Una inyección para el Archivo de Indianos

Empresarios hispano-mexicanos ayudan a reanimar un museo de la migración española

Documento original del Archivo de Indianos.

El Archivo de Indianos, entidad que resguarda en Asturias (España) más de 60.000 documentos de la emigración española a América, ha recibido una inyección económica de empresarios hispano-mexicanos para insuflarle aire en una época de horas bajas.

Alrededor de 150.000 euros aportados por una veintena de empresarios servirán para acometer el mayor objetivo del Archivo: digitalizar todo el material para que esté a disposición de público de cualquier parte del mundo.

En el grupo de apoyo destacan nombres como el de Antonio del Valle, presidente del conglomerado Kaluz, Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente de la patronal mexicana, o Antonio Suárez, presidente de la conservera Grupomar. "Nuestro país es México", dijo Suárez en un encuentro con la prensa en la Embajada de España en Ciudad de México, "pero tenemos interés por lo que pasó atrás".

Museo de la Migración en Colombres.

La Fundación Archivo de Indias-Museo de la Emigración se encontraba en problemas por la sequía de recursos públicos derivada de la crisis económica en España, según explicó su presidente, José Luis García Delgado. Los apoyos se redujeron en dos terceras partes y se temió un posible cierre.

Cortada la corriente económica en España, la solución fue la misma que adoptaron en su día los migrantes para salir adelante: ir a América; más concretamente a México en este caso, donde los descendientes de la migración peninsular adinerados se decidieron a echar una mano. A partir de ahora la Fundación tiene en sus planes buscar nuevos apoyos en otros países americanos. Por el momento asoman en el panorama Santo Domingo y Chile, según comentó García Delgado.

La sede del Archivo es la misma que la del Museo de la Emigración: el palacete indiano que se construyó en el pueblo de Colombres (Asturias) en 1906 Íñigo Noriega Laso, que nació en este lugar en 1853, emigró a México a los 14 años y allí acabó siendo un magnate de los negocios. Respaldado incluso por el caudillo Porfirio Díaz, Noriega arrancó con cantinas e hizo fortuna con minas, ferrocarriles y textiles. Con la Revolución le fue expropiada su riqueza, y murió en la Ciudad de México en 1920.