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“Al pasar por Maelbeek he sentido un nudo en el estómago”

El conductor español del metro de Bruselas vuelve al lugar donde sucedió todo

José del Río, conductor del metro que iba tras el convoy atacado. ÁLVARO SÁNCHEZ / DELMI ÁLVAREZ

La estación de metro de Maelbeek es aún un lugar prohibido. Oculto. Inaccesible. Arriba, en la entrada exterior de la parada atacada por los terroristas en Bruselas, es un colorido jardín donde reposan ramos de flores entre vallas que impiden el paso y un par de carteles escritos a mano con una declaración de amor a la ciudad en uno y una larga cita bíblica en otro. Abajo, donde todo pasó, los conductores reducen la velocidad de 62 a 25 kilómetros por hora para evitar que las vibraciones afecten a las obras, y ningún pasajero puede apearse mientras los trabajos de reparación continúen. Al mirar por la ventana del vagón, no hay rastro de los andenes. Una valla esconde las cicatrices que dejaron los terroristas.

Este martes pasaba por Maelbeek por primera vez tras los atentados, José del Río, de 40 años, el maquinista español, aunque nacido en Bruselas, que iba justo detrás del aparato atacado. Solo tres paradas les separaban en el momento de las explosiones. Pese a saber que se trataba de un atentado gracias a la radio interna del metro, logró evacuar a los pasajeros de su tren sin crear alarma. Al circular por Maelbeek, la parada que toma su nombre del afluente de un río de la ciudad cuya denominación se asociará durante mucho tiempo al 22M, se le vinieron encima un cúmulo de sensaciones. Arriba y abajo. "Tenía un nudo en la garganta y en el estómago", reconoce.

Del Río se reincorporó al trabajo al día siguiente del ataque con una ciudad aturdida por el golpe, soldados registrando mochilas a la entrada de las estaciones y la mayoría de líneas cerradas. Una semana después, la presencia militar, aunque visible, se ha rebajado, pero la situación está lejos de ser normal: solo están operativas 39 de las 69 estaciones, y las que abren lo hacen únicamente de 7.00 a 19.00. El número de pasajeros ha caído: "Hay mucha menos gente que de costumbre", comenta Del Río. La red es, desde poco antes de caer la noche, un laberinto de vías desiertas.

Por el daño que ha sufrido, Maelbeek será la última en reabrir, pero mientras, la entrada a la estación se ha convertido para algunos en lugar de peregrinación. La marroquí Ouafaa miraba los ramos de flores apilados junto a su hija Nora. Han venido expresamente para ello. El atentado les ha golpeado personalmente, primero porque estuvieron entre los evacuados en una estación cercana, y sobre todo por sus lazos con una de las víctimas: "Conocía a una persona que ha muerto, la profesora de gimnasia Loubna. El jueves anterior había hablado con ella. Era muy sonriente, guapa y dinámica. Organizaba muchas actividades con asociaciones, mujeres, niños... y tenía tres hijos". Este miércoles planean ir a ver a la familia de la fallecida. "Es una tradición presentarles nuestras condolencias en persona".

La semana de Del Río ha estado llena de días normales —"he jugado con mi hijo, he visto a amigos, he estado con mi novia, he visto el partido de la selección española"— y noches interminables. "El cansancio pasa factura porque dormir duermes poco, y lo poco que duermes no consigues descansar". La factura está presente en sus ojos. Aún así, ha rechazado la ayuda psicológica que le ha ofrecido la empresa. "En mi caso decido hablarlo con mi familia y mis amigos, que son los que mejor me comprenden".

También con los compañeros de trabajo. Así describe Del Río el reencuentro con los conductores de metro al día siguiente de los atentados: "Había tristeza por lo ocurrido, pero también alegría por encontrarnos todos. El simple hecho de estar entre gente que sabe lo que es estar ocho horas bajo tierra te hace sentir más arropado. El ambiente es bueno, mejor que el que había antes".

José del Río no cree que el 22-M le vaya a cambiar el carácter. Ferviente seguidor del Athletic de Bilbao, pero ante todo aficionado al fútbol, como millones de españoles, este sábado planea seguir el Real Madrid-Barcelona desde su casa de Bruselas. La vida continúa, e igual que el Maelbeek seguirá fluyendo hacia el río Senne, las aguas de la cotidianidad vuelven poco a poco a su cauce dejando tras de sí una huella a modo de recordatorio de lo importante: "Le prestas más atención a las pequeñas cosas, a la gente que está a tu alrededor, a la que quieres y que te quiere".

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