De desplazados por el conflicto a ‘reyes’ del chocolate colombiano

Tras perderlo todo, una familia de pequeños agricultores se transforma en proveedora de cacao del principal fabricante de chocolates de Colombia

En 2007, Rubiel Ríos Andrade y su familia llegaron con lo poco que tenían a lo que es ahora su pequeña granja en San José, en el norte de Colombia. Hoy, miles de colombianos lo “conocen”: el cacao que cultiva es insumo en una de las marcas de chocolate más famosas del país.

Desplazados por el conflicto armado, sin empleo y en un lugar desconocido, la familia Ríos Andrade fue reconstruyendo su vida poco a poco y comenzó a cultivar cacao. Pero sabían poco sobre el tema, las cosechas no rendían todo su potencial y era difícil vender las semillas.

Hasta que se toparon con algo que les cambió la vida. Rubiel y otros 43 miembros de la asociación de Productores Campesinos de la Serranía del Perijá (ASPROCASPE) se aliaron con la principal empresa chocolatera del país, la Compañía Nacional de Chocolates, para vender sus cosechas.

Además, recibieron apoyo técnico para mejorar el proceso de fermentación, y ahora venden ‘cacao premium’. El resultado: precios más altos y mejores ingresos, que en promedio aumentaron en un 29 por ciento.

Esta es solo una de las más de 800 iniciativas del Programa para Apoyo a Alianzas Productivas (PAAP), respaldado por el Banco Mundial, que benefició a más de 55.000 hogares de pequeños productores en toda Colombia. Este programa está presente en muchos países de la región y ha servido de puente entre pequeños agricultores locales y los mercados nacionales y globales. Miles se benefician de este tipo de iniciativas en América Latina, por ejemplo en Bolivia,Perú y algunos países de Centro América.

Esta es la historia de Rubiel y su familia.