apenas servirán para compensar la desaceleración que se observa en el crecimiento desde principios de año. Como insisten Bootle y Loynes, resolver esa debilidad estructural no será algo rápido ni sencillo.

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