CRISIS BRASILEÑA

“Ir al Gobierno sin un cargo sería ser una especie de Rasputín”

El expresidente brasileño Lula se defiende de su -cuestionado- puesto de ministro

El ex presidente Lula, en la rueda de prensa del lunes 28. Sebastiao Moreira (EFE) | Vídeo: Reuters-Quality

Tres días después de que la presidenta Dilma Rousseff ofreciera en Brasilia una entrevista a un ramillete de periódicos extranjeros, el expresidente Lula da Silva se citó el lunes en São Paulo también con la prensa extranjera para dar una rueda de prensa: todo un síntoma de cómo están las relaciones entre el Gobierno y los medios de comunicación locales. Lula está colocado en medio mismo del huracán político que sacude el país por sus acusaciones de corrupción y su nombramiento como ministro, vetado provisionalmente por un magistrado del Tribunal Supremo Federal que entiende que así escapa de la justicia. El carismático expresidente aseguró que Rousseff le llevaba ofreciendo el cargo desde hacía tiempo: “Desde agosto me lo llevaba diciendo, pero yo sostenía que ese no era mi sitio, que no era mi lugar. Hasta que hace poco, la presidenta me dijo: 'Necesito de usted para recuperar el país' y ahí acepté.” “Fui [el viernes 18 de marzo] a una manifestación en la Avenida Paulista y era ministro. Y terminó la manifestación y ya no lo era [fue cuando el magistrado del STF vetó el nombramiento, aún en suspenso] Yo lo que quiero en el Gobierno es ayudar al país haciendo lo que más me gusta en la vida: conversar. Pero sin un cargo, en el Gobierno, voy a parecer Rasputín”.

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Con respecto a la inmunidad que gana gracias, precisamente, al cargo aseguró: “Yo no necesito de ningún tipo de aforamiento. Ahora bien: existe complicidad aquí entre policía, jueces y política”. Y agregó,refiriéndose a su detención: “Es importante saber quién robó, pero para eso no es necesario montar estos circos mediáticos, toda esta pirotécnica.” Con referencia al juez de primera instancia, Sérgio Moro, que le investiga por sospechas de haber aceptado regalos de empresas vinculadas de Petrobras y que mandó a la policía a su casa a prenderle para llevarle a declarar, aclaró: “Podía haberme invitado a ir declarar. Yo habría ido sin ningún problema. Incluso no me habría opuesto a que la declaración fuera emitida en directo”. Moro divulgó grabaciones de Lula, que tenía el teléfono pinchado por orden suya, con otros dirigentes políticos, incluida la propia presidenta Rousseff: “Cuando oí aquellas grabaciones divulgadas me sentí ofendido como brasileño. El juez confundió conversaciones públicas y privadas. Y todo se convirtió en un circo. Y el juez, por más que sea juez, no actuó correctamente. Todo esto empobrece a Brasil. Porque si esto de divulgar las conversaciones privadas se convierte en un hábito…. Lo que late detrás es destruir la imagen de Lula. Pero les digo una cosa: no está lejos el día en que alguien va a tener que pedirme disculpas”.

El ex presidente negó todas las acusaciones. Aseguró que ni el apartamento de la playa ni la casa de campo sospechosas de haber servido de canje de favores son suyas. Después, ya en un plano más político, afirmó – como defiende Rousseff- que la destitución parlamentaria (impeachment) a la que se enfrenta la presidenta carece de base legal. “Así que puede considerarse un golpe”. Añadió que va a trabajar para conseguir los aliados parlamentarios necesarios para que eso no ocurra. Con respecto a las masivas manifestaciones en contra del Gobierno, dijo: “Yo estoy a favor de que la gente se manifieste. Las manifestaciones demuestran que la democracia está viva”. Pero matizó: “Yo sabía que la oposición iba a criticar mi nombramiento, que iba a reclamar, pero no que fueran a vetarme como ministro junto con el magistrado Gilmar {del TSF}.

Con respecto a la economía, aseguró que “el pueblo brasileño necesita una señal de esperanza”. Para Lula, esta señal de esperanza es acabar con la política de recortes que actualmente lleva a cabo el Gobierno de Rousseff y comenzar a incentivar –con créditos e inversiones en infraestructuras- el mercado interno brasileño a fin de alentar el consumo. “Cuando el pobre tiene dinero, se lo gasta en zapatos, en comida, en ropa, no lo guarda en una cuenta. Antes, el pobre era el problema; ahora es la solución”.

 

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