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Eurnekian: “Argentina no se quiere pero también se cree omnipotente”

El empresario, con una fortuna de 2.200 millones de dólares, analiza el momento de su país

Eduardo Eurnekian (Buenos Aires, 83 años) es uno de los hombres más ricos de Argentina. El cuarto, según Forbes, con unos 2.200 millones de dólares. Se hizo rico con el negocio de la televisión por cable pero ahora se dedica a los aeropuertos –es dueño de 53 en todo el mundo- al sector agroindustrial, la nanotecnológica y la energía. Eurnekian siempre ha ejercido un gran liderazgo entre los empresarios argentinos y se desespera ante la diferencia entre lo que el país podría ser y lo que realmente es.

Pregunta: ¿Cómo está viendo al nuevo gobierno argentino?

Respuesta: Este gobierno sin lugar a dudas está muy bien orientado. Los deterioros no son de un día para el otro, son pequeñas decisiones. De golpe te despertás un día y saliste del mercado mundial, estás endeudado hasta la manija, has hecho un default. Tampoco de un día para el otro este gobierno va a solucionar todos esos problemas. La Argentina tiene potencial, historia. Tenemos que retomar nuestro prestigio, aprovechar las riquezas naturales. La Argentina debe agregar otros productos más elaborados a sus actividades agropecuarias básicas.

P. ¿Argentina se está poniendo de moda en el mundo?

R. Yo creo que lentamente está tratando de volver a donde pertenecemos. ¿Alguien se imagina estar fuera del mundo? ¿Alguien se imagina que un país pueda progresar, vender algún producto de algún nivel técnico mínimo o agrario o el que fuere fuera de estar formando parte de una comunidad geoeconómica global? Se terminó esa historia.

P. ¿Cree que va a haber empresarios que empiecen a invertir en Argentina?

R. Es muy simple: hoy la mayoría de los inversionistas en el mundo están buscando cómo lograr algún beneficio de su capital acumulado. Y no hay mucho lugar donde tener una renta razonable. Pero se necesitan varios gobiernos. La bisagra histórica de los países es cuando hay cambios de gobierno de signos políticos a otro y sigue la misma política económica. Eso se ha dado en Brasil con Lula, en Uruguay, en Chile, en Perú, se está dando en Colombia, se dio en México. Es así.

P. ¿Usted cree que hace falta un ajuste? Parece que hay mucho debate sobre esto incluso dentro del Gobierno.

R. Usar la palabra ajuste me parece muy tonto. Acá hay que usar el término competitividad, somos competitivos para exportar vino, manzanas, automóviles, y la competitividad no es un problema únicamente con la palabra ajuste. Algunos productores del sur para poder poner su producto en Brasil no les dan los números. A mí al revés, yo soy un productor agropecuario en el norte y para poner mi producto en el puerto de Buenos Aires tengo mis dificultades. Todo eso es lo que hay que mirar y establecer pautas de tipo salarial totalmente diversas.

P. ¿Hay que bajar los salarios?

R. Yo no pretendo que el salario sea más bajo, el salario es el resultado de la productividad. No se inventa el salario, si no estaríamos haciendo de todo, por algo los franceses no lo hacen y lo hacen los chinos, algo hay. Ellos se quedan con la idea, con el diseño, la marca, son caminos de subsistencia.

P. ¿En Argentina han fallado los empresarios?

R. El rol del empresario en la Argentina sin lugar a dudas ha fallado como consecuencia de una progresiva descapitalización de 60, 80 años. El empresariado de hoy no es un empresario global, es un empresariado local.

P. ¿Es responsabilidad de los empresarios?

R. No sé si es de los empresarios, de las condiciones políticas, las corrientes políticas, las circunstancias que vivió Latinoamérica después de la Segunda Guerra Mundial. Argentina, nos guste o no, era un país europeo, estamos orgullosos de la cultura europea. Luego de la guerra tendimos a buscar o a mimetizarnos con una cultura latinoamericana. Cuando miramos quiénes son nuestros socios vemos que tienen más una pata europeizada por la cultura que han adoptado sobre lo que es la competitividad. La Argentina durante los últimos setenta años ha dado zigzag, ese zigzag no puede dar como resultado tener empresarios buenos.

P. También hay mucha fuga de capitales.

R. Sí, pero esa fuga de capitales tampoco la orientemos al empresario, está en todos los niveles de la sociedad. Fuga de capitales quiere decir no tener moneda y no la tenemos. Cuando Brasil devalúa el Real de 2 a 4, cuando el euro devalúa de 1.40 a 1.10 y cuando otras monedas pasan de 80 a 125, nadie va corriendo a comprar dólares en Japón o en Brasil o en Europa.

P. ¿Por qué cree que pasa eso en Argentina?

R. Por la historia de Argentina de zigzag de los últimos setenta años.

P. Los argentinos no se fían de Argentina…

R. Y es lógico.

P. ¿Por qué?

R. Yo podría repetir palabras de algún presidente uruguayo: los argentinos no se quieren. Eso lo sintetiza bastante bien. Pero creo que hay algo más. Los argentinos no se quieren y creen que pueden todo. Hay un sentido de omnipotencia en el argentino, como que todo es tan simple como el voluntarismo puesto en un decreto. No es tan simple.

P. ¿Usted cree que Argentina en esta nueva etapa tiene que buscar acuerdos con la Alianza del Pacífico?

R. Sin lugar a dudas. En lo personal yo no soy adicto a la Unión Europea pero si países como Brasil y la Argentina que es parte del Mercosur optan por ese sector… Igual tarde o temprano uno y otro se van a unir. Fíjense ustedes, la Argentina con el Mercosur a dónde estamos. Uno se volcó al proteccionismo, creyendo que iba a dominar el mundo con el mercado argentino y brasilero y el otro dijo “no, tenemos que ir a ser parte del mundo”.

P. Eso implicaría un cambio estructural para la Argentina, todo el sector industrial…

R. Dame una variante. ¿A quién le vamos a vender los autos? En el año 95 México no producía autos, dentro de poco va a producir cuatro o cinco millones de autos, va a ser el cuarto productor de autos del mundo. Si no miramos esas cosas ¿qué estamos mirando?

P. ¿Usted cree que la industria argentina resistiría que se abriera esto?

R. ¿Pero cuál es la salida?

P. ¿Cómo ve al continente? ¿Está preocupado?

R. No, todo lo contrario, lo veo maravilloso, se está expandiendo, se está abriendo, desde Alaska hasta Tierra del Fuego con una unidad geoeconómica. Queda el Mercosur que obviamente ha fracasado.

P. Pero la década dorada de las materias primas se acabó.

R. No hay década dorada, las décadas doradas pasan, cambian, pasan del petróleo a determinados minerales, de determinados minerales va a la producción agraria, luego va nuevamente a otros nuevos minerales que se requiere. Estamos en constante cambio. Hay 700 u 800 millones de jóvenes en todo el mundo creando todos los días algo, inventando algo. Los estados no pueden contra eso, es imposible ponerle el freno a ese desarrollo.