Rousseff cambia cargos por votos para evitar la destitución parlamentaria

El Gobierno trata así de evitar la fuga de diputados hacia las filas de los 'pro-impeachment'

Dilma Rousseff y su actual enemigo político, el vicepresidente Michel Temer. AP

El prestigioso periódico brasileño Valor Económico coloca hoy en su portada un titular explícito: “Comienza el mercadeo del impeachment”. Es cierto. Más allá de juicios políticos y críticas aquí o allá, Brasilia se ha convertido en un auténtico mercadillo casi al aire libre. El Gobierno de Dilma Rousseff, para tratar de contener la sangría de diputados de los partidos teóricamente aliados que amenazan con sumarse a las filas pro-destitución parlamentaria, promete cargos, puestos y partidas presupuestarias para evitar la fuga. Se trata de impedir, simplemente, que Rousseff abandone el poder por la puerta pequeña en menos de quince días.

El Partido do Movimento Democrático de Brasil (PMDB), de ideología centrista y con 68 diputados (el mayor grupo de una Cámara atomizada de 513 parlamentarios), dio el martes un portazo a su alianza de más de una década con los Gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y se colocó en bloque y sonoramente en la trinchera de los pro-impeachment. El PMDB contaba con siete ministros en el Gobierno. Cuatro de ellos, según la prensa brasileña, seguirán las instrucciones de su formación y renunciarán antes del 12 de abril. Los otros tres preferirán quedarse en el Gobierno aún a costa de enfrentarse con su partido. Es con esos cuatro ministerios que caen —y con los centenares de puestos intermedios que cuelgan de ellos como cargos de confianza— con los que negociará, entre otras cosas, Dilma Rousseff. El objetivo son los 142 diputados de cuatro partidos también de centro y de centro derecha que hasta ahora se han alineado con el Gobierno pero que, en medio de las aguas turbulentas que corren hoy por Brasil, están a un paso de dar la espalda a la presidenta. Rousseff, para escapar del impeachment, necesita, calculadora en mano, un centenar de esos diputados. Con ellos —más sus propios parlamentarios y los de la izquierda— conseguirá bloquear el proceso en la primera votación decisiva. No será fácil: estos diputados se dejan querer por Rousseff… y por Michel Temer, del ahora enemigo PMDB, el vicepresidente que asumirá el mando del país si la presidenta cae.

Por su parte, el presidente del Congreso, Eduardo Cunha, también del PMDB, con cuentas corrientes ilegales en Suiza, acusado de corrupción y enemigo declarado del Gobierno, ha imprimido un ritmo frenético a las sesiones del juicio político (impeachment) de modo que esa votación se celebrará, según cálculos de muchos especialistas, a mediados de abril. Si Rousseff no consigue que un tercio de la Cámara (173 parlamentarios) vote en contra y paralice el proceso, éste, como una bola de nieve ladera abajo, irá imparable unos días después al Senado. Ahí bastará una mayoría simple para que la destitución parlamentaria prosiga. Pero hay un detalle importante: en ese preciso momento, tras esa votación favorable en el Senado, Rousseff deberá dejar provisionalmente el cargo mientras se le juzga políticamente. Pocos dudan de que esa salida del poder sea de ida y vuelta: el desgaste de tener que abandonar humillantemente la presidencia expulsada por la Cámara dejando el cargo al vicepresidente Temer se antoja definitivo.

De ahí que sea vital para Rousseff convencer a ese centenar voluble de diputados de quedarse en el lado del Gobierno. El mismo Lula se ha instalado en un hotel de Brasilia para negociar con ellos y poner todo su ascendente en juego para retenerlos. A su favor cuenta el inmenso peso político que aún conserva en amplias regiones del país, sobre todo en el norte y el nordeste. Con los parlamentarios de esas zonas Lula se empleará a fondo.

El jefe de Gabinete de Rousseff, el ministro Jacques Wagner, un histórico líder del PT, aseguró el martes que “la mejor manera de buscar votos es ampliar el espacio para los aliados”. Es decir: entregarles ministerios jugosos como el de Deportes, el de Salud o el de Transportes, que han o van a quedar sin titular. “Sale un aliado de mucho tiempo pero otros se mantienen, hay que volver a pactar la relación”, añadió el ministro Wagner.

Mientras, la situación política del país se acelera y se revoluciona cada vez más, con la mira sólo puesta en el impeachment. Los expertos dan pocas posibilidades de supervivencia al Gobierno de Rouseff. Ésta, por su parte, trasforma cada acto oficial —como la presentación de un programa de viviendas para personas sin recursos— en un altavoz político anti-juicio parlamentario. Y repite lo que viene diciendo desde hace semanas: “Este impeachment es un golpe contra la democracia”. Un dato que es todo un síntoma de lo envenenado que está el ambiente: Rousseff ha cancelado un viaje oficial a Estados Unidos donde iba a participar en la Cumbre de Seguridad Nuclear, que comienza el jueves. De esta manera, la presidenta brasileña evita que Temer asuma el mando del país.

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