El Gobierno francés empieza a ceder ante la protesta contra la reforma laboral

A los empresarios les saldrán más caros los contratos temporales

Un grupo de manifestantes protestan este miércoles contra la reforma del trabajo. "No somos ganado", dice una pancarta. AFP

La presión de la calle nunca cae en saco roto en Francia, donde cada movilización popular es seguida de inmediato por una rectificación gubernamental. Es lo que sucede ya con la reforma laboral cuando aún no se ha presentado oficialmente. Al día siguiente de que cientos de miles de estudiantes salieran a la calle, el Gobierno ha anunciado este jueves las primeras cesiones concretas en beneficio de los trabajadores más jóvenes. En los próximos días se esperan otras más contundentes para alivio de la izquierda y los sindicatos, de un lado, y la alarma de la derecha y la patronal, de otro.

Los empresarios tendrán que aumentar considerablemente las cotizaciones sociales si suscriben contratos temporales en lugar de indefinidos. Los jóvenes son los más afectados. Es la primera cesión enunciada este jueves por la ministra de Trabajo, Myriam El Khomri, en una entrevista en la emisora France Info. Ahora, ocho de cada diez contratos en Francia son temporales gracias a las facilidades legales para ello –se pueden encadenar esos contratos y el despido es gratis- y el propio Gobierno ha denunciado esa situación.

Ya hace dos años que los sindicatos reclaman esa medida –subir las cotizaciones-, pero el Gobierno socialista rechazó hacerlo por la negativa de la patronal. 24 horas después de la movilización juvenil en las calles, al presidente François Hollande le parece muy negativo que haya tanto contrato temporal. "El indefinido es la vía normal para entrar en una empresa. Hoy no es así", dijo este jueves durante su visita a una empresa.

Ahora, las asociaciones de pequeñas y medianas empresas critican las palabras de la ministra. Argumentan que, si se encarecen esos contratos, se creará menos empleo y que no habrá más indefinidos porque, en caso de tener que recurrir a despidos, resultan mucho más caros.

La cláusula por la que se obliga a los aprendices a trabajar hasta 40 horas semanales será suprimida

La segunda cesión, aunque menor, también beneficia especialmente a los jóvenes. El proyecto de reforma laboral contempla que los aprendices puedan trabajar hasta 40 horas por semana, pese a que sigue vigente la ley que fija como norma sagrada el límite de 35 horas para todo trabajador. El Khomri ha dicho que quizás se suprima ese apartado. “Está sobre la mesa”.

El primer ministro, Manuel Valls, el político que mantiene las posiciones más duras en este terreno, ya admitió esa posible marcha atrás para los aprendices en una tensa reunión con el grupo parlamentario socialista, donde más de la mitad de diputados exigen también rebajas en el proyecto. “El Gobierno ha emprendido este camino del socialreformismo a la francesa que nos lleva al desastre electoral”, afirma un diputado crítico con el Ejecutivo.

Las reacciones contra el proyecto, el más contestado desde que los socialistas llegaron al poder en 2012, han originado airadas reacciones en toda la izquierda, los sindicatos y las organizaciones juveniles. El Gobierno difundió extraoficialmente el texto a mediados de febrero. Estaba previsto que el Consejo de Ministros lo aprobara el 9 de marzo pero, a la vista de las protestas, Valls retrasó esa presentación al próximo 24. “Para abrir un periodo de diálogo”, ha reiterado el primer ministro.

“Valls ha ganado tiempo para ver el nivel de la movilización”, dice ese diputado socialista crítico. El primer ministro ya ha recibido estos días por separado a sindicatos y patronal. El 14 los reunirá a todos. Y para este viernes, por vez primera en estos años, ha citado en su despacho a los dirigentes de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), la organización que este miércoles sacó a las calles a entre 224.000 y 500.000 manifestantes.

Pese a estas iniciales cesiones, tanto Valls como el ministro de Economía, Emmanuel Macron -su mayor apoyo en esta “deriva liberal”, como lo definen sus críticos- mantienen una línea de firmeza y aseguran que habrá cambios en el proyecto, pero que no será descafeinado. La derecha sí teme que quede aguado. Nicolas Sarkozy, líder de Los Republicanos, ya ha dicho al diario Le Monde que al final “la montaña parirá un ratón”.

Las cesiones enunciadas hasta ahora no afectan a los tres puntos más emblemáticos que los sindicatos exigen cambiar o simplemente retirar: las facilidades para despidos colectivos en caso de pérdidas en las empresas, la limitación a la baja de las indemnizaciones por ruptura de contratos y la consideración de los acuerdos en las empresas como ley superior a los acuerdos sectoriales.

Mientras Valls y Macron hacen de policías malos, Hollande hace de bueno. “Escuchar a los sindicatos” o “hay que estar abiertos al diálogo” son las frases que reitera estos días. Este jueves ha comentado que "forzosamente" tendrá que haber "mejoras y correcciones". A él se achaca la decisión de atrasar la presentación del proyecto de ley. Y por su actitud más propicia a dar marcha atrás es por lo que Valls ha llegado a pensarse su dimisión, según diversos medios, aunque él lo desmiente.

Más información