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Japón ejecuta a dos presos condenados a pena de muerte

Desde la llegada al poder del primer ministro Shinzo Abe, en 2012, se han producido 16 ejecuciones

Japón ha ejecutado este viernes a dos prisioneros condenados a muerte, según ha confirmado el departamento de Justicia del Gobierno nipón. Las autoridades del país desoyen así las peticiones de varios grupos defensores de los derechos humanos, como Amnistía Internacional, que han pedido repetidamente el fin de la pena capital. Con estas dos muertes, el número de ejecuciones asciende a 16 desde la llegada del primer ministro Shinzo Abe al poder, en 2012. Japón y Estados Unidos son las dos últimas democracias ricas en las que todavía está vigente este castigo.

Los ejecutados este viernes, un hombre y una mujer, responden al nombre de Yasutoshi Kamata y Junko Yoshida y tienen 75 y 56 años respectivamente. Yoshida, la quinta mujer ejecutada en más de seis décadas, había sido acusada de haber matado a dos hombres en la década de los noventa como parte de una trama para hacerse con el dinero de sus seguros. Kamata, por su parte, había sido acusado de asesinar a cuatro mujeres entre 1985 y 1994 y a una niña de nueve años que empezó a gritar cuando él la estaba violando. En ambos casos, el método empleado fue el del ahorcamiento. 

El ministro japonés de Justicia, Mitsuhide Iwaki, quien ha autorizado las ejecuciones en última instancia, ha remarcado que los condenados habían cometido crímenes "extremadamente atroces" y que acabaron con la vida de sus víctimas por razones "puramente egoístas".

La respuesta de Amnistía Internacional no se ha hecho esperar. "Las ejecuciones de estas dos personas es extremadamente deplorable y va contra la tendencia global de abolición de la pena capital", ha subrayado su secretario general en Japón, Hideki Wakabayashi. "Pese a que 140 países de todo el mundo han abandonado o ha parado las ejecuciones durante más de una década, el Gobierno japonés está dando la espalda a esta tendencia", añade. Los grupos de derechos humanos subrayan la crueldad de un sistema en el que los reos pueden llegar a esperar durante muchos años en confinamiento solitario y solo son avisados de la ejecución pocas horas antes.

Este rechazo de buena parte de la comunidad internacional y de los grupos defensores de los derechos humanos no ha mermado la popularidad de este castigo en Japón, donde sigue gozando de tasas de aprobación elevadas.

Las dos últimas ejecuciones en Japón se produjeron en diciembre y reavivaron las críticas de la Unión Europea (UE), que calificó la pena de "cruel e inhumana" y exhortó al país asiático a aprobar una moratoria.