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El último gran aliado del Gobierno de Brasil amenaza con la ruptura

El Partido del Movimiento Democrático Brasileño se aleja ahora estratégicamente de la presidenta Dilma Rousseff

El mayor aliado del maltrecho Gobierno de Brasil amenaza con abandonarlo. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que siempre ha sido socio de los partidos en el poder, se aleja ahora estratégicamente de la presidenta Dilma Rousseff, cada vez más frágil por la crisis política que sacude a Brasil.

Una mujer con un muñeco de un Lula preso AP

La mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) enfrenta una petición en la Cámara de Diputados para destituirla, además de protestas en su contra convocadas para este domingo. Este viernes, la revista IstoÉ publicaba la confesión de un senador, uno de los muchos implicados en la operación Lava Jato, que investiga corrupción en la petrolera Petrobras. Según el delator, las campañas electorales de 2010 y 2014 de Rousseff usaron dinero de procedencia ilícita, fruto de sobrecostes en obras de la hidroeléctrica de Belo Monte, la principal obra de infraestructura de su Gobierno. El mentor de la presidenta, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, está asimismo acusado de escándalos de corrupción y enfrenta una petición de prisión preventiva.

Con este ambiente, el PMDB se ha dado 30 días para decidir si rompe definitivamente con el Gobierno. Durante la convención nacional de este sábado, también prohibió a su afiliados que ocupen nuevos cargos gubernamentales. El líder del PMDB en el Senado, Eunício Oliveira, hasta ahora fiel aliado de Rousseff, comentó esta semana: “No tenemos que discutir una ruptura con un Gobierno que ya no existe”. El senador cree que el PMDB no puede abandonar de repente al Gobierno para no parecer golpista. “Brasil se nos está derritiendo en las manos. No es el momento de hacer movimientos bruscos, a pesar de que me parezca difícil que este Gobierno se arrastre durante tres años más”, analizó.

La salida del PMDB sería grave. El Ejecutivo brasileño funciona gracias a una base aliada de varios partidos. Al PMDB pertenece el vicepresidente Michel Temer, seis de los 31 ministros y 67 de los 513 diputados de la Cámara legislativa.

Durante la semana pasada, otras formaciones que todavía tienen cargos relevantes en la gestión del PT se reunieron con representantes de la oposición para buscar fórmulas para destituir a la presidenta de su función. Rousseff contaba con algunos de ellos, más moderados y veteranos,para detener el proceso de destitución en el Senado, en caso de que lo acepte la Cámara de los Diputados.

Para evitar esa desbandada, algunos en el PT apostaban por que Lula asumiese un ministerio. Ahora, sin embargo, los defensores del Gobierno admiten que no es el mejor momento. La Fiscalía de São Paulo pide la detención del expresidente por ocultación de patrimonio. Si Lula aceptase una cartera, pasaría a ser aforado, y podría parecer que escapa de la Justicia.

Rousseff le da la mínima importancia a la falta de apoyo y trata de responder a quienes piden que deje la presidencia. “La renuncia es un acto voluntario. Aquellos que quieren la renuncia están reconociendo que no hay una base real para pedir mi salida de este cargo”. Solo mostró cierta irritación cuando se le preguntó si estaba resignada a que su mandato no llegase hasta el final. “¿Ustedes creen que tengo cara de estar resignada?”, preguntó. “No tengo esa actitud ante la vida”. A la espera de novedades, el Gobierno sigue atento los movimientos políticos de este fin de semana, especialmente las manifestaciones convocadas este domingo para pedir la destitución de Rousseff.