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La guerra que ganan los kurdos

La minoría marginada por el régimen ha sacado provecho del caos de la guerra civil

Milicianos de las YPG kurdas, en una posición en el frente de Hasaka, en julio de 2015. REUTERS

Antes de la guerra, Idris Nassan era un modesto profesor de inglés en una anodina ciudad kurda del norte de Siria. Militaba en un partido político kurdo clandestino, pero ni en sus mejores sueños habría podido imaginar que los kurdos, reprimidos y marginados por el Gobierno de Bachar el Asad, podrían convertirse en un actor de tamaña importancia. “Nosotros, que apostamos por la democracia y el laicismo, no luchamos por sustituir un régimen dominado por los alauíes por otro dominado por los suníes, sino por cambiar la mentalidad dominante. Y la comunidad internacional depende de nosotros en la batalla contra el extremismo religioso y para llevar la democracia a la región”, sostiene Nassan, ahora viceministro de Exteriores del cantón de Kobane.

Las organizaciones kurdas se unieron a la revuelta en sus primeros compases, con protestas en Kobane, Amuda, Qamishlo y otras localidades de la Siria septentrional. Su lista de agravios frente al régimen de El Asad era muy superior incluso a la del resto de sirios: 300.000 kurdo-sirios estaban privados del derecho a la ciudadanía, lo que era un obstáculo para cualquier gestión cotidiana, y toda organización que reivindicase los derechos de los kurdos era reprimida con dureza. El periodista Juan Akkash fue detenido en 2006 por dirigir una publicación pro-kurda y liberado, tras cinco años de cárcel y torturas, en junio de 2011, en un intento del Gobierno por aplacar las protestas. “Antes, todos los partidos kurdos debían moverse en la clandestinidad porque había mucha persecución. Sólo en 2009, el régimen detuvo a más de 3.000 personas vinculadas al PYD (Partido de la Unión Democrática)”, explica Akkash por teléfono.

Los intentos de incluir a las formaciones kurdas en el grueso de la oposición se fueron tempranamente al traste, pues el Consejo Nacional Sirio, dominado por organizaciones árabes suníes, no estaba interesado en asumir las demandas de autonomía de los kurdos. “Cuando se hizo patente que la revuelta se convertía en un enfrentamiento sectario entre suníes y chiíes alauíes, abandonamos la oposición”, relata Nassan. “Además, la oposición ve al PYD con suspicacia porque lo considera como un colaborador del régimen”, apunta Lina Khatib, profesora de la Universidad de Londres.

En los inicios de la guerra, la oposición se sentía poderosa y respaldada internacionalmente, mientras los kurdos estaban divididos en más de 30 facciones, por lo que carecían de fuerza, algo que cambiaría con la retirada del Ejército sirio de las zonas del norte de Siria para centrarse en defender lugares más estratégicos. Esto permitió que los kurdos se hiciesen con el control de estos territorios, donde declararon sus cantones autónomos y organizaron una democracia de corte asambleario aunque fuertemente controlada por el PYD, nacionalista de ideología marxista.

El experto turco en Oriente Próximo Oytun Orhan explica que el PYD dedicó los primeros años de la revolución a reforzar su control en las áreas kurdas gracias a las milicias YPG (Unidades de Protección Popular), muchos de cuyos miembros habían sido entrenados por el grupo armado kurdo-turco PKK. “Después de eliminar por la fuerza a las otras organizaciones kurdas rivales, el PYD pudo unificar al movimiento kurdo y se convirtió en una fuerza importante definiendo su estrategia como una tercera vía: ni con el régimen ni con la oposición”, sostiene Orhan: “Desde entonces han seguido una política de alianzas muy pragmática, luchando junto a la oposición en zonas como Afrin y Alepo, y junto al régimen en otras como Hasaka o Qamishlo”.

Lo que verdaderamente convirtió en un actor de talla internacional a los kurdos de Siria fue precisamente la amenaza del Estado Islámico (ISIS), especialmente a raíz de la heroica resistencia de los kurdos en el asedio de Kobane (septiembre 2014-enero 2015), de la que hombres y mujeres combatiendo codo con codo lograron expulsar a las huestes yihadistas . EE UU se fijó en ellos como una fuerza capaz de derrotar al ISIS e incluso Rusia ha comenzado a cortejar al PYD.

Gracias a la cobertura aérea, los kurdos han arrebatado al ISIS importantes extensiones de territorio y se han situado a sólo 35 kilómetros de Raqa, la capital siria del califato. Sus victorias, han llevado a que antiguas unidades que combatían en las filas de la oposición se unan a los kurdos, forjando la coalición Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), en las que están presentes grupos árabes, turcomanos y cristianos. Sin embargo, Khatib considera improbable que los kurdos intenten tomar el bastión del ISIS en Siria: “Los kurdos parecen poco interesados en liberar zonas en las que no sean mayoría. Raqa es una ciudad árabe y no serían bien recibidos, porque la oposición percibe a las SDF como un simple intento de EE UU de dar una imagen más plural al frente kurdo”.

Más probable es, según Orhan, que los kurdos progresen al oeste del río Éufrates para tratar de unificar sus posesiones del noreste de Siria con el cantón de Afrin (noroeste) y obtener un “corredor kurdo” a lo largo de la frontera con Turquía, un país que ve con horror la expansión kurda. “EE UU no está muy contento con los avances kurdos en esta zona, porque en Afrin han arrebatado terreno a grupos de la oposición a los que apoya y porque no quiere comprometer su alianza con Ankara”, asegura el experto: “Pero Rusia, como modo de castigar a Turquía, sí que podría apoyar a los kurdos en esta zona”.

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