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El Gobierno libio que apoya la ONU desembarca en Trípoli

Siete miembros del Consejo Presidencial llegan en barco desde Túnez a pesar de las amenazas de arresto

Imagen tomada de la página oficial de Facebook del primer ministro de Libia, Fayez Serraj, a su llegada este miércoles a Trípoli. AFP

La ONU ha conseguido meter —aunque sea con calzador— este miércoles en la capital de Libia al hombre que tiene como misión formar un Gobierno de unidad en un país destrozado. Se trata de Faiez Serraj, impulsado como primer ministro por la propia ONU, a pesar de que no cuenta con el apoyo de los máximos dirigentes de los dos Gobiernos que hasta el día de hoy funcionaban en Libia: el de Trípoli (respaldado por milicias islamistas) y el de Tobruk (apoyado hasta hace una semana por la comunidad internacional).

Las autoridades asentadas previamente en Trípoli exigieron que Serraj dejara el país solo unas horas después de su llegada a la capital. En un discurso televisado, el jefe del Gobierno que Naciones Unidas no reconoce, Khalifa al Ghawi, aseguró que el Ejecutivo de Sarraj era "ilegal", y le pidió que saliera de la ciudad o se "entregara".

Serraj llegó a primeras horas de la tarde a la base naval de Abusetta, en Trípoli, acompañado por seis miembros de su Consejo Presidencial. Ese lugar será la sede temporal del Consejo. El enviado especial de la ONU para Libia, el alemán Martín Kobler, tuiteó: “Felicito el excepcional valor personal del primer ministro Serraj y todos los miembros del Consejo Presidencial y su entorno”. Serraj y los otros miembros del Consejo ya intentaron llegar el lunes por avión a la capital libia, pero las autoridades del, hasta ahora, Gobierno de Trípoli cerraron el aeropuerto.

A partir de ahora será interesante ver con qué respaldo efectivo cuenta el Gobierno impulsado en diciembre por el entonces enviado de la ONU para Libia, el español Bernardino León. Para describir la tensa situación que se vive ahora en Libia se podría recurrir a una de las viñetas que han circulado estos días en las redes sociales: Martin Kobler dispara un cañón en dirección a Trípoli con un hombre bala dentro. El hombre es el primer ministro Faiez Serraj. Y lo que le espera en la capital de Libia es un avispero de milicias de las cuales muchas de ellas ya han advertido que no tolerarán un Gobierno “impuesto” por la ONU.

Lo que se avecina ahora es muy parecido a un choque de trenes. Faiez Serraj y el resto de miembros del Consejo Presidencial cuentan con todo el apoyo de la ONU y de la comunidad internacional, incluidos Estados Unidos, Europa y los países vecinos. Cuenta también con el respaldo de las poderosas milicias de Misrata. Pero no dispone del apoyo de los máximos representantes de los dos Gobiernos que hasta hoy venían funcionando en Libia.

Serraj y su Consejo Presidencial tendrán que ir tomando poco a poco las riendas económicas y militares del país. Eso significa hacerse con el control del Banco Central y con la empresa pública que controla la industria petrolera. “Todos los actores de seguridad tienen una responsabilidad importante en garantizar la seguridad del Consejo Presidencial”, ha advertido Martin Kobler.

Y en medio de este choque de trenes que se avecina no hay que olvidar que en Trípoli hay células durmientes del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Que no muy lejos de allí, en Sabrata, a una hora en coche en dirección a Túnez, los yihadistas mantienen campos de entrenamiento. Alrededor de la ciudad libia de Sirte, el ISIS controla más de 200 kilómetros de costa y amenaza con tomar el control de los campos petroleros del país.

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